Iker Aguirre (UAGA): "Hay urbanitas que están acribillando a denuncias a los ganaderos"
La llegada de población urbana, lejos de ser solo un revulsivo demográfico, abre una brecha entre expectativas idílicas y realidad productiva

Vitoria-Gasteiz
El debate ha estallado en el medio rural vasco. La llegada de nuevos vecinos procedentes de entornos urbanos, lejos de ser únicamente un balón de oxígeno frente al vaciamiento de los pueblos, está generando tensiones crecientes con quienes viven del sector primario. Así lo advertía la consejera de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca, Amaia Barredo: “Es de risa, pero está siendo así”, lamentaba, al tiempo que advertía de que no se trata de población rural sino de “población urbana que va buscando unas externalidades de paisaje y calidad de aire” y que, sin embargo, está “alterando seriamente el futuro de las zonas rurales”.
Adaptarse o tensionar el futuro rural
El campo está de moda, pero no es un decorado. El conflicto, coinciden agricultores y responsables municipales, no surge por la llegada de nuevos vecinos en sí, “la mayoría se integra”, sino por quienes no aceptan que el silencio rural convive con tractores, estiércol y cencerros.
Desde el terreno, el vicepresidente de UAGA, Iker Aguirre, confirma el malestar creciente entre agricultores y ganaderos. “La gente llega pensando que esto es un remanso de paz donde solo se oyen los pájaros. Vienen con una idea equivocada de lo que es el campo”.
De la misma manera Aguirre recuerda que el entorno rural es, ante todo, un espacio de trabajo. “Aquí se madruga, los tractores van de un lado para otro, hay olores, hay ruidos...". Y establece un paralelismo: “Yo me puedo sentir incómodo en el centro de Vitoria por el tráfico, y el que viene de la ciudad tiene asimilados esos ruidos, pero los del campo le saturan”.
Las quejas no son anecdóticas. “Sí llegan denuncias, y muchas más que no llegan a la UAGA, sino que se quedan en el día a día”, ha asegurado. Habla de conflictos por perros sueltos que asustan al ganado, protestas porque las ovejas ensucian caminos rurales o por el sonido de los cencerros. Incluso de explotaciones que han tenido que afrontar procesos legales por denuncias de vecinos recién llegados.
“Al final, el día a día se convierte en un martirio”, ha admitido. Aunque no es una inquietud permanente, sí reconoce que existe el temor de que algunos negocios puedan verse abocados al cierre si la presión continúa. “Todos tratamos de adaptarnos, pero hay límites”, ha advertido.
Para Aguirre, la clave está en la actitud: “Hay mucha gente que se adapta y convive perfectamente. Pero hay otra que no quiere adaptarse”. Y lanza un mensaje claro: “Si yo voy a vivir a Vitoria, tendré que adaptarme a Vitoria. Y quien viene a mi pueblo tendrá que adaptarse a la realidad de mi pueblo”.
Concejos en alerta
Desde la Asociación de Concejos de Álava (ACOA), su vicepresidente, Julen Ibarrola, ha destacado que las familias ganaderas “van a menos” y que son “un elemento a preservar porque son muy necesarias para el día a día de nuestros pueblos”.
Ibarrola recuerda que los ganaderos mantienen montes y comunales: “Son esos jardineros, esos bomberos que trabajan de sol a sol y no nos cobran nada por ello”. Ala vez que reconoce que en algunos concejos hay consultas y conflictos por el uso de caminos o el paso de ganado, y ha advertido que “a veces la ley va contra el sentido común”.
A su juicio, el sector necesita respaldo legal: “Están haciendo grandes inversiones y requieren seguridad para poder continuar con su forma de vida”.
Elburgo: convivencia trabajada
No todos los municipios viven el conflicto con la misma intensidad. En Elburgo, con 642 habitantes y un crecimiento notable desde el año 2000, por la llegada de población procedente de Vitoria, la convivencia se ha trabajado desde el Ayuntamiento.
Su alcaldesa, Natividad López de Munain, ha reconocido que el mundo rural puede parecer idílico desde la ciudad, pero insiste en que tiene su propia lógica. “La actividad agrícola y ganadera tiene ruidos, paso de ganado, barro. Se trata de que cuando llegas no vengas con una imagen idealizada, sino que te ajustes a la realidad”.
Para una mejor adaptabilidad y convivencia en el municipio han impulsado talleres de huerto, jardinería o compostaje, además de actividades culturales y deportivas, todo para favorecer el encuentro. “Que la gente no se quede encerrada en su parcela”, resume.
Aunque admite que ha habido quejas puntuales, por el ruido en la temporada de recogida de la remolacha, asegura que no existe un enfrentamiento abierto. “Conociéndose y entendiendo las formas de vida, la convivencia es más fluida”, ha destacado López de Munain.
Eso sí, deja clara una línea roja: “La actividad rural no puede estar condicionada por cambios impuestos. Si hay que sacar la remolacha, es cuando hay que sacarla. Si pasa el ganado, pasa”. Y alerta sobre la falta de relevo generacional y la desaparición de explotaciones en las últimas décadas: “Si abandonamos la tierra, estamos eliminando lo natural de los pueblos”.

Jon Dos Santos
Redactor y editor de contenidos en el magazine Hoy por hoy Vitoria




