Miércoles, 19 de Enero de 2022

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Perrerías

La firma de Álvaro Mogollo

Alvaro Mogollo, articulista de Radio Jerez

Alvaro Mogollo, articulista de Radio Jerez / Radio Jerez Cadena SER

Recuerdo mis años de niñez con gran nostalgia y cariño. He tenido la fortuna de contar con una familia maravillosa que me trató siempre a las mil maravillas y con buenos amigos, dos factores que me hicieron ser un niño feliz sin lugar a dudas.

Era muy tranquilo y gozaba de un ambiente sano y, por qué no decirlo, de cierta protección. Si hoy se habla constantemente de la necesidad de salir de tu zona de confort, esas labores las llevaba a cabo mi tío Antonio Holgado por mí. Me chinchaba, me hacía "perrerías" (como él mismo las definía de forma totalmente desajustada a la realidad) y me obligaba a perder el miedo con minúsculos pasos que no me atrevía a dar hasta que él me empujaba. Lo hacía con sus hijos, sus sobrinos y después con sus nietos.

Pese a ello, todos los niños y niñas de mi familia, los que lo son ahora y los que lo fuimos, lo adoramos. Porque volcaba el cariño más absoluto sobre ti y la ilusión del que hace algo desde lo más profundo de su ser. Mi tío no jugaba con los pequeños por cubrir el expediente y que se divirtieran, mi tío volvía al Villamartín de los años 50 durante un rato para jugar contigo siendo él también un niño.

Aunque no seamos conscientes de ello, y no se suele acreditar como tal en el futuro, las pequeñas cosas que te suceden durante la infancia pueden dirigir tu vida hacia un camino determinado. Yo provengo de una casa futbolera, de televisión y grada, y los fines de semana que íbamos a la sierra eso se potenciaba porque tenía la oportunidad de observar el deporte desde dentro al ver a pie de campo los partidos que jugaba mi tío con un equipo que, literalmente, doblaba la edad de sus contrincantes. Y de postre, en la tele, veíamos tenis, balonmano, ciclismo o lo que hiciera falta. Vaya a usted a saber si hoy escribo estas líneas porque el gusanillo del periodismo deportivo se hizo grande en aquellas tardes.

Hace pocas horas mi tío Antonio nos ha dicho hasta luego. Y lo ha hecho rodeado de toda su gente, con una familia al frente que solo es comparable en calidad humana a la que él regaló allá donde fue. El deporte, las amistades, sus compañeros de trabajo, los vecinos y todo el que se relacionaba con él han llorado su pérdida. Porque mi tío, huelga decir lo buena persona que fue durante toda su vida, era alguien que disfrutaba sabiéndose útil, por lo que facilitaba las cosas que estuviesen en su mano a todo aquel que le rodeaba.

Hay veces que tenemos que suscribir frases con las que no estamos de acuerdo. En este caso, el peso de la lógica me hace afirmar en este preciso momento que cualquier tiempo pasado fue mejor. Desde que yo tengo uso de razón, claro está. Porque significa que los te queremos podíamos reírnos contigo y contar con tu abrazo.

En cualquier caso, y esta vez no es una frase hecha, seguirás entre nosotros porque el baúl de los buenos recuerdos rebosa y el legado de esa forma tan fenomenal de entender la vida supone que todo lo que hagan los tuyos lleve tu rúbrica.

A escasas semanas de que mi hermano Javier y mi hermana Lola me hagan tío por primera vez con la venida de una niña y un niño, solo espero que en un futuro puedan tener de mí una visión mínimamente parecida de la que yo tengo de ti.

Te quiero mucho, tío barba.

Tu sobrinato Álvaro.

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