Miércoles, 08 de Diciembre de 2021

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Dando vida a los años: los perros como terapia para personas mayores en Cuenca

La empresa conquense Gudcan ofrece sus tratamientos con animales a distintos centros socioasanitarios de Castilla-La Mancha

Un momento de la terapia con perros que desarrolla Gudcan en la residencia Sagrado Corazón de Jesús de Cuenca.

Un momento de la terapia con perros que desarrolla Gudcan en la residencia Sagrado Corazón de Jesús de Cuenca. / Gudcan

La empresa Gudcan de Cuenca, que dirige Luis Huerta, ofrece sus servicios de terapia asistida con perros a distintas instituciones del ámbito sociosanitario de Castilla-La Mancha. En Hoy por Hoy Cuenca les hemos acompañado en una de esas sesiones en la residencia de mayores Sagrado Corazón de Jesús, dependiente de la Diputación Provincial de Cuenca. Dirigía la terapia la psicóloga Carolina Poliniato y asistían Ciriaco, Benjamín, Aurelia, Antolina y el perro Febrero. Lo podéis escuchar a continuación:

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Gudcan viene desarrollando el programa de terapia asistida con perros Dando vida a los años desde 2015 en la residencia del Sagrado Corazón de Jesús de Cuenca. En la sesión, la psicóloga interactúa con varias personas de avanzada edad. Entre ellos, siempre cogido por su correa, está el perro Febrero que va y viene recogiendo la pelotita de goma que le tiran una y otra vez. “Acercamos a los usuarios de las residencias mucho cariño”, explica Luis Huerta. “Son personas institucionalizadas que además con la situación desgraciada del covid se ha acentuado ese sentimiento de soledad o de relación con la familia. El hecho de que venga a verlos el perro significa una visita más de manera incondicional a aportarles una parte afectiva y social que nos ayuda a alcanzar los objetivos que nos propone el equipo técnico de la residencia de una manera mucho más natural a través del juego y casi, sin darse cuenta, están trabajando a nivel terapéutico”.

Gudcan nace en 2015 cuando Luis Huerta aplica a un modelo empresarial los conocimientos adquiridos en una terapia con perros y enfermos de alzhéimer. “Este proyecto nace del convencimiento de los beneficios que nos puede aportar en este caso el perro a las personas, concretamente a este colectivo de personas mayores”, aunque, explica Huerta, que “el método es efectivo con otros grupos de edad con sentimiento de soledad”. De hecho, Gudcan trabaja actualmente en toda Castilla-La Mancha “en centros residenciales de mayores, de personas con discapacidad y de infancia, tanto públicos como privados donde desarrollamos entre cincuenta y sesenta proyectos”.

El equipo de Gudcan, con Carolina Poliniato, Luis Huerta y Patricia Roberto, junto a Ciriaco, Antolina y el perro Febrero. / Cadena SER

Febrero es el perro protagonista de la sesión a la que asistimos. Su presencia llena toda la actividad. Al perro se le acaricia, se le lanza la pelota, se le llama, se le pinta en un papel, se deletrea su nombre. “El perro es un lubricante y amortiguador emocional que, por ejemplo, en situaciones de duelo es un acompañante que de manera incondicional va a estar ahí”, explica Huerta.

Antolina colorea al perro en una de las actividades de la terapia. / Gudcan

Benjamín es uno de los participantes en la terapia. Depende del día se anima a cantar al grupo. A nosotros nos recitó unas cancioncillas infantiles. “Con las personas que han pasado del pueblo, de estar toda la vida en sus casas, cuando pasan a una residencia damos por hecho que tienen que adaptarse bien pero no es fácil”, nos cuenta Luis Huerta. “Tener a alguien que te acompañe semanalmente que lo que te aporta es cariño y afecto, pues siempre viene bien. De ahí nacemos, del convencimiento que nos puede aportar en esa parte afectivo-emocional para trabar luego multitud de objetivos”.

Benjamín dice que siempre ha tenido perro y reconoce que le gustan estos animales. En la terapia de hoy le ha tocado deletrear el nombre de la mascota: Febrero. El equipo canino de Gudcan está formado por ocho perros de terapia de diferentes razas “todos adoptados o que han pasado por situación de abandono y les hemos dado una segunda oportunidad, todos conviven con sus técnicos en terapia asistida con perros y son un miembro más de la familia, tienen su trabajo que es dar y recibir cariño”, explica Huerta.

Antolina está entretenida sobre la mesa de trabajo coloreando la silueta de un perro en un papel. Es su tarea de hoy. “Lo estoy pintando de azul, verde y naranja”, nos cuenta. Los participantes en la terapia utilizan los sentidos para describir al animal. Se comunican, dibujan, pintan, piropean y premian a Febrero. “Siempre hemos tenido perros en casa y mis nietas tiene ahora”, dice Antolina.

Aurelia y Ciriaco en la terapia junto al perro y a la psicóloga. / Gudcan

Ciriaco tiene 99 años y es de Valdecolmenas de Arriba. De mozo era el rey de las verbenas en las fiestas de su pueblo, “no me dejaban estar un minuto quieto”, nos cuenta. “Dejaba yo de bailar y a escape iban a por mí otra vez”. En la terapia no es él el que no deja en paz al perro jugando a lanzarle la pelota. “En un primer momento buscamos crear el vínculo emocional entre usuario y animal”, explica la psicóloga Carolina Poliniato. “El perro actúa como un fuerte estímulo motivador para trabajar distintas funciones ya sean cognitivas, físicas o de relaciones sociales. Hacemos juegos de interacción. Trabajamos la memoria, la atención sostenida, el razonamiento y la abstracción para que no pierdan esas capacidades. También trabajamos el vínculo social que, al estar en una residencia, lo pueden tener más abandonado. Tengo un abuelo recién llegado al que la terapia le está ayudando a sobrellevar la diferencia de su casa a la residencia. Cada vez que viene el perro canaliza con él sus emociones”.

A Benjamín le tocó cantarle al perro. / Gudcan

Aurelia asiste a la terapia pendiente de la visita de su hijo “que viene a verme en un rato”. Entre tanto suena su teléfono móvil. “Es mi nieto que me llama todas las tardes”, dice. A Aurelia no le gusta el perro “porque he tenido muchos en casa toda la vida y me han hartado. Ahora mismo mi nieto tiene cinco”, dice, pero eso no es razón para dejar estas reuniones. “El animal es la motivación más importante, pero ella trabaja muy bien el resto de funciones e intentamos que las vaya perdiendo lo más lento posible”, explica la psicóloga.

Las terapias con animales se realizan también con gatos, caballos y hasta delfines, “aunque creemos que el más accesible por tamaño y cercanía, es el perro. Aunque me ofrezco a realizar terapia con delfines si la empresa se anima”, nos dice Carolina con una sonrisa.

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