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OBITUARIO

Agradecimiento al claretiano Ángel Colado

Agradecimiento al claretiano Ángel Colado / Radio Segovia

Segovia

Agradecimiento es el primer sentimiento que brota del corazón ante el recuerdo del hermano claretiano Ángel Colado. Caprichos del destino, nos despedía el pasado 23 de junio, último día lectivo del curso.

No se entiende Segovia sin la estela del colegio Claret, como tampoco se entiende el colegio de los “misioneros” sin la presencia y la huella que nos dejó el hermano Ángel durante 40 años. Fueron cuatro lustros de entrega y servicio a la institución claretiana, a los profesores, a los alumnos del colegio y del internado, a los padres, a los catequistas, a sus compañeros de comunidad y a los feligreses de los Misioneros y de las parroquias de El Salvador y de San Justo.

Pasó sus últimos días de enfermedad arropado, cuidado y atendido, con el cariño de su familia claretiana, en la residencia asistencial de Colmenar Viejo. Como padre orgulloso que soy de un joven claretiano y segoviano, puedo atestiguar que cuando nuestros hijos son bendecidos con esta vocación, no pierden, ganan una familia para siempre, la de sus compañeros claretianos, además de la de sus padres y hermanos. Por eso los sacerdotes tienen el privilegio de contar con dos familias.

Han sido numerosas las muestras de cariño de toda la comunidad claretiana, en el colegio, en medios y en redes, como no podía ser de otra manera. Los antiguos alumnos del colegio recodamos su alto porte, su rectitud y disciplina, su carácter recio y el respeto que causaba, todo ello, además, aderezado con una extraña mezcla de bondad y empatía, porque todo lo que tenía de grande lo tenía de bueno. Recuerdo aquella época en la que todos los alumnos del colegio formábamos en filas en el patio y subíamos a las distintas clases en silencio y compostura ante la atenta y disciplinada vigilancia de nuestro querido Ángel. Ahora los nuevos alumnos definen al hermano Ángel como una persona bonachona, cariñosa y entregada, siempre dispuesto a ayudar.

Por eso, querido Ángel, te mostramos nuestro más sincero agradecimiento y respeto, por tu incondicional, humilde y discreta entrega, día a día, mes a mes y año tras año, viendo pasar generaciones de padres y alumnos. Acompañado por esa devoción tan grande a la Virgen María que te caracterizaba, has cumplido sobradamente tu misión, como un acto de entrega permanente y vocación de servicio a los demás.

Ahora el último mensaje de la portería, el último aviso, la última llamada ha sido para para ti, el Señor ha querido liberarte de la enfermedad y acogerte en su seno. Y tu hueco, que sin duda es muy grande, lo hemos llenado de muchos y buenos recuerdos para siempre. Descansa en paz, querido Ángel.

Rodolfo de Prado Alonso.

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