Domingo, 23 de Enero de 2022

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Gaitero

La primera firma de opinión de este 2022 de Juan Ángel Fernández, crítico cultural

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La ciudad se despereza mientras la pavorosa pandemia, inapelable, se va cobrando cada minuto que pasa sus víctimas. En la romería navideña los caídos por el encuentro y los abrazos, por los arrebatos y efusiones a veces incontroladas, se cuentan por cientos. A veces, ya es mala suerte, los heridos son por un simple contacto inoportuno. Es hora de hacer recuento de la contienda, aunque la guadaña sigue en alto, amenazante hasta llegar a la esperanza: el llamado pico de damnificados. Luego, como dicen los católicos, dios dirá.

Mientras, la milicia cultural, la administración o voluntariosos devotos, planean sus mejores intenciones de revitalizar la vida en la ciudad, nuestra querida ciudad, inasequible al desaliento, a las zancadillas del incómodo avispero pandémico sobrevolando siempre contra ése incierto futuro. Lo hace con una magnífica exposición en el Museo de Albacete: 150 años con los Íberos; lo hará con el formidable Festival de Música Barroca que nos visita cada año por estas fechas (desde el próximo día 21); o con un clásico del teatro como es La Piel en Llamas, que mañana mismo se estrena en el Teatro Circo de Albacete. Teatro imprescindible dirigido por un profesional muy cercano a estos micrófonos: Juanma Cifuentes.

Haciendo boca, un concierto singular que tuvo lugar este fin de semana en el Teatro Circo: El del gaitero y flautista gallego Carlos Núñez, una especie de duende del bosque, que como ánima sin sudario discutiendo los términos fundamentales de la Santa Compaña se encaró con un teatro entusiasta de bailes, acompañamientos y zarandajas del mejor y más festivo repertorio. Nuñez, que ya es una experto en procesiones y festejos, invocó a sus geniecillos del género: los irlandeses The Chieftains y el inovidable Paddy Molonie con quien tuvo el privilegio de tocar en innumerables ocasiones. Comenzando con su clásico Cantigueiras, de su primer álbum que ahora cumple 25 años el levantamiento popular no tardó en producirse. Por allí pasaron influencias varias en el arte de la gaita, la Trikitixa y el tin whistle –( tɪn ˈwɪsl (una flauta de bolsillo capaz de transportarte a La fraga de Cecebre, el bosque animado de Fendetestas ); las muñeiras y también aprovechando la pujanza de C Tangana algunas cantatas lugareñas o el estrambótico tema Ba Ba O Riley de los rockeros británicos The Who, con quien Carlos Núñez tocó ésa misma gloria en el 50 cumpleaños de Roger Daltrey y hasta el Himno Medieval de los Peregrinos que acuden al Pórtico de la Gloria en la Catedral de Santiago y por último el prestigio siempre infinito de Beethoven, un clásico experto en la elaboración de las músicas celtas. O sea, un festín musical, animado en los finales con diversas agrupaciones de la música tradicional albaceteña: un buen detalle que el músico solicita siempre en sus conciertos.

Cuando terminó el códice celta y todos salimos a la calle nadie mencionó el dichoso virus. Empezamos bien.

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