Lunes, 06 de Diciembre de 2021

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Pobreza

"Que me digan que vivo a su costa es lo que más me duele": el dolor de quienes lo han perdido todo

Colectivos que trabajan con personas en exclusión social denuncian que la falta de seguridad por la precariedad del mercado laboral, con contratos de horas o de días, hace que muchos renuncien a ellos por miedo a no volver a recibir el Ingreso Mínimo Vital (IMV) cuando el trabajo se acabe

 "Lo que más me duele que que nos traten como delincuentes, borrachos o vagos. Que nos digan que vivimos a costa de otros, que nos dan y nosotros no ofrecemos nada, porque no es cierto y nosotros no somos los culpables".

Se llama Mari Ángeles, tiene dos hijas, vive en Madrid y cobra el Ingreso Mínimo Vital (IMV) después de trabajar 30 años. Ahora reconoce que tiene miedo a que le puedan ofrecer un trabajo aunque le ofrezcan cien euros más. Su argumento es difícil de rebatir. "Si el contrato es de un mes, o de unos días., ¿qué hago si me quitan el IMV, qué seguridad voy a tener, con qué pago la luz?".

Angustia que comparte con otros que pueden estar pasando por lo mismo, pero también con trabajadores sociales o abogados en un grupo de reflexión en el que "pueden hablar y expresar por lo que pasan y lo que sienten sin ser juzgados". Pero no se puede hacer justicia social sin los más pobres, porque por ejemplo, "quienes hacen las leyes no piensan que si no tienes una vivienda no tienes el IMV

Jaime Muñoz, es pedagogo y trabaja en el movimiento Actuar Todos por la Dignidad (ATD) Cuarto Mundo Madrid. Forma parte de un grupo de apoyo mutuo en el que participan otras asociaciones como Foro Social Madrid o la San Carlos Borromeo que quieren que las cosas cambien. Porque "la gente está desesperada y muy sola y son muchos a los que la ayuda no llega".

Si ahora con el IMV hay gente que se queda fuera por la burocracia, la falta de información y una administración que parece amurallada "hay que cambiarlo, porque si no solo se queda en publicidad"

A Mari Ángeles le duelen especialmente el discurso del "mantenido por las ayudas" pero el problema es que explica Jaime es que "el equilibrio en el que viven muchas familias es tan frágil" que la precariedad laboral no les deja mover el pie del alambre por el que caminan cada día.

"Si solo dependiera de mi, muchos días no me levantaba, porque cuando duermes se te pasa el hambre. Yo paso días sin comer y qué hago, ¿hundirme en la miseria?" La pregunta de Mari Ángeles, no necesita respuesta.

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