26.000 discos y una historia: el archivo que protege la memoria de Radio San Sebastián
El Archivo Vasco de la Música, Eresbil, conserva fondos sonoros, miles de partituras y registros que forman parte del patrimonio musical

26.000 discos y una historia: el archivo que protege la memoria de Radio San Sebastián
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Nos adentrarnos en uno de los lugares más especiales para Radio San Sebastián: Eresbil, el Archivo Vasco de la Música. Entre sus muros se conservan, en perfectas condiciones y con un cuidado exquisito, los fondos sonoros de esta emisora junto a miles de partituras y registros que forman parte de la memoria musical de nuestro país.
Ubicado en un edificio de cuatro plantas y más de 1.300 metros cuadrados, Eresbil se ha consolidado desde 1974 como una institución clave en la investigación, conservación y difusión del patrimonio musical vasco. Nacido al amparo del festival Musikaste e impulsado por su primer director, José Luis Ansorena, el archivo ha evolucionado hasta convertirse en una fundación respaldada por las instituciones.
En el Día de la Radio, la primera pregunta es inevitable: ¿Qué significa este medio para quienes trabajan cada día con el sonido?
Para Pello Leiñena, director de Eresbil, la respuesta es fácil: “Todos somos ya de una generación que hemos nacido con la radio, antes incluso que con la televisión”, recuerda. “La radio articulaba nuestro día: el despertar, las noticias, los programas de la tarde… En casa siempre estaba viva, dándonos ritmo vital”.
Para Jaione Landaberea, la coordinadora técnica del archivo, “la radio es una parte muy importante de nuestra memoria. Yo recuerdo desayunar escuchando Los 40 Principales antes de ir al colegio o a la universidad. Y mi madre, en la cocina, siempre con la radio de fondo. Era algo que nos acompañaba constantemente”.
De un armario con partituras al Archivo Nacional Vasco
La historia de Eresbil comienza en 1974, en un contexto social y cultural convulso, pero también de efervescencia creativa. Ansorena, capuchino destinado a Errenteria e hijo del histórico txistulari municipal donostiarra, impulsó la Coral Andra Mari y planteó organizar una semana dedicada a la música vasca: el festival Musikaste.
Para programar aquella semana era necesario localizar y reunir obras de compositores vascos. “Compraron un armario y lo colocaron en la sala de ensayos. Empezaron a recopilar material y en poco tiempo ya tenían una lista de 300 compositores”, explica Leiñena. Aquella iniciativa práctica fue el germen de lo que hoy es el Archivo Nacional Vasco de la Música.

Sala de visionado

Sala de visionado
Actualmente, Eresbil conserva en su fondo originario unas 40.000 partituras, cifra que puede alcanzar las 50.000 ó 60.000 si se suman los más de 230 fondos depositados por compositores e instituciones. Todo ello catalogado y accesible.
Un archivo abierto al público
Aunque la palabra “archivo” pueda imponer, Eresbil insiste en que es un espacio abierto a toda la ciudadanía.
“A veces la gente se asusta cuando oye la palabra ‘archivo’, pero cuando entra parece más una biblioteca”, señala el director. “Se puede sentar, consultar libros y revistas, pedir grabaciones para escuchar. Y si alguien necesita un material concreto, lo bajamos del depósito. Estamos encantados de atender tanto al público general como a investigadores, estudiantes, músicos o productores”.
Además del servicio presencial, las consultas online son cada vez más frecuentes, lo que permite atender a usuarios no solo del ámbito local, sino también nacional e internacional.
Las visitas guiadas recorren una pequeña zona expositiva sobre la historia musical vasca, las salas de consulta y los depósitos, donde se conservan registros sonoros en múltiples formatos: discos de pizarra, vinilos, casetes, bobinas abiertas o soportes digitales. La experiencia suele culminar con un guiño musical gracias a una pianola restaurada que permite escuchar rollos originales.

Imagen de la gramola restaurada

Imagen de la gramola restaurada
Más de 26.000 discos de Radio San Sebastián
Uno de los grandes tesoros que custodia Eresbil son los fondos sonoros de Radio San Sebastián, compuestos principalmente por vinilos que abarcan desde los años 50 hasta 1995.
“Fui con el entonces director, Jon Bagüés, a recogerlos a la antigua sede de la radio, en la Avenida”, recuerda Landaberea. “Habían sufrido varios incendios, así que primero tuvimos que limpiarlos. Algunos tenían las fundas llenas de humo”.
El volumen supera los 26.000 discos, mayoritariamente de música popular. Durante la catalogación aparecieron auténticas huellas de la historia: pegatinas de “no radiar” y surcos rayados para evitar que sonaran fragmentos censurados.
“Nos encontrábamos con coplas prohibidas, por ejemplo, alguna de Sarita Montiel o Juanita Reina. No solo había pegatinas, también rayaban físicamente el surco del disco para impedir que sonara la parte censurada”, explica la coordinadora técnica.
Hoy esos discos se conservan en el depósito de la segunda planta. Se mantiene su orden cronológico original, están catalogados en la base de datos y se digitalizan bajo demanda. “Cuando alguien solicita una digitalización, realizamos la copia y guardamos también una para nosotros. Así damos servicio y preservamos el contenido”, añade.
Tras el fondo de Radio San Sebastián llegaron otros: el de Radio Nacional de España en San Sebastián, la fonoteca de Euskadi Irratia y, más recientemente, la de Herri Irratia.
Sin embargo, Landaberea lanza una reflexión: “La mayoría de lo que llega son fonotecas, música comercial. Es una pena que no lleguen también los programas de radio. ¿Quién se ocupa del archivo de la palabra? Es interesantísimo”.
Entre las excepciones destaca el fondo personal del locutor Ángel Gete, con algunos programas en cintas de bobina abierta. “Hay piezas muy interesantes, como una entrevista de Iñaki Gabilondo a Pablo Sorozábal”, detalla.
El gran reto: la era del streaming
Si durante décadas el patrimonio sonoro se materializaba en soportes físicos, como los vinilos, casetes o CDs, hoy el panorama ha cambiado radicalmente.
“Estamos preocupados”, admite Leiñena. “Los soportes físicos están desapareciendo y la creación actual se sube directamente a plataformas. Nosotros, que debemos llevar el control de la creación musical de nuestro país, necesitamos poder descargar y conservar esa información. Es un gran reto”.
La conservación tampoco es sencilla. Los depósitos mantienen temperatura y humedad estables y están protegidos de la luz y el polvo, pero los soportes —especialmente los magnéticos y ópticos como los CD-R o DVD— tienen fecha de caducidad.
“La digitalización es la única vía para mantener la memoria, pero es costosa y exige migraciones constantes”, advierte Landaberea. “Incluso antes que los vinilos, deberíamos estar migrando ya el contenido de muchos CDs comerciales”.
Un mensaje a las nuevas generaciones
El equipo de Eresbil lanza un mensaje claro a los jóvenes creadores: conservar su propia obra es esencial.
“Hoy cualquiera puede crear música en su habitación con una inversión relativamente pequeña”, señala Leiñena. “Pero dependen de softwares y plataformas que cambian. Si no conservan y refrescan sus archivos, pueden perder su propia creación. Son conscientes de ello, porque lo viven en primera persona”, afirma.
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Llevo en Radio San Sebastián 24 años desempeñando diferentes funciones, pero sobre todo realizando las...




