Domingo, 28 de Noviembre de 2021

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Violencia machista

"Sufría maltrato dos veces al día, pero me ayudaron. De la violencia machista se sale"

Los recursos sociales del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha acompañan a las víctimas en su recuperación psicosocial y formativa

Ana consiguió salir de la violencia machista que sufría en su hogar gracias a la red de acogida de Castilla-La Mancha.

Ana consiguió salir de la violencia machista que sufría en su hogar gracias a la red de acogida de Castilla-La Mancha. / Cadena SER

Según los datos de la Unidad contra la Violencia sobre la Mujer de la Subdelegación del Gobierno en la provincia de Cuenca, en los primeros diez meses de 2021 se han registrado 201 denuncias por violencia de género (en 2020 fueron 421 y en 2019, 584) de las que 68 acabaron con una orden de protección. Para la atención a las víctimas, en Cuenca existen varios recursos dependientes del Gobierno de Castilla-La Mancha: el Centro de Atención y Valoración Integral, que dispone de siete plazas y que se encuentra actualmente al 50%, y el Centro de Larga Estancia que atiende en estos momentos a cuatro mujeres y tres menores. El 25 de noviembre es el Día para la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres y en Hoy por Hoy Cuenca hemos contado con el testimonio de una mujer maltratada, víctima de la violencia machista, que ha querido compartir su relato para explicar a otras mujeres que existe todo un mecanismo de ayuda por parte del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha al que pueden acceder y que volverá a capacitarlas como personas para abandonar el maltrato que sufren. Lo podéis escuchar a continuación:

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Ana acude a nuestro encuentro serena y dispuesta a compartir su amarga experiencia de violencia machista sufrida hace unos meses. Está decidida porque considera que su relato puede servir a otras mujeres que la escuchen y animarlas a dar el paso que las aleje del dolor y las ponga en manos de los recursos que se habilitan para ellas cuando llaman al teléfono 900 100 114 o 016, ambos habilitados para la atención a víctimas de violencia machista en Castilla-La Mancha. Son teléfonos gratuitos cuya llamada no aparece reflejada en la factura telefónica pero sí hay que borrarla del listado de llamadas del teléfono móvil. Ana viste camisa y chaqueta blanca “la misma ropa que traje a España cuando llegué de mi país”, nos cuenca. “Me la he querido poner hoy como algo simbólico de lo que me ha pasado en este tiempo y dispuesta a no llevarla más ahora que ya tengo por delante una nueva vida”.

“Estoy mucho mejor, bastante, me he recuperado mucho de todo. Y para adelante”, con estas palabras comienza Ana su relato. “Ya veo luz. Antes veía que no, que no podía salir, pero ahora sé que sí. He tenido muchísimas ayudas. Cuando empiezas todo este proceso realmente ni te lo crees, piensas que estás sola y más por mi condición de extranjera. Quién te va a poder ayudar, te preguntas. Pero ha sido mentira lo que yo me creía”.

Nos encontramos con Ana en uno de los centros de acogida que el Instituto de la Mujer tiene en Castilla-La Mancha y que gestiona la asociación Aserco en un convenio que se renueva desde hace más de dos décadas. No daremos más datos ni de identidades ni de ubicaciones para preservar la intimidad de Ana y de otras mujeres que reciben el apoyo de estos recursos sociales.

"Bebía alcohol todo el tiempo"

“Cuando yo llegué a este país conocí a un hombre que pintó muy bien, tanto que yo decía que era el príncipe que Dios me había mandado a la vida. Me trataba superbién. Era un hombre muy especial, el que más lo ha sido en mi vida. Todos los días compraba dulces o flores. Así durante ocho meses. No paró un día de ser especial. Pero resultó que todo era una burbuja y explotó. Comenzó a beber alcohol todo el tiempo, cerró su negocio, dejó de trabajar y cada vez que bebía lanzaba groserías y yo era ya lo peor. Era insoportable. Fue un gran cambio. Yo decía, esto no puede ser, yo no te conozco. Así comenzó a mostrarse el hombre que era, con demasiadas deudas y mentiras”, nos relata Ana mientras su serenidad inicial se va rompiendo. Las pausas son cada vez más frecuentes y se intuye un nudo en la garganta. Los ojos empiezan a empañarse.

Fue en esos días cuando Ana organizó el viaje para que una de sus hijas viniese desde su país a vivir con ella. “¿Cómo dejar que mi hija viva todo esto?”, se preguntaba, “cuando ya eran dos borracheras al día, una por la mañana, que lo acostaba a las tres de la tarde borracho que no podía ni caminar, y otra cuando se levantaba. Eran dos maltratos al día. Me decía que yo no sabía cocinar y que no sabía hacer absolutamente nada”.

"Luego lloraba y me mandaba flores"

Por ese tiempo, Ana plantea a su pareja dejar la relación, “Le decía si dejábamos las cosas así y yo me voy, pero entonces lloraba y me pedía perdón. Comenzaban las flores nuevamente. Era como una luna de miel y yo me decía que sí, que este hombre necesitaba ayuda. Vamos a ayudarlo, ¿no? Si yo digo que es el hombre que Dios envió a mi vida, intentemos luchar por esta relación”.

María Dolores Ayllón es la presidenta de Aserco y nos acompaña en este encuentro con Ana, una mujer con la que vienen trabajando en los últimos meses. “Su testimonio significa la ruptura con una relación de violencia iniciada desde un sentimiento de amor y de creer que la persona con la que estás compartiendo parte de tu vida es la persona que te corresponde, pero que identificas que esa relación está en una subordinación en la que él ostenta el poder y donde ejerce esa violencia y ese poder en ella y en su hija. Es entonces cuando decide, y es muy valiente por dar el paso y querer romper con este maltratador y con esa relación que lo único que va a hacer es atentar contra sus derechos y su dignidad como mujer. Ahora ella se está recuperando tras dar ese paso por ella, por querer eliminar de su vida cualquier tipo de violencia que atenta contra su vida y contra su dignidad como mujer y como persona”, explica Ayllón.

"Empezaron las dos borracheras al día"

“Y empezaron otra vez las dos borracheras al día, ya sea porque llovió o porque tronó”, continúa Ana su relato. “Volvió a ser lo mismo de antes. Me senté con él y le dije, vamos a solucionar esto. Si es por problemas económicos, trabajaremos los dos y salimos de la deuda. Pero me dice, trabaja tú que yo ya estoy cansado de trabajar. También decía que cuando viniera mi hija todo iba a cambiar. Yo pensé, bueno, a lo mejor, como no tiene hijos, cuando llegue mi hija seremos una familia, vamos a darle un voto de confianza. Llega mi hija y entonces ya bebió porque llegó mi hija y al día siguiente porque había que volver a beber. Y siguió en las mismas. A los quince días le dije que mi hija no había venido a España para vivir entre borrachos. Hasta aquí llego, dije, cojo mis cosas y nos vamos. Aquí no ha pasado nada y tú sigues con tu vida. Mi hija nos oyó discutir, se puso entre los dos, y él cogió un machete y me dijo: tú te vas de aquí, pero te vas muerta”.

"Me amenazaba de muerte delante de mi hija"

“Yo no daba credibilidad que alguien al que había tratado tan bien”, continúa Ana su relato, “me amenazara de muerte delante de mi hija. Qué además sus borracheras eran de vomitar y yo le limpiaba y le cuidaba. Salimos de la casa corriendo y él detrás. Yo me puse muy mal, se me corto la respiración y él mismo tuvo que llamar al médico que llegaron a atenderme, pero lo tuvieron que hacer desde fuera de la casa en realidad, porque él no quería que entrasen y viesen el machete, aunque yo trataba de hacer señas a la doctora que me atendió. Me puso una inyección y me dormí. Cuando me desperté le dije a mi hija que nos íbamos, que recogiese las cosas. Pero él se despertó y me dijo que era la última vez que me trataba mal. No, le dije, ya no más. Él me volvió a amenazar de muerte porque no se iba a quedar sin empleo, sin hogar y sin nada. Entonces llegó su sobrino y se fueron los dos a una gasolinera a comprar cerveza. Fue en ese momento cuando cogí a mi hija y salimos corriendo”.

La llamada de denuncia, el primer paso 

¿Qué ocurre en ese momento cuando una mujer decide dar el paso de Ana y romper con su maltratador, dejar el hogar y apostar por la vida? Un paso que comienza con una llamada telefónica al 900 100 114 o al 016. “Lo primero es ofrecerles una atención personalizada a través de la escucha activa. Muchas veces llaman en situación de crisis y amenazadas, como está contando Ana, o que ya no aguantan más. Lo primero es escuchar, pero articulando una serie de mecanismos para los que están dotadas las propias profesionales que atienden la línea que son trabajadoras sociales, abogadas, educadoras sociales o asesoras jurídicas. Hay que dar una cobertura de escucha para que la mujer se sienta arropada y acogida por las profesionales. Después hay que articular todos los mecanismos necesarios para que tenga las oportunidades que necesita desde el minuto uno en coordinación con las fuerzas y cuerpos de seguridad y con los servicios sociales”.

Relato de terror

Habíamos dejado a Ana en la calle, con su hija y con cuatro cosas que pudieron coger de su casa cuando huyeron del maltrato. “Pedimos ayuda y un coche paró. Tenía tantos nervios que iba en el suelo escondida por si él me llegaba a ver en el camino. Nos llevó a la Cruz Roja y allí nos atendieron. Lo primero es poner una denuncia, nos dijo. Pero si lo denuncio ahora sí me va a buscar por cualquier lado y me va a matar. Al final fui a la Guardia Civil y les conté. Inmediatamente mandaron agentes a la casa a ver si le encontraban a él con la escena como se la describí, con el machete, para detenerle. Por su parte Cruz Roja gestionó para que nos alojáramos esa noche y llamó a la Casa de la Mujer que habilitó un abogado para estar al día siguiente en el juzgado. Yo no podía creerlo, y a día de hoy sigo dando gracias, porque al día siguiente yo tenía una abogada, la Guardia Civil, la Policía Nacional, la Casa de la Mujer y la Cruz Roja conmigo, preguntándome si había desayunado, si teníamos a alguien...”, y es aquí cuando Ana deja ya que sus lágrimas corran por sus mejillas. Las que no brotaron en el relato del terror si lo hacen ahora cuando recuerda toda la ayuda que recibió y lo agradecida que está.

"Es importante que ganen confianza y seguridad"

“El proceso de recuperación de las mujeres, de las niñas y de los niños que atendemos es largo y costoso”, nos cuenta la directora de Aserco. “El proceso es continuo porque lo que se trata de hacer en los recursos de acogida del Instituto de la Mujer es acompañarlas en esa recuperación integral que tienen que hacer, empezar a empoderarse, a identificarse como mujeres e identificarse como madres porque el rol de madres muchas veces los propios maltratadores se lo han arrebatado en esa violencia tan atroz que ejercen sobre ellas. Tienen que empezar a tener confianza, a tener seguridad. Luego hay que incorporarlas a la sociedad, y lo digo así, porque muchas veces dejan de pertenecer a un sistema social más o menos normalizado. Hay que formarlas. Están asiladas, no tienen redes sociales de apoyo, presentan carencias porque han estado tan metidas en esa situación de violencia donde el maltratador no las ha dejado desarrollarse ni como mujeres ni como personas válidas. Lo tienen tan asumido que muchas veces hay que empezar desde cero a trabajar con ellas esa recuperación de manera integral para dotarlas de nuevo de esas fortalezas y oportunidades que tienen que descubrir otra vez porque el maltratador se encargó de anularlas. Ese acompañamiento se hace por el equipo de profesionales, trabajadoras y educadoras sociales o psicólogas. Van a estar listas en el momento en el que ellas, junto al equipo de profesionales, vean que ya están listas”.

Los recursos de acogida incluyen una protección “y un sitio para que las mujeres puedan vivir con sus hijos durante ese proceso de recuperación”, continúa Ayllón. “Lo primero es un recurso de acogida para que estén protegidas y después se hace el acompañamiento en el área social, formativa, laboral y de vivienda. Además, desde el Instituto de la Mujer existen una serie de ayudas a las que pueden acceder en un momento determinado”.

La importancia de denunciar los casos del entorno

“¿Tantas entidades para ayudarte?”, se preguntaba Ana cuando entró en los recursos sociales. “Tuve todas las ayudas necesarias para poder estar hoy donde estoy. Eso es lo que yo quiero que entiendan, que sí hay una ayuda. Porque tú quieras a una persona no quiere decir que tengas que dejar que haga contigo lo que quiera. Créeme, lo quería muchísimo, pero también me quiero yo. No, tengas la edad que tengas, no puedes dejar que nadie te maltrate. No podemos”.

“Cualquier persona que conozca una situación de violencia a su lado, amiga o familiar, que no nos callemos”, pide María Dolores Ayllón. “Tenemos que ser valientes para levantar el teléfono y decir, tengo una amiga, tengo una hija, tengo una conocida que está sufriendo violencia de género por parte de su pareja o su expareja y necesito ayuda, saber qué es lo que tengo que hacer o cómo acercar esta situación a los servicios de la mujer o judiciales. No nos podemos quedar callados, es un problema de todas y de todos. No incumbe solo a la mujer. Si no paramos esto estamos convirtiéndonos en cómplices de la violencia de género y todas y todos tenemos parte de responsabilidad en que esto pare”.

"El maltratador te dice que no puedes estar en otro sitio mejor"

Por su parte, Ana insiste en que “el mismo maltratador te dice que tú no puedes buscar a nadie, que no puedes estar mejor que donde estás. Es mentira. Si tú no te sientes cómoda, si te sientes maltratada, si sientes que no es lo que tú te mereces, porque a veces no nos valoramos nosotras mismas, pero tenemos muchísimo valor. No puedes soportar eso. Y menos si tienes hijos. Si piensas que no puedes salir de ahí, que no tienes donde ir, que no te van a ayudar, es mentira. Hay entidades como las que hemos relatado donde te ayudan a formarte para que comiences a trabajar. Si eres extranjera te ayudan con todo ese procedimiento que necesitas para estar bien en este país. Un policía o un guardia civil, ahora no lo recuerdo bien, me dijo, no llores que ahora vas a empezar a vivir lo que es verdad aquí en España, lo que viviste era una mentira. Y tenía toda la razón. En ese momento pensé que eran palabras cliché, pero no. Yo me he sentido apoyada en todos los sentidos. He tenido un techo, te ayudan con tu comida, con todos tus gastos, no vas a carecer de nada. Así que da el paso, tú no tienes por qué aguantar un maltrato más. No. No hay derecho. Tú vales mucho como persona, como mujer. La mayoría de las mujeres que hemos sido maltratadas fuimos amorosas, estuvimos pendientes de esa persona y no nos merecemos esa clase de trato. Puedes dar el paso porque ayudas sí las hay. Así que, da el paso”.

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