La firma de Ángel Martínez: "Convivir, casi un sueño"
Opinión referente a las comunidades de vecinos

RIBERA DEL DUERO
No sé quién inventó esto de las comunidades de vecinos pero tuvo que tener su inspiración en la Torre de Babel. Y a pesar de estatutos, asambleas y administradores, no deja de ser un foco de tensiones donde afloran los egoísmos más profundos, da lo mismo que la comunidad sea de seis, diez o setenta convecinos.
Y no lo entiendo, porque si el objetivo es buscar la calidad de vida de los habitantes del inmueble, no parece admisible poner en marcha campañas de ruido, tendidas de ropa calada, buscar la provocación con las mascotas para que ladren, subir la televisión de volumen, fumar en el ascensor, discutir por casi todo: horarios de calefacción, duración de los temporizadores, nivel de la limpieza o de la suciedad,… echando la culpa de lo que ocurre (lo malo, lógicamente) al otro vecino ya que el comportamiento propio siempre es ejemplar.
Y no lo entiendo, digo, porque la alternativa a todas estas provocaciones y malas artes es el diálogo, el debate organizado, la discusión constructiva, y en definitiva, la búsqueda del consenso, del acuerdo para generar un clima de convivencia donde el enemigo potencial se convierta en esa persona a la que acudimos, en primer lugar, cuando tenemos un problema, nos falta algo o precisamos de una ayuda.
Y si todas las comunidades de vecinos de una población se transforman en una balsa de aceite, en un oasis de vegetación frondosa de buenas intenciones; por efecto dominó, esa ciudad, pueblo o localidad, adquiere otro ritmo, otro estilo y genera, sin querer, por inercia, un remanso de paz, alegría y felicidad.
Pero esto, ya es un sueño y los sueños, sueños son.




