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Personas sin hogar

Una noche contando gente que (desgraciadamente) muchas veces no cuenta para la sociedad

Casi 600 voluntarios de 14 ONG´s han estado esta noche pateándose todas las calles de nuestra ciudad en una iniciativa del Ayuntamiento de València para hacer el segundo censo de personas sin hogar

Una noche contando gente que (desgraciadamente) muchas veces no cuenta para la sociedad

Una noche contando gente que (desgraciadamente) muchas veces no cuenta para la sociedad

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Valencia

Casi 600 voluntarios de 14 ONG´s han estado esta noche pateándose todas las calles de nuestra ciudad en una iniciativa del Ayuntamiento de València para hacer el segundo censo de personas sin hogar. Todos habían realizado antes un curso de formación para aprender, entre otras cosas, a utilizar la Aplicación diseñada por la Universitat para recoger todos los datos. El punto de encuentro era el polideportivo del Cabanyal donde se han dividido en 104 grupos que se han repartido por todos los barrios. Un dispositivo en el que ha participado Cruz Roja, la Policía Local y Nacional, también la EMT para trasladar a todos esos voluntarios.

Yo he tenido el privilegio de acompañar a uno de estos grupos por el barrio de Morvedre y lo primero que quise preguntarles es por qué se habían apuntado a una iniciativa como ésta. María me decía que se trata de una realidad de pobreza muy invisibilizada que arrastra muchos más sufrimientos que el mero hecho de la expresión más grave de la exclusión, que es estar en la calle. En dos horas apenas han encontrado un par de personas durmiendo en la calle que además han rechazado participar en el censo. Sospecha que esto se debe a que en el barrio existe un albergue y las trabajadoras sociales les hayan derivado a ese centro. Eso merece una reflexión. Donde hay recursos, la gente no duerme en la calle. Quizás lo que hace falta son más centros como éste.

Pues tocaba ir a ese albergue, el de Sant Joan de Déu, donde esta noche tienen prácticamente llenas sus 53 plazas. Los propios usuarios también me explicaban la importancia de que abrir los ojos a esta realidad. El que hablaba primero es Miguel Ángel. Lleva año y medio durmiendo en el albergue. Antes estuvo casi 8 años durmiendo en la calle. Y el otro era Rubén. Es el primero que se ofreció a hablar conmigo. Por cierto, es fiel oyente de la SER y me hizo prometerle que pondría su entrevista. Me contó su historia, como en muchos casos, todo se rompió por culpa del alcohol.

Una noche contando gente que (desgraciadamente) muchas veces no cuenta para la sociedad / Ayuntamiento de València

El alcohol, las drogas y la crisis que provocó la pandemia han roto muchas vidas. Es el caso también de David. Trabajaba en la obra hasta hace dos años. Se quedó sin nada y acabó durmiendo en la calle donde se ha encontrado con gente buena, pero también con muchos desprecios. Por fin está feliz porque lleva cinco meses sin beber. Ahora vuelve a tener sueños. Se ha comprado una participación de la lotería de Navidad y, si le toca, promete que pagará la cena de todos los del albergue. Le gustaría tener un trabajo y algo de dinero para tener una vivienda digna, como vive la mayoría.

Ese es el sueño también de Javier. Él me cuenta que vino hace cinco años de Londres, donde trabajaba haciendo de todo. Tiene problemas de salud mental, es otro de los denominadores comunes de mucha de la gente que acaba en el sinhogarismo. Depresión, esquizofrenia y otros trastornos que acaban por destrozar todo lo que le rodea a uno. A pesar de todo Javier asegura que la vida es preciosa y está emocionado porque por primera vez en muchos años va a vivir unas Navidades en familia, con su nueva familia del albergue. Está feliz porque ya no duerme en la calle, es una vida que no le gusta, la compara con vivir como un perro, durmiendo sobre cartones, un desastre.

Un desastre que con iniciativas como esta se tratan de mitigar. El objetivo es que ninguna persona duerma en la calle si no quiere y para eso es necesario saber cómo de grande es en València el problema del sinhogarismo para orientar las líneas estratégicas y los recursos que hagan falta. Un censo es contar gente, pero lo importante es que toda la gente cuente.

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