Jueves, 27 de Enero de 2022

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Impresionismo sin impresión

Opinión de María González López

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Este puñado de domingos sin domesticar donde todo parece inmóvil custodia su retrato sobre el cristal de la ventana, como si de un televisor estropeado que no recuerda su última emisión, oscurecido por el vaho que lo abriga nacido de las palabras que no sabemos tragarnos se tratase.

La misma neblina que empapa la ciudad de pausa me hace pensar que nada ha cambiado, que no existen los calendarios, los relojes, ni las fotografías. Que nada se desgasta en este presente, los personajes de los sueños tienen contrato y su fama va más allá del desayuno sobreviviendo a la realidad, los abrigos continúan guardando un pedazo de frío en sus bolsillos y las cartas emprenden el camino de vuelta hacia su verdadero dueño, renegando del señor de los sellos. El amanecer no se destiñe en soles de mentira herencia del invierno, el ruido habita en otros oídos y las sábanas no se colorean de luz.

No quedan golondrinas clavándose en las nubes, a la par que las moscas son carne de la memoria, los gatos viven la última de sus vidas antes de que las nieves se la arranquen y los gorriones hacen guardia en los balcones y repisas, sabiendo que no serán invitados. Este bestiario se merma con la llegada de la primera y última estación.

En el interior, he silenciado los informativos, las revistas y periódicos se han descolorido de noticias en las estanterías y la radio es lo único que se mantiene intacto tapiando el silencio de la casa.

Me resguardo en mi presente infectado de preguntas que hacen de su interrogación el filo de una guadaña, ¿Dónde vives cuando no te pienso? ¿Dónde vamos cuando nos dormimos? ¿El futuro está inventado? ¿Quedan sombras de verano escondidas entre los cuadros? ¿El hombre del saco era el villano o el protagonista? ¿Por qué lo primero que olvidamos de alguien es su voz?

Anhelan su solución sin saber que son huérfanas, que no hay boca que las responda, siendo demasiado salvajes para ir más allá de las fronteras de los pensamientos, demasiado para un domingo que haga funeral a la semana, una tregua a la rutina.

Este día hace de modelo de cuadro impresionista, como una foto de la quietud que se extinguirá con el primer alarido del despertador presentando un nuevo renglón de lunario. No obstante, yo custodio un inventario de imaginaciones, cuestiones y ahoras que mueren en la efimeridad.

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