Jon Madrazo, referente del fútbol de bronce, cuelga las botas para ser bombero: “Es un tren que no podía dejar pasar”
Madrazo militaba en las filas del Sestao River
Jon Madrazo, referente del fútbol de bronce, cuelga las botas para ser bombero: “Es un tren que no podía dejar pasar”
Jon Madrazo se marchó de Las Llanas como solo lo hacen los futbolistas que dejan huella: entre lágrimas, aplausos y la sensación de cerrar una etapa demasiado pronto. El extremo de Ortuella, uno de los rostros más reconocibles del fútbol de bronce en los últimos años, colgó las botas a los 33 años no por una decisión deportiva ni por falta de ilusión, sino por la vida. El pasado fin de semana disputó su último partido con el Sestao River frente al Ejea, consciente de que el siguiente paso ya no estaría sobre el césped, sino al frente de una nueva vocación: la de bombero.
En los micrófonos de SER Deportivos Bilbao, Madrazo reconoce que la despedida fue imposible de disimular. “No suelo llorar, pero se me cayeron las lágrimas al salir del campo”, admite. Una emoción contenida durante años de sacrificio, viajes y campos imposibles, que afloró en el momento menos pensado. Porque, como él mismo explica, la decisión llevaba tiempo tomada, aunque el adiós haya sido tan rápido como inesperado.
Una vida en el fútbol de bronce
Hablar de Jon Madrazo es hablar de kilómetros, de camisetas distintas y de una carrera construida desde abajo. Apurtuarte, Zamudio, Arenas, Gernika, Leioa, Burgos, Real Unión, Calahorra, SD Logroñés, UD Logroñés y, por último, Sestao River. Un auténtico trotamundos del fútbol de Segunda B y Segunda Federación, siempre reconocible por su cresta y por una forma de jugar directa, intensa y comprometida.
En Sestao, en apenas unos meses, se convirtió en un jugador importante dentro y fuera del vestuario. Disputó 15 partidos, la mayoría como titular, firmó un gol y fue un recurso constante por banda. Más allá de los números, dejó algo más difícil de medir: carácter, profesionalidad y sentimiento de pertenencia. “Pensaba que iba a ser un día muy triste, pero fue uno de los más felices que recuerdo”, resume sobre su despedida en Las Llanas.
Un futuro con casco y manguera
El fútbol se queda atrás, pero no el esfuerzo. Madrazo ha aprobado varias oposiciones y ha sido llamado para formarse como bombero, una profesión que le ilusiona desde pequeño. “Es un tren que no podía dejar pasar”, explica. Compatibilizar entrenamientos, partidos y estudio no ha sido sencillo, pero el premio merece la pena. “Es una profesión dura, pero muy bonita. Ayudar a la gente es algo que llena”.
Ahora afronta meses intensos de formación, exámenes y adaptación. Apenas ha tenido tiempo para echar de menos el balón, aunque confiesa que el primer fin de semana sin jugar se le hizo extraño. Aun así, se marcha en paz. Su último recuerdo como futbolista es una victoria, un homenaje y el reconocimiento de todo un vestuario y una afición.
El fútbol de bronce pierde a un referente. El cuerpo de bomberos gana a alguien acostumbrado a no rendirse.