Músicos callejeros de Bilbao alertan: “Nos sacaría del panorama cultural de la calle”
La nueva ordenanza municipal plantea prohibir amplificadores y endurecer las condiciones de actuación y los artistas temen que Bilbao pierda parte de su identidad sonora
La música vuelve a sonar en la Gran Vía mientras el debate político se cuela entre acordes. Leire y Alberto afinan guitarra y voz a una manzana de Moyúa. Son parte de los 175 músicos registrados para actuar en la calle en Bilbao y sienten que su futuro pende de una letra pequeña incluida en la nueva ordenanza de terrazas que el Ayuntamiento prevé llevar a pleno en las próximas semanas.
“No queremos tocar a lo que nos dé la gana ni con el volumen que nos dé la gana. Entendemos el compromiso con los vecinos, pero la normativa actual ya es equilibrada”, aseguraba Alberto, uno de los integrantes de la plataforma Bilboko Kaleko Artistak, creada tras conocer el borrador. Según explicaba, la propuesta municipal incluye la prohibición total de amplificadores, una medida que consideran desproporcionada.
Qué cambia con la nueva ordenanza
El borrador incorpora nuevas limitaciones para las actuaciones en la vía pública en nombre de la convivencia. Entre ellas, la prohibición de amplificadores, mayores restricciones en la ocupación del espacio y un refuerzo de los controles sobre tiempos y ubicaciones.
Actualmente, los músicos deben rotar cada 45 minutos, respetar horarios y no superar los límites de decibelios fijados. “Si a veces no se cumple, que se haga cumplir. Pero prohibir directamente el amplificador no tiene sentido. Lo único objetivo son los decibelios”, defendía Alberto. Y ponía un ejemplo: “Una trompeta sin amplificar puede sonar más que un arpa amplificada. No es una cuestión del aparato, sino del volumen real”.
Leire insistía en que la música callejera no es solo una fuente de ingresos para muchos artistas emergentes, sino también un elemento social: “Arte es cultura y es una forma de llevar la cultura a todas las personas que pasean por la calle, puedan aportar algo o no”.
Vecinos divididos: entre la “tortura” y el doble rasero
El debate no es nuevo. Hace cinco años, el Ararteko recomendó limitar el volumen de las actuaciones tras quejas vecinales. En zonas como Abando o la Gran Vía, algunos residentes consideran que la situación es insostenible.
Joseba Larrinaga, vecino de la zona, aseguraba que el sonido “es mucho más voluminoso dentro de casa que a pie de calle” y hablaba de “auténtica tortura” cuando se repiten los mismos temas durante horas. “Hay quienes tocan hora y media, dos o incluso tres horas seguidas, y cuando vas a hablar con ellos la respuesta no siempre es positiva”, explicaba, reclamando mayor control y que no se solapen actuaciones con manifestaciones o grandes eventos.
Frente a esa visión, desde la Federación de Asociaciones Vecinales de Bilbao se denunciaba un “doble rasero”. Su presidenta, Alaitz Argandoña, cuestionaba que el Ayuntamiento apueste por macroeventos patrocinados por grandes marcas mientras endurece las condiciones para la música de barrio. “Es un paso más hacia el Bilbao de postal que se quiere vender de cara al turismo”, advertía.
“Nos ha pillado por sorpresa”
La plataforma Bilboko Caleko Artistak nació a contrarreloj tras conocer la propuesta municipal cuando el plazo de enmiendas estaba a punto de cerrarse. “Nos pilló totalmente de sorpresa”, relataba Alberto. “Ni siquiera estábamos organizados como colectivo”.
Leire reconocía que no tienen aún una propuesta alternativa cerrada: “No somos expertas en leyes. Estamos informándonos para ir por la vía legal y hacer esto bien. Lo primero es dar a conocer lo que está sobre la mesa, porque tal y como está redactado nos sacaría del panorama de la calle de Bilbao”.
Los artistas insisten en que no se oponen a la regulación. De hecho, defienden la normativa actual, que consideran razonable. “No queremos impunidad. Queremos convivencia”, resumían.
El pulso de la calle
Mientras el debate continúa en despachos y comisiones, en la calle la escena se repite: curiosos que se detienen, vecinos que aplauden, turistas que graban con el móvil. Algunas voces piden regular sin prohibir; otras, directamente eliminar altavoces.
El Ayuntamiento ha declinado pronunciarse hasta que avance el trámite político. La aprobación definitiva podría llegar en marzo, aunque el calendario no está cerrado.
Lo que sí está claro es que el debate va más allá del volumen. Es una discusión sobre el modelo de ciudad: entre el Bilbao de los grandes escenarios y el de los pequeños acordes improvisados en una esquina. Entre la convivencia y la espontaneidad. Entre el silencio y la música que, por ahora, sigue sonando

La nueva ordenanza de Bilbao enciende a los músicos callejeros: "Nos sacaría del panorama cultural de la ciudad"
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