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Sociedad

El turismo de la sidra: mucho más que una experiencia gastronómica en Euskadi

Los datos confirman un aumento de este producto turístico ya que las solicitudes de visitas a sidrerías han aumentado en un 30%, lo que refleja el creciente interés por este tipo de experiencias

Ser Viajeros Euskadi - La Ruta de la Sidra

En plena temporada de sidra, Euskadi vuelve a demostrar que esta tradición va mucho más allá de la gastronomía. Lo que durante décadas fue un producto ligado al consumo local se ha convertido hoy en una experiencia cultural, social y turística de primer nivel, capaz de atraer cada año a miles de visitantes.

La sidra y las sidrerías forman parte del ADN del territorio, especialmente en Gipuzkoa, donde el ritual del txotx marca el calendario y reúne tanto a locales como a viajeros que buscan vivir una tradición auténtica. Tal y como explica Olatz Michelena, coordinadora de la Asociación de Sidrerías de Gipuzkoa, la evolución del sector ha sido clave para este crecimiento: “La sidra ha sabido adaptarse a cada momento, tomando decisiones sectoriales que han permitido su apertura al turismo”.

Del producto local a un reclamo turístico

Las sociedades gastronómicas, los bares y posteriormente la hostelería fueron fundamentales para que la sidra saliera de las bodegas y comenzara a embotellarse, dando origen al concepto del txotx. Este ritual, en el que se degustan las nuevas sidras directamente de la kupela, se ha convertido en uno de los grandes atractivos para quienes visitan Euskadi.

“La sidrería es tan atractiva para quien viene de fuera como para quien es de aquí”, destaca Michelena. Y es precisamente esa autenticidad —ver cómo los propios locales recorren las bodegas y comparten la experiencia— lo que hace que el visitante se sienta parte de la tradición.

Dentro de la Ruta de la Sidra del País Vasco, la experiencia estrella es la visita guiada a la sidrería, una propuesta que puede complementarse con transporte desde Donostia y con visitas a espacios culturales como Igartubeiti, Albaola, queserías o bodegas de txakoli. Todo ello sin perder la esencia: la sidra es la protagonista y el menú acompaña a su degustación, y no al revés.

Además, uno de los aspectos mejor valorados por los visitantes es el contacto directo con el productor. “Poner cara a las personas y a las familias que están detrás de cada sidrería es algo que marca la diferencia”, señalan desde la asociación.

El turismo de la sidra también se ha adaptado a planes familiares. Cada vez son más las sidrerías que ofrecen mosto de manzana pasteurizado, un producto natural y de calidad pensado para quienes no consumen alcohol y para el público infantil. A ello se suman talleres de elaboración de zumo de manzana, especialmente atractivos durante la temporada de cosecha.

Crecimiento del turismo y proyección internacional

Los datos confirman el auge de este producto turístico: en la comparativa de las temporadas 2023-2024, las solicitudes de visitas a sidrerías han aumentado en un 30%, lo que refleja el creciente interés por este tipo de experiencias.

El impacto va más allá de las bodegas, ya que quienes visitan sidrerías suelen alojarse en el territorio, visitar otros espacios turísticos y consumir en restaurantes, generando un importante retorno económico. Además, el sector apuesta por la venta directa y el comercio electrónico, así como por los envíos internacionales.

La internacionalización es uno de los grandes retos de futuro, con proyectos como la ampliación de la Denominación de Origen y la iniciativa europea Malus Bat, que busca crear una red internacional de bodegas de sidra y experiencias ligadas al territorio.

La temporada de sidra es, en definitiva, una vivencia que conecta historia, territorio y personas. No se trata solo de comer y beber, sino de compartir, sentir y vivir una tradición que sigue evolucionando sin perder su esencia.

Porque en Euskadi, la sidra no solo se prueba: se vive

Coro Tellechea

Llevo en Radio San Sebastián 24 años desempeñando...