El hartazgo de reclamar
Tiempo de la opinión con Rosa Alcubilla

Rosa Alcubilla / Cadena SER

Aranda de Duero
Les voy a compartir mi desgaste y hartazgo. La semana pasada estuve ocho días sin línea telefónica, mi compañía realizó cambios en mi zona para instalar la red 5G. Llamé por teléfono desde un terminal prestado todos los días, reclamé de forma persistente, constante, sin bajar la guardia. Casi acaban con mi paciencia.
También me tocó ir a reclamar unas comisiones bancarias, y aunque la entidad financiera aceptó que se habían equivocado, todavía no hay una resolución.
Esto no es todo. En un supermercado me cobraron dos veces el pescado. Lamentablemente lo comprobé en casa al revisar la cuenta. Con desgana regresé, esperé a ser atendida, les mostré el error, y días después lo ingresaron en mi cuenta.
Y, ¡otra aventura más que les voy a relatar! El seguro de hogar lleva dos meses dándome largas, sin reparar los destrozos que el pedrisco dejó en mi casa. Semanalmente me aseguran que en seguida irán a solucionarlo, pero sigo esperando.
Y, ¡otra disputa más! El buscador de alojamientos Booking decidió subirme el día antes de alojarme el precio de la habitación reservada, alegando que el dueño del establecimiento no estaba de acuerdo con la oferta que contraté. Inaudito.
Les estoy compartiendo algunos ejemplos de las últimas y recientes reclamaciones que he efectuado ante algo erróneo, injusto o abusivo. Añado una más: reclamé por una larga espera para ser atendida presencialmente en mi centro de salud.
Y, por último, y esperando no haberles abrumado y desalentado con todo lo expuesto, les cuento que encontré en una tienda de ropa publicidad engañosa, precios gancho no suficientemente explicados, y no me quedó otro remedio que reclamar.
La reclamación es un derecho del que disponemos los consumidores. Pero hay que reconocer que es cansado, lento y desgastante. Nos roba energías, tiempo, a veces mucho tiempo, ese que afirmamos no tener.
Lo que sí hacemos en España es quejarnos, protestar, pero no reclamar. Verbalizamos en las redes sociales, o en los bares, lo que nos pasa. Nos quejamos ante un imprevisto o algo que consideramos injusto. Esa queja nos alivia.Al contarlo nos desahogamos, pero no solucionamos el problema. Si la queja no la acompañamos de la pertinente reclamación no hay posible solución, el conflicto queda inconcluso. Lo cierto es que reclamar es la única manera de conseguir algo, aunque a veces sea agotador. Me felicito y les comparto mi alegría por haber permanecido 17 meses realizando reclamaciones a dos compañías aéreas, pidiendo bonos o dinero por las cancelaciones del pasado año. La OCU me ayudó, pero tuve que dar seguimiento continuamente a la petición.
Lo dicho, cuando sea oportuno, ármense de mucha paciencia, empeño, perseverancia, y ¡a reclamar!.




