Lunes, 29 de Noviembre de 2021

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EN FEMENINO PUEDE SER

"En el ayuntamiento del pueblo vemos a las personas como son, más allá de partidos políticos"

En el tercer capítulo de 'En femenino puede SER' hemos encontrado el 'Diamante negro' del Moncayo de la mano de la truficultora Raquel Martínez. Hablamos de política local con Clara, concejala de Lituénigo y repasamos la historia de nuestras abuelas a través de una exposición de fotografías. Además, hemos conocido a mujeres que ayudan a mujeres a emprender en el medio rural

En femenino puede SER, el podcast de las mujeres de la comarca de  Tarazona y el Moncayo

En femenino puede SER, el podcast de las mujeres de la comarca de Tarazona y el Moncayo / Cadena SER

Los ayuntamientos rurales funcionan más allá de los partidos políticos. Formar parte de la corporación municipal supone asumir una responsabilidad con el pueblo que, en la mayor parte de los casos, no está remunerada. Es uno de los asuntos que tratamos en el capítulo 3 del podcast 'En femenino puede SER', de la Cadena SER Tarazona y la comarca de Tarazona y el Moncayo. También hablamos del cultivo de la trufa y del proyecto 'Cabras en red'.

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La política en un pueblo

Ser alcaldesa cuesta, aunque las listas paritarias dejan tras de sí todo un ejército de concejalas que afrontan la tarea de dinamizar y hacer crecer a sus pueblos. Entre ellas, Clara Pellicer, concejala de Cultura de Lituénigo. “Tengo 30 años y toda mi familia es de aquí. Desde que era pequeña me han dicho que cuando quieres algo lo tienes que hacer por ti misma, y aquí hay muchas cosas que hacer”.

Lituénigo cuenta con 120 habitantes, de los que 58 son hombres y 62 mujeres. Su ayuntamiento está compuesto por cuatro concejales y el alcalde, Alberto Negredo. “Hay que poner mucha voluntariedad, mucho de tu tiempo libre para asumir toda la carga de trabajo que conlleva”, explica Pellicer.

Se trabaja con recursos limitados, aunque “se suplen con la ayuda de la gente, los vecinos se involucran muchísimo en todo lo que convocas”.

Clara Pellicer, concejala de Cultura de Lituéñigo / Clara Pellicer

El objetivo político del equipo de gobierno está muy claro: “Queremos tener un pueblo vivo, en el que cada vez más familias quieran venir a vivir”. Eso de las dedicaciones exclusivas no existe.“Tengo mi trabajo, yo soy maestra y dejo a un lado muchos de mis hobbies para dedicar el tiempo a mi pueblo”

Los perfiles de estos políticos rurales son tan parecidos que, a los periodistas locales, muchas veces, nos cuesta recordar a qué partido político representan. “A mí lo que me llena es ver a mi pueblo unido al margen de la política. Es uno de los triunfos de este ayuntamiento, vemos a las personas como lo que son, más allá de partidos políticos”. La máxima es el pueblo por encima de las siglas en todo momento.

El ‘diamante del Moncayo’. De la tierra al mundo

Las mujeres van tomando las riendas de muchas explotaciones agrícolas. Las más convencionales son, en la comarca del Moncayo, las del cereal, la oliva o la almendra en menor medida.

Pero también se apuesta por nuevos cultivos que pongan en valor aquellos furtos que siempre nos ha dado la tierra, aunque de una forma silvestre. En Vera de Moncayo se pusieron en marcha, hace más de dos décadas, las primeras plantaciones de trufa que empiezan ya a dar sus frutos.

Raquel Martínez, truficultora y profesora en Vera de Moncayo / Raquel Martínez

Están a cargo de Raquel Martínez, truficultora y profesora en Vera de Moncayo, donde espera quedarse toda la vida. Heredó la pasión por la tierra de su padre, Eloy, todo un pionero en el Moncayo, que “fue el primer truficultor de la provincia de Zaragoza y a partir de ahí hemos seguido, tanto mi hermano como yo”.

La trufa cultiva la tierra y la paciencia. Una explotación puede tardar hasta ocho años en dar los primeros frutos. Hoy en día, Raquel y su hermano cuentan con más de 10 hectáreas truferas.

La innovación es el santo y seña de su explotación. “En las carrascas vas probando para ver si al año siguiente tienes más producción, pero eso son ‘secretillos’ que nos vamos guardando cada agricultor de trufa”. Trabajan codo con codo con el Centro de Investigación y tecnología Agroalimentaria de Aragón, el CITA.

La trufa es un producto muy cotizado, aunque el año pasado la pandemia cerró los mercados a pesar de que el producto seguía brotando bajo la tierra. Para darle salida, se lanzaron al mundo digital.

“Como estaban las conserveras cerradas en Francia, abrimos pequeña empresa, una página web que se llama ‘El diamante negro del Moncayo’, a través del cual hacemos venta online”. Exploran además en la transformación de la trufa para ofrecer nuevos productos como aceite o quesos trufados.

Recordando a las abuelas del Moncayo

Las mujeres rurales han sido siempre la piedra angular de sus comunidades. Emprendedoras y trabajadoras ha habido toda la vida, aunque no han estado visibilizadas, ni social ni laboralmente. En Vera de Moncayo se les trata de rendir homenaje estos días a través de una exposición de fotografía que lleva por nombre 'Ellas, Vereñas al servicio de Vera'.

‘Vera de Moncayo cien por cien’ / Facebook

“El espíritu es dar visibilidad a esa labor que siempre ha permanecido oculta, pero que ellas siempre han realizado”, explica Marta Azagra, concejala de Cultura.

Las fotos se han recopilado a través de una página de Facebook del pueblo y las aportaciones de los vecinos. Recorren la historia de las mujeres de Vera de Moncayo, desde el año 1800 hasta prácticamente la actualidad.

La muestra está ubicada en el Centro de Interpretación que el pueblo ha dedicado al poblado celtíbero de la Oruña. Recorrer la muestra supone un reencuentro con las mujeres del pasado, con la historia de nuestras abuelas, nuestras madres, las mujeres del presente y las que seguirán manteniendo el pueblo en el futuro.

“Las mujeres rurales siempre han estado ahí, tanto en casa, como en el campo o en el negocio, siempre han buscado avanzar y sostener a la familia”.

Siempre estuvieron ahí, pero lo cierto es que se marcharon en mayor medida que los hombres. En 2018 se publicó el libro 'Los que dejaron su tierra', una recopilación de artículos sobre la despoblación escritos por varios periodistas aragoneses. En él, nuestra compañera, Ana Sánchez Borroy, publicaba un trabajo en el que se destaca que el género es determinante para explicar los movimientos migratorios, aunque, sin embargo, no se ha tenido en cuenta a la hora de elaborar las estadísticas.

Aun así, un estudio de la catedrática Luisa Frutos calcula que, aproximadamente, el número de mujeres en el medio rural aragonés había disminuido en unas 50.000 mujeres entre 1981 y 2001. Datos que se traslucen en exposiciones como la de Vera. “Hemos llegado a tener cinco peluquerías, cinco carnicerías, tres panaderías; y detrás de estos negocios siempre ha habido mujeres”, concluye Azagra.

A todas ellas, las que están y las que se fueron, se dedica esta exposición que se mantendrá en el Centro de Interpretación de Vera durante todo el otoño.

Mujeres que ayudan a mujeres: ‘Como una cabra’

Emprender no es fácil, y menos en el medio rural en que la falta de servicios públicos obliga a buscar apoyo fuera del pueblo. En la pasada feria de la repoblación Presura, celebrada en Soria, conocimos una escuela de negocios muy especial, ‘Como una cabra’,  una empresa digital que apoya a las mujeres que buscan emprender en los entornos rurales.

Mujeres que ayudan a mujeres: ‘Como una cabra’ / Eva Sánchez

“Mi empresa se dedica a acompañar a mujeres en el medio rural, que quieren poner en marcha sus sueños y vivir de una forma más sostenible”, explica María Rodríguez, encargada de conseguir que una idea de negocio se convierta en una realidad.

María nos recuerda que en el medio rural cabras hay muchas, y no solo con cuernos. “Todas nuestras redes sociales se llaman ‘cabras en red’, porque es una comunidad que pone en contacto a emprendedoras de todo el territorio para que puedan dar difusión a sus productos e intercambiar experiencias”.

Además de crecer como empresarias, se les anima a explorar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías en el medio rural.

Se palía, además, la soledad de las emprendedoras rurales. “Están bastante solas y tienen poca ayuda. Damos un acompañamiento a través la formación online, de tutorías, mentorías individuales”. Se exploran todas las oportunidades de negocio que puede haber en un pueblo ,“turismo rural sostenible, agroecología, moda sostenible, industrias culturales creativas…”

Pero no solamente se trata de dar asesoramiento a las mujeres que ya están instaladas en los pueblos. Se atiende a un nuevo concepto que la pandemia ha empezado a imponer en los pueblos, “el nómada digital, que tiene la suerte de poderse mover por todo el territorio”.

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