Anticorrupción logra una dimisión
Los altos funcionarios y dirigentes políticos de Balears entraron en pánico al contemplar el poder que habían entregado a Far y sus posibles exigencias

"La línea roja" de Matías Vallés (04/11/21)
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Palma
Si una Oficina pública se llama “de Prevención y Lucha contra la Corrupción en Balears”, debería ser una buena noticia que haya apartado a un alto cargo autonómico de su posición.
El pequeño matiz es que la Oficina Anticorrupción ha logrado la dimisión de su propio director, que ha vivido cuatro años muy difíciles con la teórica misión de vigilar y controlar a los representantes públicos de Balears.
En política no importa quién tiene razón, sino quién gana.
El director de la Oficina Anticorrupción ha perdido.
Los sectores no socialistas del Pacto de Progreso se enamoraron de la traducción a Balears de la figura del zar anticorrupción frecuente en otros países.
Es decir, una persona por encima de la lucha partidista y que controla los inevitables abusos del poder, que tiende a propasarse por definición.
Si el elegido se llamaba además Jaume Far, había nacido el Zar Far.
La imagen idealizada del árbitro Anticorrupción cambia radicalmente cuando tienes que sufrirlo.
Los altos funcionarios y dirigentes políticos de Balears entraron en pánico al contemplar el poder que habían entregado a Far y sus posibles exigencias.
El sindicato de los poderosos ha sido implacable, y ha derribado al imprudente.
Alguien recordará aquí que Far tampoco puede presumir de éxitos brillantes, pero sus enemigos han sido demasiado fuertes para ensañarse con la figura del dimitido de Anticorrupción.




