Lunes, 26 de Julio de 2021

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Espíritu

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Y para rematar la temporada, después de repasar el cuerpo, el espíritu. Llámalo psique, llámalo alma. A mí me gusta alma, porque siento su tacto, su resplandor. Es algo que me pasa desde siempre, que me llega tu presencia sin necesidad de tenerte conmigo. Y a eso lo puedo llamar alma o, si te gusta, espíritu.

Saberme cuerpo, polvo de estrellas, como dijo Carl Sagan en esa serie maravillosa sobre el cosmos que todavía sigue siendo útil en las clases de Filosofía, es desdecirme de mi espíritu. Desdecirme de mi yo individual y encenderme en fuego y desaparecer, como el polvo estelar, la luz del cielo, brillos de estrellas tan lejanas que —estoy nostálgico—, como cantaba Auserón, al llegar a mí su luz, puede haberse extinguido ya. Y sin embargo siento que tú, puede que Hadaly —¿qué más da? —, estás aquí, con tu frescura ideal. Siempre la Filosofía haciendo que lo extraordinario sea exactamente lo ordinario. Y tú que estás y no estás aquí, me enloqueces con la insinuación de tu gesto eléctrico. Y sin estar aquí y estando aquí me llega el roce exacto de tu piel. Lo ordinario extraordinario, lo extraordinario todos los días.

Adoro la belleza de saberte cerca porque somos la misma estrella, el mismo espíritu, la misma alma, el pneuma que ordena y anima, que es razón y vida, cosmos y yo. Ánima que conmueve y acompaña. El espíritu es el todo. En realidad, lo verdadero es el todo y el espíritu es acción. Es por eso por lo que estás aquí sin estar, y tu voz entona un canto siempre nuevo, aunque no sepas otro cantar que el del Mío Cid, aunque solo haya agua pura para brindar, aunque dudes del alma, del espíritu o como lo quieras llamar, aunque el mundo se derrame en gotas de duelos y de fiestas, hay en torno a ti un perfume de misterio. Un sueño de verano y música que me deja a las puertas del cuerpo, abandonado, perdido en los ritmos de la jungla, de espaldas a taburetes de terciopelo verde, terciopelo rojo, terciopelo azul. Escuchas Blue Velvet, una canción que puede que ni conozcas, y suena música de aspersores en jardines de arquitecturas descendentes porque vestías de terciopelo azul, como la noche. O quizá era solo azul, como la vida, como el espíritu, como las ánimas.

El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. Nunca estamos preparados. Cuando una de las primeras máquinas de traducción automática tradujo este versículo del inglés al ruso y del ruso al inglés, lo que devolvió era algo así como “el vodka es bueno, pero la carne está podrida”. Me encantaban los comics de Spirit. Me perdí muchas noches en su antifaz. The Spirit no es el espíritu que la máquina convierte en vodka. El espíritu es cambio, ya lo hemos dicho. La carne siempre finalmente se pudre. Lo débil no es lo que desprecio, sino la distancia, el hueco, el vacío que no existe, el antifaz del héroe, porque todo lo que hay es espíritu, es decir, polvo de estrellas, es decir tú, tú que escuchas, ya sabes. Tú que eres yo mismo. Espíritu de un dos de julio, fecha señalada, fecha consignada para este final.

A veces haces lo que puedes y lo llamas un buen día, aunque tengas que escapar por la piquera.

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