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LEVANTE UD - OPNIÓN

A Quico Catalán no le salva del suspenso ni el profesor Tebas

Un sector del levantinismo ya no ve a Quico Catalán como un referente, ni como un salvador y considera que debe marcharse al finalizar la temporada porque es la raíz del problema

Quico Catalán en el palco de Orriols(GettyImages)

Valencia

Javier Tebas le tiró un capote a Quico Catalán poniendo en valor la gestión que el presidente del Levante ha realizado desde que accedió al cargo en el año 2010 y con una visión periférica tras doce temporadas al frente de las decisiones económicas y deportivas de la entidad granota.

El presidente de la Liga de Fútbol Profesional considera que los aficionados que solicitan la dimisión de Quico Catalán no son justos en el análisis global de un club que estaba en la ruina cuando él llegó y en la comparativa con la situación en la que lo dejará cuando decida marcharse. Discurso real e impecable.

Es cierto que el fútbol no tiene memoria y vive del último resultado, pero el Levante no es colista de Primera por una mala temporada, es el peor colista de la historia de la Liga como consecuencia de una negligente administración de sus recursos durante los tres últimos ejercicios. 

Además de las pérdidas económicas generadas por la pandemia se han tomado malas decisiones deportivas que han devaluado el nivel competitivo de una plantilla y al mismo tiempo se han triturado muchos millones de euros en traspasos desproporcionados, renovaciones a la carta y rescisiones impropias de un modesto de la competición.

El problema del Levante no está en descender de categoría porque con Quico Catalán ya se bajó a Segunda división en 2016 y nadie se rasgó las vestiduras, ni se abrió en la ciudad un debate sobre su continuidad o sobre su legitimidad accionarial con la Fundación como pantalla.

Ahora, la cuestión va mucho más allá porque hay una falta de credibilidad en la figura de ese ejecutivo de alta dirección, que lejos de aportar soluciones para salvar un proyecto deportivo lo ha dinamitado con la destitución de dos entrenadores, dejando al equipo en manos de un técnico superado y sin experiencia, despidiendo a una dirección deportiva renovada en abril y afrontando un mercado de invierno sin estructura, sin dinero, con una plantilla desquiciada, con un déficit de 23,2 millones de euros y con una notable desafección social.

La tormenta perfecta no se ha generado en pocas semanas, ni por casualidad, ni es una consecuencia exclusiva del virus y es lógico que los aficionados se pregunten si hay alguien al volante. Un sector, cada vez más numeroso, ya no ve a Quico Catalán como su referente, ni al salvador y considera que debe marcharse al finalizar la temporada porque se ha convertido en la raíz del problema.

Hace una década los levantinistas se enorgullecían de un lema en el que su grandeza residía en la humildad de su gestión y de sus valores. Aquel Levante nunca le perdió el respeto al dinero porque tenía que superar un durísimo concurso de acreedores, jamás menospreció códigos del fútbol, ni traspasó líneas rojas fronterizas entre los despachos y los vestuarios, factores innegociables en latitudes profesionales y de máxima exigencia, que en nada se parecen a la improvisación y el amateurismo que se ha instalado en el funcionamiento interno de la entidad durante los últimos meses.

Todo lo demás es puro maquillaje del profesor Tebas en el intento de salvar del escarnio público a uno de sus paladines en la LFP.

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