Cómo convivir con la incertidumbre después de los 65: las claves del psicólogo Ricardo Bravo para “vivir y no solo sobrevivir”
La sección Palabras Mayores aborda el miedo al futuro, la soledad y la sobreinformación con consejos prácticos para reforzar el bienestar emocional
Cómo convivir con la incertidumbre después de los 65: las claves del psicólogo Ricardo Bravo para “vivir y no solo sobrevivir”
Nunca ha existido una vida completamente segura, pero la sensación de incertidumbre parece haberse intensificado en los últimos años, especialmente entre las personas mayores. En un nuevo episodio de la sección Palabras Mayores de Hoy por Hoy Bilbao-Bizkaia, el psicólogo clínico Ricardo Bravo de Medina ha puesto el foco en cómo afrontar ese malestar cotidiano y ha dejado una idea central: no se trata de eliminar la incertidumbre, sino de aprender a relacionarse con ella.
La incertidumbre forma parte de la vida (y también del crecimiento)
El especialista recordó que el ser humano está preparado para convivir con lo incierto y que el problema no es su existencia, sino la manera en la que cada persona se enfrenta a ella. Comprender esto, explicó, es el primer paso para evitar un empobrecimiento emocional y una mayor sensación de caos interno.
Aprender a tolerar el malestar, identificar las emociones y procesarlas resulta clave para no interpretar los límites como un fracaso personal.
Más información, pero menos preparación emocional
La sociedad actual vive hiperconectada, pero eso no significa estar mejor equipada para gestionar lo que se siente. Saber lo que ocurre en el mundo no garantiza saber qué hacer con el miedo, la tristeza o la rabia.
El psicólogo alerta de que la información sin “digestión emocional” puede sobreestimular en lugar de tranquilizar y que muchas personas confunden estar al día con estar a salvo.
Recuperar la atención para reducir la ansiedad
Entre las recomendaciones prácticas, Bravo destaca la necesidad de recuperar el control sobre aquello que ocupa la mente. La vida, señala, es en gran medida aquello a lo que prestamos atención, por lo que reducir el ruido externo se convierte en una herramienta fundamental para el equilibrio emocional.
La sobreexposición a estímulos constantes dificulta el pensamiento crítico y la capacidad de profundizar, factores esenciales para tomar decisiones con serenidad.
Pequeños gestos que cambian el rumbo
Lejos de fórmulas rápidas, el experto defiende cambios cotidianos capaces de marcar diferencias reales: escuchar al cuerpo antes de que “grite”, desconectar el piloto automático, hablar de verdad con alguien y pedir ayuda sin interpretarlo como una derrota.
También ha subrayado la importancia de tomarse en serio el sufrimiento cotidiano y no esperar a que la situación sea extrema para intervenir.
“No estamos mal porque seamos frágiles”
Una de las reflexiones más contundentes de la conversación ha apuntado al cansancio emocional como una de las grandes señales de la época actual. Según el psicólogo, muchas personas se sienten agotadas de vivir desconectadas de sí mismas y de los demás, algo que no se soluciona con optimismo superficial.
En ese contexto ha lanzado una crítica directa a ciertos mensajes motivacionales: “Eso del ‘tú puedes’, ¿qué es? Que alguien me lo explique”. Para el especialista, ese tipo de consignas pueden convertirse en una negación del propio mundo emocional si impiden reconocer los límites personales.
La soledad, una herida silenciosa
Durante la entrevista también ha emergido una frase que resume buena parte del malestar contemporáneo: “la soledad muerde”. No se trata solo de miedo al futuro, sino de la sensación de afrontarlo sin red emocional suficiente.
Antes, ha apuntado, existía mayor sostén comunitario; hoy hay más recursos materiales, pero menos apoyo real, lo que puede dejar a muchas personas sin aire cuando la vida aprieta.
Vivir con sentido, no con estados perfectos
Para construir una vida satisfactoria, el psicólogo apela a llenarla de acciones coherentes y a elegir internamente a qué vincularse, incluso cuando las circunstancias no son favorables.
El sentido vital, recuerda, debe buscarse desde quién es cada persona y no desde el ideal que otros esperan, algo que exige parar, observarse y pensar.
Una conversación para acompañar, no para alarmar
El mensaje final dejó una invitación clara: abrir espacios donde sea posible detenerse, reflexionar y hablar sin miedo. Pensar juntos, concluyó, también es una forma de cuidado.
En tiempos de incertidumbre, la propuesta no pasa por negar el malestar, sino por crear vínculos, recuperar el tiempo propio y construir entornos donde vivir no signifique únicamente resistir.