Lunes, 06 de Diciembre de 2021

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El cliente tenía la razón

Espacio de opinión de Rosa Alcubilla, hablando sobre cómo se ha agudizado la falta de atención y educación en los establecimientos hoteleros y hosteleros, poniendo ejemplos explícitos

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Antes el cliente siempre tenía la razón, su posición lo amparaba con un argumento oculto, no discutido, otorgado por ser consumidor. Ante cualquier objeción o reclamación que hiciese nunca se le iba a poner en tela de juicio, al contrario, le iban a escuchar y ofrecer alternativas, compensaciones, o simplemente justificaciones.
Pero los tiempos han cambiado y se ha agudizado la mala atención, la falta de respeto y la poca educación.

Últimamente me he sentido estafada y engañada en la hostelería y la restauración. Reservé un alojamiento y la noche anterior me llamaron diciendo que había un error, que era más caro. Me quejé, sigo sin contestación. Además he tenido incidentes en algún bar y restaurante. He salido decepcionada de establecimientos de Aranda, de su comarca, y de otros lugares de España y de Portugal.

Revisé la cuenta de una cena familiar, con un gasto de cerca de 450 euros, y comprobé que se había cobrado un plato de más. Lo puse en conocimiento de la camarera, que reconoció el error. Pero salió el encargado, altanero y déspota, nos embaucó y argumentó que el postre lo habíamos llevado nosotros y él tuvo que facilitarnos la cubertería, y que no nos la había cobrado, y si lo hacía era mucho más que el plato que reclamábamos.

Jamás nos mencionó ese pago extra de menaje al reservar la cena semanas antes, ni en las ocasiones anteriores que hemos hecho lo mismo. Demostró poca seriedad por su parte. Soy consciente de que la hostelería y la restauración adolecen de una precariedad abismal desde hace tiempo, pero eso no es excusa para que algunos establecimientos realicen malas prácticas.

En otro restaurante, en esta ocasión fuera de nuestra comarca, acompañaron la cerveza  con una tapa grande y exquisita.  La disfruté, pero me la cobraron a precio de oro.  Protesté y con soberbia el camarero sostuvo que tuve la opción de dejarla y no comerla.  En otro establecimiento de nuestra localidad  pedí un menú degustación, y como la bebida no entraba elegí cerveza. Pusieron agua, sin haberlo solicitado,  y supuse que era un obsequio. Cuando trajeron la cuenta la botella de agua costaba 3 euros, tuve que pagarla, me salió muy caro el sorbo de agua.
Podría narrar otros incidentes, pero mi indignación iría en ascenso, y no es saludable. Tengo la sensación de que me timan, y cada vez tengo menos ganas de salir a consumir.

La cita "el cliente siempre tiene la razón" nos empoderaba, tal vez nos engañábamos, pero salíamos a consumir con otra actitud. Por cierto, el otro día en un bar de Santa Catalina, de Aranda, me pusieron el café acompañado de tres pastas grandes y sabrosas. Las degusté, eran regalo del bar. Gracias, gestos así me reconfortan y reconcilian con la vida.  Por suerte no todos los establecimientos abusan. Vigilen su cartera, la Navidad está a la vuelta de la esquina.

Antes el cliente siempre tenía la razón, su posición lo amparaba con un argumento oculto, no discutido, otorgado por ser consumidor. Ante cualquier objeción o reclamación que hiciese nunca se le iba a poner en tela de juicio, al contrario, le iban a escuchar y ofrecer alternativas, compensaciones, o simplemente justificaciones.  Pero los tiempos han cambiado y se ha agudizado la mala atención, la falta de respeto y la poca educación.  Últimamente me he sentido estafada y engañada en la hostelería y la restauración. Reservé un alojamiento y la noche anterior me llamaron diciendo que había un error, que era más caro. Me quejé, sigo sin contestación. Además he tenido incidentes en algún bar y restaurante. He salido decepcionada de establecimientos de Aranda, de su comarca, y de otros lugares de España y de Portugal. Revisé la cuenta de una cena familiar, con un gasto de cerca de 450 euros, y comprobé que se había cobrado un plato de más. Lo puse en conocimiento de la camarera, que reconoció el error. Pero salió el encargado, altanero y déspota, nos embaucó y argumentó que el postre lo habíamos llevado nosotros y él tuvo que facilitarnos la cubertería, y que no nos la había cobrado, y si lo hacía era mucho más que el plato que reclamábamos. Jamás nos mencionó ese pago extra de menaje al reservar la cena semanas antes, ni en las ocasiones anteriores que hemos hecho lo mismo. Demostró poca seriedad por su parte. Soy consciente de que la hostelería y la restauración adolecen de una precariedad abismal desde hace tiempo, pero eso no es excusa para que algunos establecimientos realicen malas prácticas.  En otro restaurante, en esta ocasión fuera de nuestra comarca, acompañaron la cerveza  con una tapa grande y exquisita.  La disfruté, pero me la cobraron a precio de oro.  Protesté y con soberbia el camarero sostuvo que tuve la opción de dejarla y no comerla.  En otro establecimiento de nuestra localidad  pedí un menú degustación, y como la bebida no entraba elegí cerveza. Pusieron agua, sin haberlo solicitado,  y supuse que era un obsequio. Cuando trajeron la cuenta la botella de agua costaba 3 euros, tuve que pagarla, me salió muy caro el sorbo de agua. 
Podría narrar otros incidentes, pero mi indignación iría en ascenso, y no es saludable.  Tengo la sensación de que me timan, y cada vez tengo menos ganas de salir a consumir.  La cita "el cliente siempre tiene la razón" nos empoderaba, tal vez nos engañábamos, pero salíamos a consumir con otra actitud. Por cierto, el otro día en un bar de Santa Catalina, de Aranda, me pusieron el café acompañado de tres pastas grandes y sabrosas. Las degusté, eran regalo del bar. Gracias, gestos así me reconfortan y reconcilian con la vida.  Por suerte no todos los establecimientos abusan. Vigilen su cartera, la Navidad está a la vuelta de la esquina.

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