El viaje de un corazón para volver a latir

Un reportaje de Aimar Bretos, Víctor Olazábal y Alejandro Becerra

Un trasplante de corazón empieza con una llamada que activa una cuenta atrás: el tiempo que corre hasta que el órgano del donante se implanta en el cuerpo del receptor. Esta historia recorre todo el operativo que se organiza tras esa llamada.

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Juan tiene 43 años. Desde los 28 ha sufrido 5 infartos y en las últimas semanas ha tenido que ingresar de urgencia en el hospital Puerta de Hierro de Madrid. No hay más tiempo. Parte de su corazón no se desempeña como debería; él sabe que sólo le funciona "un cachito". El resto del órgano está muerto. Los médicos han sido muy claros: sin un trasplante inmediato, su esperanza de vida se verá reducida a dos años como máximo. En algún momento de 2023, que no podemos especificar, Juan ha permanecido ingresado en planta, después ha pasado a una UCI y a un quirófano. En unas 18 horas ha recibido un trasplante de corazón.

Pero viajemos al principio. Un día, tras una llamada, los coordinadores de trasplantes del hospital madrileño han subido a su cama y le han dado la noticia: hay un corazón para él, con un porcentaje muy alto de compatibilidad. Juan es optimista, pero sabe que no es fácil. No es la primera vez que un grupo de cirujanos viaja a por un órgano y vuelve con las manos vacías. En un momento de la tarde todo se ha puesto en marcha. Los médicos han subido a Juan a una unidad de cuidados intensivos y afronta con esperanza lo que va a ser una larga noche y mañana. También con algo de miedo.

Estoy emocionado, con nervios de poder vivir de nuevo. Es tener una segunda oportunidad" Juan, el receptor

Un trasplante de corazón en España comienza con una llamada. Es el inicio de una cadena que tiene un principio y un fin. El objetivo es que A, que en este caso es Juan, reciba el corazón de B, un donante anónimo que ha fallecido en algún hospital del territorio español, en las condiciones que estipula la ley. Un equipo de 'Hora 25' ha podido seguir toda la cadena de solidaridad desde esa llamada hasta el despertar de Juan con un nuevo corazón. Pegados a un equipo de médicos del Puerta de Hierro. Un operativo cubierto por la sanidad pública de nuestro país que sigue unos protocolos muy engrasados que incluyen logística, cirugía precisa y eficiencia de los recursos.

La llamada se recibe en la sede central de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Es una institución que depende del Ministerio de Sanidad y en la que trabajan 45 personas. La sala desde la que se produce el contacto con un hospital es reducida, con seis puestos que ocupan normalmente enfermeras o médicas. Los teléfonos nunca paran de sonar. Hay varios objetos importantes: una pizarra con datos en la que aparecen los horarios de algunos aeropuertos o por quién preguntar en una situación determinada. También una lista con los pacientes que necesitan un trasplante urgente. Son pacientes en urgencia cero, es decir, aquellos que tienen prioridad sobre otros enfermos que, aunque necesiten un órgano, no lo requieren en un periodo corto de tiempo.

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La ONT recibe llamadas pero también las hace cuando tiene un órgano para ser trasplantado. El teléfono se descuelga en un hospital cualquiera de toda España. En este caso es el situado en Majadahonda (Madrid), que cuenta con una unidad de coordinación de trasplantes. Allí trabajan David Uruñuela y Carlina García. Ellos se reparten las 24 horas una guardia permanente para los receptores a su cargo o los posibles donantes que haya en su hospital. En esa primera llamada de la ONT al Puerta de Hierro hay un intercambio de datos clave: grupo sanguíneo, edad, género, causa del fallecimiento del donante y, por supuesto, urgencia.

"Hoy me han dicho que posiblemente haya uno. Van a verlo y si todo va bien me lo ponen hoy", explica Juan desde la UCI. "Hasta que no estamos seguros de que vamos a ir a ver el órgano no les decimos nada. Es un baile de emociones que no tiene sentido", apunta Carlina. Hay órganos que por sus características y disponibilidad solo pueden ser trasladados por vía aérea. El corazón, como ocurre con Juan, tiene un tiempo de isquemia de 4 horas, es decir, el tiempo máximo que un órgano puede pasar "desconectado" del cuerpo. Es muy poco tiempo para que el traslado sea en ambulancia. El avión es la única solución.

Cartel de coordinación de trasplantes

"El menor tiempo posible" es la expresión que más se va a repetir en las horas que dura el operativo. "Teniendo los datos de la ONT hablamos con las personas del equipo, cardiólogos y cirujanos cardíacos, para ver si el corazón con esas características sirve para nuestro receptor. Si vemos que sí, ponemos todo en marcha: volvemos a hablar con la ONT, ellos hablan con el hospital donante y organizamos a todas las personas que tienen que ir allí y que preparan aquí al paciente", explica García.

Ese "todas las personas" en este caso son tres cirujanos cardíacos, un intensivista rotante y una enfermera instrumentista. Además, se ha dispuesto una ambulancia para el traslado al aeropuerto, un avión privado con dos pilotos cedido por una empresa y el personal implicado en el hospital donante. Hasta la llegada a ese centro, todo es relativamente tranquilo, pero tras el explante los tiempos se aceleran.

Ambulancia

"¿Cómo decidimos que un órgano sirve para una persona u otra? Lo primero: el mismo grupo sanguíneo, después un tamaño parecido y la tercera cosa es la gravedad. Eso lo sabemos porque todas las semanas los equipos médicos interdisciplinares nos reunimos y vemos cómo están los pacientes de nuestra lista. En igualdad de condiciones, priorizamos al paciente que está más grave. Todo se hace con muchísima claridad, pero el tiempo de espera es incierto porque depende de que haya más o menos órganos. En todo caso, tienen la seguridad de que irá primero quien más lo necesite", aclara la coordinadora de trasplantes.

Es duro y complicado, pero hay veces que uno no entra en lista de espera porque la supervivencia es corta" David Uruñuela, enfermero

"La esperanza de vida la tienes en cuenta antes de incluir a un paciente en lista de espera. Lo que queremos con el trasplante es convertir una enfermedad, que es terminal si no hacemos nada, en una enfermedad crónica en la que el paciente deberá llevar una medicación, pero con una vida relativamente normal. El equipo de cardiólogos valora si, según la esperanza de vida, tiene sentido incluir al paciente o no porque al final no podemos arriesgarnos a perder algo tan valioso y escaso como un corazón. Es duro y complicado, pero hay veces que no entra en lista de espera porque la supervivencia es corta", añade Uruñuela.

Juan es un paciente joven, pero muy enfermo. Todo se hace con un objetivo: que pueda vivir más. Mucho más. Carlina ha activado al equipo que viaja un par de horas antes. Hasta ese instante, el teléfono echa humo porque tiene que llamar individualmente a todos los implicados, incluido el conductor de la ambulancia y la empresa que cede el avión. Los cirujanos que viajan no son los mismos que luego implantan el corazón, porque ese grupo se quedará en Madrid preparando a Juan en un preoperatorio largo y complicado. El primer grupo observará el corazón, comprobará su validez y lo extraerá, para traerlo en una nevera refrigerada. "Todo el mundo tiene que estar preparado, para que nadie espere. Tienes que ir un poco por delante. No puede haber ninguna improvisación, salvo en los momentos críticos", explican alternándose los dos coordinadores de trasplantes.

A la hora establecida, todo el equipo está listo. La ambulancia cabalga hasta la terminal ejecutiva del aeropuerto de Barajas para coger otra "ambulancia", en este caso aérea. Después de un control muy laxo de equipaje (los cirujanos llevan todas sus herramientas) un avión de una compañía privada espera a los 7 pasajeros. "Nuestro nombre tiene una 'H' al final, con este identificativo tenemos prioridad y nos acortan las rutas", comenta uno de los pilotos.

Icono auriculares Los cirujanos explican lo primero que hacen cuando ven el cuerpo del donante

"Los médicos siguen siempre los mismos pasos: lo primero es valorar el estado del corazón del donante"

Durante el vuelo, algunos cirujanos repasan los datos que les ha proporcionado la coordinación de transplantes. Se trata de información parecida a la que reciben originalmente de la ONT, a la que añaden el transcurso hospitalario del donante o, en el caso de que sea mayor, si por ejemplo ha sido sometido a un cateterismo. ¿Qué es lo primero que tienen que hacer cuando lleguen al quirófano? "Lo primero es valorar las pruebas en el papel. Después, valorar a nivel externo cómo está el paciente, si necesita muchas drogas para que el corazón se siga contrayendo bien y mantenga la presión arterial. Finalmente, hacemos una externotomía y valoramos cómo se mueve el corazón: palpamos la aorta, los grandes vasos, cómo se contraen los ventrículos", relata la cirujana Elsa Carolina Ríos.

Lo más importante es proteger el órgano justo antes de su salida del cuerpo. "Es muy delicado. Cuando no lo conservas bien, no late. Así de simple. Si cuando estás cortando llevas un pedazo de traquea, da igual, se lo quitas y luego le colocas el corazón en condiciones. Si llevas un corazón cortado perfectamente que no late, no te sirve de nada". Elsa ya participó en un operativo similar, con el mismo receptor, Juan, pero no salió bien. "Nos volvimos con las manos vacías, que siempre da un poco de pena, pero era lo mejor", recuerda.

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Mientras el equipo vuelva, Juan vive su particular cuenta atrás. Los médicos intentan preparar al receptor para todas las opciones posibles y lo hacen con pequeños objetivos. A veces los bloques de información son muy crudos: hay hora para el quirófano o se van todos para casa.

En las donaciones multiorgánicas, como ocurre en este caso, pueden converger varios equipos de diversos hospitales. Cada uno viene, literalmente, a por un órgano. Cuando los cirujanos cardiovasculares del Puerta de Hierro llegan al hospital donante, hay tres médicos hepáticos trabajando en el cuerpo. "Envuelven los intestinos con gasas, porque entorpecen la visión del hígado o el páncreas", explica Erica Martínez Olmo, enfermera instrumentista. En un momento practican una apnea, para que los pulmones dejen de hincharse con aire y pueda utilizarse la sierra de externotomía y ver, ahora sí, el corazón.

A medianoche, hay otra llamada. "Corazón válido". Es la frase que necesita Madrid para dar el siguiente paso. Una vez evaluado el órgano, el equipo que ha partido del Puerta de Hierro tiene que esperar a que el resto de grupos valoren sus órganos. El corazón es lo primero y lo último que se saca a la vez. ¿Por qué? Porque es el que bombea sangre al resto de órganos y hasta que no se quiera sacar o "disecar", como explican, debe permanecer ahí. Al mismo tiempo es el primero en salir porque cuando se produce el clampaje, es decir, el pinzamiento para que salga el corazón, es cuando comienza la isquemia, la cuenta atrás. Todos los equipos tienen que hacerlo a la vez.

Icono auriculares El momento en el que los cirujanos abren el externón

"¿Veis? Aquí está la vena, preciosa, larga, con muy buena calidad de pared. Y tenemos una arteria que vamos a limpiar un poco más".

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"El detonante de salida es 'órgano válido'. Hasta entonces, si vamos muy justos, como mucho podemos acerca el paciente al quirófano, pero sin hacer nada. Él sabe que no vamos a hacer nada hasta ese momento", dice Carlina García. Los médicos tienen unos 'taperware' que se rellenan de líquido de preservación, completamente herméticos, donde va el corazón flotando. Eso se recubre de bolsas estériles y se mete en una nevera con hielo. "Lo ideal es que en menos de cuatro horas esté latiendo otra vez, ¿quisieras correr más? Sí, pero hay cosas que se salen de nuestras manos", explica Elsa. En el avión de vuelta, los facultativos aprovechan para descansar y comer algo. El operativo ya acumula unas ocho horas.

Equipo sanitario en el avión
En el hospital

A la llegada de vuelta al Puerta de Hierro, se produce una curiosa coreografía. Mientras unos se cambian a toda prisa, se van turnando la maleta con el corazón para dirigirla directamente al quirófano donde está Juan. Nada se detiene. Y cuando llega, Juan ya tiene el tórax abierto. Sacan el corazón, que está visiblemente afectado, e introducen el del donante. "Dicen que es muy bueno", susurran los médicos del implante. Lo primero es juntar las aurículas izquierdas entre el donante y el receptor, luego la arteria pulmonar, la aorta y finalmente las venas cavas. Es un trabajo de costura delicadísimo.

Icono auriculares El momento en el que se implanta el corazón en el receptor

"El implante de un corazón en un receptor es un trabajo de costura muy delicado"

En la operación, el intercambio de información entre la pléyade de cirujanos y anestesistas es constante. Las órdenes se repiten y todos se acuerdan del paso inmediatamente anterior. Hay una pantalla, con datos. "Son cifras importantes como la tensión arterial, la saturación de oxígeno, la monitorización de la perfusión de oxígeno, la temperatura a la que está el paciente. Es importante verificar que todo funciona correctamente", señala Fernando Arízaga, cirujano.

En la operación

Hay unos segundos en los que el cuerpo funciona sin corazón; y unos minutos en los que, aun con el corazón nuevo ya puesto, los órganos se oxigenan con un aparato externo. Es una máquina de perfusión, que a simple vista tiene varios tubos grandes y muchísimos cables a través de los que circula la sangre. "Al igual que en otras cirugías cuando hay que detener el corazón, tenemos una máquina de circulación extracorpórea, con un perfusionista, que bombea sangre al resto del cuerpo", apunta Fernando.

Herramientas quirurjicas
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Preparando el órgano

En la planta de abajo, aguarda impaciente la familia de Juan. "Creía que no llegaba. Estaba muy mal. Ojalá vaya todo bien", dice su madre. Llevan desde primera hora de la tarde esperando a alguna noticia. Lo normal es que después de la operación, la cirujana que ha dirigido el implante hable directamente con ellos. No saben que unos metros por encima de sus cabezas, ya ha llegado el momento clave. "Una vez que se encuentran las venas de las estructuras de grandes vasos y aurícula, desclampamos, la sangre vuelve a circular al corazón nuevo y comienza a latir", dice Fernando. "Salimos de bomba y dejamos que la circulación extracorpórea ya no funcione. Que regrese la circulación de sangre y empieza a latir. En ese punto sabemos si el implante ha ido bien", añade.

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A unos minutos de las cinco de la mañana, el nuevo corazón de Juan empieza a latir con fuerza. Ahora solo queda revisar que no haya puntos de sangrado, mientras aumentan el flujo de sangre al nuevo órgano. "La esternotomía hay que cerrarla. Se hace con una costura de metal que es más gruesa", dice el intensivista Sergio García. Recordemos que hay que cerrar el esternón. "Cortan los dos extremos y enrollan el alambre sobre sí mismo", dice.

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"Después de un trasplante estamos muy pendientes de monitorizar el rechazo, al final es un órgano ajeno. Damos una medicación que baja un poco las defensas y tenemos que hacer biopsias para confirmar que el cuerpo no lo rechaza", dice Mercedes Rivas Lasarte, adjunta de Insuficiencia Cardíaca y Trasplante del Puerta de Hierro. "Puede llevar una vida prácticamente normal. Ahí es cuando se convierte en una enfermedad crónica. Debe tener más cuidado con la comida, con la higiene, con las infecciones, pero va a llevar una vida normal", añade David Uruñuela.

En la operacion

Juan se despertó seis horas después de la operación y a los cuatro días salió de la UCI. "Me han dicho los médicos que el corazón ha sido adaptado para mí. Han alucinado. La estatura igual, el volumen y mira que es difícil que sea igual", dice sonriente en su habitación. "Me noto más fuerte. Antes estaba más 'plof', ahora poco a poco voy sintiendo fuerza. No te digo que voy a correr la maratón de Madrid, pero... Eso sí, no pensaba que iba a venir la radio, pero igual hasta me hago famosillo y todo. Nos iremos a la playa una semanita a comer marisco y ya está", sentencia Juan, alegre.

Varios días de espera sin saber cuándo te puede volver a fallar tu corazón enfermo, casi 24 horas de operativo y otros tantas jornadas de una UCI a una planta de hospital. Una cadena de solidaridad, de sanidad pública; una victoria de todo un sistema que, pese a los recursos limitados, hace lo imposible para que todo salga bien. Hoy todo ha salido bien.

Créditos de equipo

Dirección: Aimar Bretos

Producción: Alejandro Becerra

Guion y edición: Víctor Olazábal

Texto, fotografía y video: Alejandro Becerra y Víctor Olazábal

Diseño y maquetación: Daniel Roses y Laura Zamorano

Coordinación digital: Yolanda Pavón y José Rodríguez Rosa

 
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