Martes, 25 de Enero de 2022

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El "salvaje" crecimiento de los free tours indigna de nuevo a los guías oficiales

La apertura de restricciones y la recuperación de las cifras del turismo incrementan la demanda de las actividades guiadas de libre de pago en Madrid

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Paraguas fucsias, amarillos o azules en la Puerta del Sol o la Plaza de Ópera. Están incluso en días soleados porque no buscan proteger a nadie de la lluvia. Son un medio de identificación, un lenguaje que el turista ya siente como propio. "Si quieren una visita guiada sigan a la chica del paraguas rosa", vocifera una mujer en plena Gran Vía. No es guía oficial, no tiene ese título, pero hace el mismo trabajo que uno de ellos y se identifica como tal. Ese es el primer problema. El segundo son las tarifas. "Mis jefes son ustedes, son los que deciden cuánto vale mi trabajo", prosigue. Así es como funcionan los free tours. A diario hay decenas en la ciudad, han crecido en los últimos años y se han reactivado tras la relajación de restricciones por la pandemia. Y los guías oficiales no cesan en su lucha por pedir una regularización del sector.

La presidenta de la Asociación de Guías Profesionales de Madrid (APIT), Rosa Lisandra, recuerda que llevan años pidiendo una solución, ante lo que consideran un grave problema de "intrusismo laboral", que ha crecido notablemente en los últimos meses. "Ahora es bastante salvaje. Esperamos una revisión de las leyes que regulan el sector", espeta Lisandra. No hay datos generalizados de cuánto ha aumentado el sector, pero una de las principales empresas de free tours del mundo, Civitatis informa de que en Madrid solo un 8% de los servicios que ofrecen son estas visitas libres de precio. Sin embargo, esta actividad supone un 20% de los ingresos totales de la compañía en este 2021. Un dato que se ha incrementado en un 5% desde 2019. El director de Operaciones de Civitatis, Enrique Espinel, asegura que "desde mayo hasta ahora el crecimiento ha sido imparable, en octubre se llegaron a niveles pre pandémicos. Hay una demanda exponencial y los viajeros quedan satisfechos".

La temporada alta para este tipo de visitas es entre mayo y octubre. No obstante, tanto guías oficiales como organizadores de free tours afirman que este año se está alargando más y sitúan el puente de la Constitución como un momento clave para su negocio. De hecho, las previsiones para la región, especialmente para la capital, son muy alentadoras. La Asociación Hotelera de Madrid augura un 72% de media de ocupación en hoteles desde este viernes hasta el próximo miércoles, cifras muy similares a las de 2019. También se consolida, según advierten tanto esta agrupación como desde el gremio de hosteleros, un repunte de las llegadas de turismo nacional.

Pérdida de calidad del turismo en Madrid

Con este escenario, Lisandra critica que "los pseudo-guías" de los free tours realicen visitas guiadas por la capital porque "no tienen preparación, ni formación, ni ninguna acreditación oficial". Según asegura, hay "un descontrol" en cuanto a los contenidos. "Podríamos escribir un libro de los hechos inciertos que cuentan, como por ejemplo, que los jardines de Sabatini se llaman así porque se crearon en un sábado, cuando sabemos que se llaman así porque los construyó el arquitecto Sabatini", apostilla. A su juicio, esta realidad es contraproducente para conseguir el objetivo de alzar a Madrid como "un destino de lujo, que ofrece calidad al visitante".

Otro problema que denuncian desde APIT es la principal seña de identidad de estos free tours: que sean tarifas de libre pago. "Lo del gratis lo vamos a dejar porque no es así, es una forma de enganchar. Se deja mínimo 10 euros, que por persona es una tarifa exagerada", detalla Lisandra. Los precios medios de los guías oficiales oscilan entre 8 y 12 euros de media. Se tienen que pagar por adelantado, frente a los free tours, que abonas lo que quieres al final del servicio. Una de estas operadoras del centro de Madrid, que prefiere mantenerse en el anonimato, asevera que para este puente tiene "más de 200" personas apuntadas en cada visita. Hay tres al día. En esa empresa trabajan 10 informadores. Los grupos también son más grandes que los de los guías oficiales, que están limitados por los aforos de los recintos.

Algunos trabajadores de free tours del centro de Madrid, que prefieren no revelar su nombre, insisten en que dan un buen servicio y que pagan sus impuestos como autónomos, aunque reconocen que no todos en el gremio lo hacen y esto afecta a su imagen: "Pagamos justos por pecadores". Por su parte, Espinel también defiende que su actividad es legítima y se ajusta a la normativa vigente. La ley a la que se refiere es del año 2009. En ese momento la Comunidad de Madrid liberalizó el mercado de los guías turísticos y abrió el abanico a nuevos operadores. Esta apertura, según los guías oficiales, fue el desencadenante de la situación actual. "Estamos hablando con algunos grupos de la Asamblea de Madrid y esperamos un cambio de leyes", reclama Lisandra. El sector de los guías oficiales tampoco descarta movilizarse de nuevo como hicieron el verano pasado.

Por su parte, fuentes de la Consejería de Turismo defienden el sistema tal y como está y sostienen que no van a cambiarlo porque no hay quejas de calidad por parte de los consumidores. También añaden que ellos, en la medida de lo posible, fomentan la publicidad de las visitas oficiales, por ejemplo, en las oficinas de turismo. "Ponemos en valor su trabajo", concluyen. Similar respuesta aportan desde la concejalía de Turismo en el Ayuntamiento de Madrid. Reiteran que, ante todo, protegen y apoyan la labor de los profesionales oficiales, por ejemplo, permitiendo que sean ellos los que diseñen las visitas turísticas que gestiona el Consistorio. Ninguno entra a valorar la polémica entre ambos gremios.

La voz de los clientes

Ajenos a toda esta polémica están los clientes. Son pocos los que conocen la problemática entre guías oficiales e informadores de free tours. "No tenía ni idea", confiesa Francisco. Él espera junto a su esposa, Rosa, alrededor de uno de esos coloridos paraguas. Han elegido hacer una visita por el Madrid de los Austrias. "Nos gusta ese sistema, porque pagas lo que te parece y los chicos lo hacen bien", alega el turista alicantino. Rosa va más allá: "Yo no noto la diferencia entre ellos y los guías oficiales. Y aquí tengo más libertad. Si me gusta doy más o menos dinero. No es un precio cerrado". Nicolás también va en su grupo. Admite que lo ha usado más veces en otras ciudades y no siente que le estén dando un servicio de peor calidad. "Si la gente quiere venir, significa que el servicio es bueno", reflexiona. Junto a ellos hay otra decena de viajeros, todos ellos de fuera de la capital.

Los guías oficiales también cuentan con una clientela, en ocasiones fija. Es el caso de Carlos y Araceli. Ellos son dos consumidores regulares de visitas turísticas en la capital. Son madrileños, no turistas, y prefieren conocer en profundidad su ciudad a través de estos profesionales. "Es una garantía de recibir buena atención e información", explica Carlos. Para Araceli es esencial recurrir a estos guías porque "son personas que se han preparado mucho". Y concluye: "Los que tengan vocación de guía y lo están haciendo pirata, que se saquen sus títulos y estudios y se pongan las pilas".

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