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"Adrenalina, estrategia y picardía", la esgrima en Cuenca con el club Espadas Colgadas

Desde 2010 esta asociación promueve la práctica, la competición y la exhibición de este deporte en la ciudad

Gabriel Martínez (izq.), director técnico del club de esgrima Espadas Colgadas de Cuenca, y su presidente Iñaki Ocaña, en el centro de un grupo de alumnos. / Cadena SER

Cuenca

El club de esgrima Espadas Colgadas de Cuenca promueve desde hace once años la práctica, la competición y la exhibición de este deporte en la ciudad. Desde Hoy por Hoy Cuenca nos hemos interesado por su actividad y para conocerles nos hemos acercado a sus instalaciones en el polideportivo de San Fernando para conversar con su presidente Iñaki Ocaña, con su director técnico Gabriel Martínez y con alumnos de todas las edades como María, Irene, Diego Arturo, Mauro, Álvar, Víctor, Lucía y Ana. Os lo contamos en el siguiente reportaje en el que hemos salpicado sus testimonios con escenas de la película El maestro de esgrima (Pedro Olea, 1992).

“Adrenalina, estrategia y picardía”, la esgrima en Cuenca con el club Espadas Colgadas

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Golpe, sangría y cuerpo

Ana se enfrenta a las indicaciones de su monitor de esgrima con traje y careta. “Doblamos las piernas, el codo dentro que no se vea, en guardia. Cada vez que veas que abro línea golpeas. Golpe, sangría y cuerpo. No vuelvas en guardia. Tocamos y golpeamos”, le dice Gabriel Martínez, el director técnico del club de esgrima Espadas Colgadas de Cuenca con quien aprende este deporte “porque me gusta mucho”, dice Ana, “me llamó la atención, me parecía un deporte muy elegante, lo probé y aquí sigo”.

Ajenos a los entresijos de la esgrima, a priori podemos pensar que esto es llegar y empezar a dar sablazos. “No, no, primero tienes que hacer mucho deporte, mucho ejercicio y mucha práctica hasta que llegas a hacer batallas”, explica Ana que no tiene más aspiración ante la esgrima que practicar este deporte al que ha llegado pasados ya los cuarenta años.

El caso de María e Irene es distinto. Las dos tienen doce años y están empezando. “Me sentía muy aburrida y quería practicar algún deporte divertido y ágil”, nos dice María. Su amiga Irene siguió sus pasos por eso de tener una afición juntas. Cuando nos encontramos con ellas en los pasillos de la tercera planta del polideportivo San Fernando de Cuenca donde este club de esgrima importe sus clases, las chicas están haciendo asaltos. “Es ponerse a practicar con otra amiga con el sable”, nos explica Irene.

Ana sigue las instrucciones de Gabriel Martínez. / Cadena SER

Diego Arturo tiene quince años, es su primer curso, ha llegado aquí por la recomendación de un amigo y define la esgrima como “un deporte muy entretenido y cooperativo entre los compañeros, amigable que, aunque consista en tirarse con la espada, hay muy buen rollo”.

Espadas, sables y floretes

Junto a los pasillos, en lo alto del pabellón, sobre la pista central donde se practica voleibol, baloncesto y otros deportes de equipo, el club Espadas Colgadas tiene un par de salas que hacen las funciones de vestuario y almacén. “Aquí tenemos el armero de espadas y sables, y las chaquetillas y caretas tanto ordinarias como eléctricas”, enumera Gabriel, o Gabi, como todo el mundo le conoce en el club. La diferencia entre ambas es que las ordinarias se utilizan para entrenamiento o para el combate a espada. Las eléctricas son para la práctica de la esgrima con sable que es un arma cuyo puntaje se contabiliza “por los contactos del arma con la chaquetilla eléctrica que lleva unos filamentos de cobre para que pase la electricidad, que se encienda una luz y el árbitro tenga así más comodidad y facilidad a la hora de ver quién es el tocado”, explica Gabi, que es también árbitro nacional de las tres armas, actividad a la que está volviendo poco a poco tras alejarse de Madrid para trabajar en este club de Cuenca al que ha dedicado la última década.

En este club se practica sobre todo la esgrima con espada y con sable. “Aquí tenemos espadas de puño francés o de anatómico. Con la espada solo se puede tocar con la punta. Tienen un muelle que al impactar se retrae, hace contacto y ya se encendería la luz. Con esta arma está permitido tocar en cualquier parte del cuerpo, en el pie, en la mano, en un brazo, en el tronco o en la cabeza, pero con el sable solo se puede tocar de cintura para arriba”, va explicando el director técnico del club mientras nos muestras las armas. “Esto es un sable”, continúa, “procede de la caballería, los golpeos son laterales porque vienen desde el caballo. Es un arma que viene de la antigüedad y de un uso militar en batallas y guerras. La esgrima es el único deporte de origen español. No es que seamos los buenos, pero somos los que nos anticipamos y establecimos la normativa”.

Las clases se imparten en el polideportivo San Fernando de Cuenca. / Cadena SER

Además de la espada y el sable, la esgrima también se practica con el florete, una mezcla de las otras dos armas, más ligera, pero que en este club no utilizan en sus clases. “De hecho solo tenemos uno”, apunta Gabi mientras nos lo enseña. “En el combate con florete solo se puede tocar con la punta, como la espada, y solo se puede impactar en el tronco”.

Clases para todas las edades

El club de esgrima Espadas Colgadas oferta clases en estas instalaciones del polideportivo San Fernando de lunes a jueves de 16.00 a 22.00 h. Comienzan con los más pequeños y terminan, a partir de las 20.00 h, con los adultos. En las primeras dos horas se dan las clases de las Escuelas Municipales del Ayuntamiento de Cuenca. “Todas las clases son de una hora y se dan dos por semana en cada categoría”, explica Martínez. “La gente que va a competiciones regionales, nacionales o internacionales, hacen de tres a cuatro sesiones por semana de una hora y media a dos horas”.

“Desde el club de esgrima y desde la Escuela Municipal cogemos a niños desde los cinco años de edad”, explica Gabi. “Cuando comienzan simplemente es una especie de anticipo, que vayan conociendo el deporte sin darse casi cuenta. En realidad, la esgrima la hemos practicado todos aún sin saberlo. Quién no ha cogido un palo y ha jugado a los piratas con un amigo. Aquí les dotamos de una seguridad y de unas normas para que no solo sea dar al otro. Aquí tocamos, no golpeamos”.

Dos jóvenes alumnos del club conquense practican la esgrima. / Cadena SER

Desde este club de esgrima también se preparan alumnos para competiciones, “aunque este año, aún con la pandemia y sus consecuencias, estamos reestructurando los grupos que, con los cambios de edad nos han flaqueado un poco los que son realmente de competición. Los que cumplen dieciocho ya se van fuera”, explica Martínez. “Ahora estamos en una especie de stanby organizando de nuevo todo con el grupo de competición que tenemos con vistas a la próxima temporada en la que es muy probable que pugnen en varias categorías”.

El empeño de unos locos de la esgrima

El club de esgrima Espadas Colgadas de Cuenca se creó en 2010 a iniciativa de “varios locos que habíamos practicado este deporte en algún momento de nuestras vidas”, nos relata uno de los fundadores y actual presidente, Iñaki Ocaña. “Se dio la circunstancia de que la Universidad de Castilla-La Mancha compró un material que, no es que sea caro, pero para iniciar sí es un desembolso grande, y ese fue el primer germen del club impulsado por varios profesores de la universidad y algunos otros que estábamos detrás de esta idea”.

Con una cantera de unos 60 niños y adolescentes y cerca de una veintena de adultos, el club se centra tanto en la formación y en la preparación para la competición, como en la exhibición de la esgrima. “En el último festival de Otoño de Cuenca estuvimos haciendo muestras deportivas”, explica el presidente del club. “Hemos hecho cursos de esgrima escénica, de esgrima histórica o de sable de luz que se puso de moda con las películas de Star Wars. Casi todo lo que tenga que ver con la espada lo hemos hecho y, en Cuenca, cuando en alguna actividad hay una espada o un sable, casi con seguridad estamos nosotros detrás”.

Iñaki Ocaña, presidente del club de esgrima Espadas Colgadas de Cuenca. / Cadena SER

Iñaki Ocaña comenzó la práctica de la esgrima animado por un amigo. “Llevo once años enganchado”, dice. “Ahora ya no compito tanto como antes. Al principio sí lo hacía a nivel nacional y nos lo pasábamos en grande. Estuve a punto de clasificarme para un campeonato de España absoluto. Una maravilla”. La esgrima, dice, “te engancha”. “Si te gusta lo hará para siempre. Es adrenalina, es estrategia, es táctica, es picardía. Como deporte físico es muy exigente en la alta competición, pero ya solo como ocio mejoras muchas capacidades como elasticidad, flexibilidad, reflejos, equilibrio, ganas algo de fondo. Lo puede practicar casi cualquier persona”, explica Ocaña.

Jóvenes con futuro en la esgrima

Mauro tiene quince años y lleva desde los seis practicando la esgrima. “De pequeño era un poco bélico”, nos cuenta, “y pensaba que la esgrima era otra historia”. “Cuando me apunté descubrí que no era lo que me esperaba porque yo tenía otra idea de los videojuegos y las películas, pero me gustó. Entonces pensé: en el fútbol soy bueno de portero, en el baloncesto soy demasiado bajito y en el voleibol salto poco. ¿Por qué no la esgrima? Y me apunté. Al principio no me esforzaba mucho. Era muy pequeño y no sabía muy bien lo que quería hacer. Hasta que ya me di cuenta de que sí me gustaba y empecé a competir”. Competiciones que le llevaron a un sexto puesto en un campeonato nacional con once años. Mauro ha practicado desde pequeño la disciplina del sable “porque soy bajito”, dice, “pero ya llevo un año que he comenzado también con la espada”, y confiesa que le gustaría llegar al centro de alto rendimiento, seguir practicando este deporte y compaginarlo con los estudios, “pero es algo complicado porque los clubes de Madrid y Barcelona tienen un número muy superior de deportivas y con más calidad”.

Álvar y Víctor tienen catorce años y Lucía quince. Los tres están tirando por turnos uno contra otro mientras el tercero arbitra. “Estamos practicando asaltos con chaquetillas eléctricas conectadas a los aparatos de puntaje”, nos cuenta Álvar. Víctor es, de los tres, el más novel y reconoce que aún lleva un poco mal esta práctica. Lucía sonríe. “En mi caso, no lo llevo la que mejor del club, pero no va mal del todo”, dice ella, que se apuntó a la esgrima en 2014 “sin saber muy bien porqué. Me llamó la atención y quise probar algo diferente. La experiencia ha sido muy buena. Aquí sigo después de siete años y no tengo idea de irme”. Álvar lleva también siete años y cuenta en su haber con un subcampeonato de España conseguido hace dos años.

Clases gratis

“Hasta que no lo prueban no lo conocen”, sentencia el director técnico del club, Gabriel Martínez. “Todo el que tenga la más mínima inquietud está invitado a venir. Desde el club invitamos a una prueba gratuita de dos clases”.

“Que no se lo piensen, que se vengan, que prueben y seguramente les va a gustar porque es un deporte que engancha”, anima el presidente del club, Iñaki Ocaña.

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