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Una investigación rescata la expedición vasca a Asturias de 1937 y pone nombre a los 5.200 gudaris enviados por exigencia de la República

Un equipo liderado por Arantza Rojo y Gorka Ortega ha reconstruido, a partir de documentos originales, la expedición de la 2ª Brigada Vasca enviada a Asturias durante la Guerra Civil. La investigación pone de relieve la magnitud logística de la operación, el sacrificio de los gudaris y la importancia de preservar la memoria histórica de un episodio casi olvidado.

Fotocopia del teletipo enviado por el Lendakari Aguirre al general Llano de la Encomienda.

Fotocopia del teletipo enviado por el Lendakari Aguirre al general Llano de la Encomienda.

Durante apenas un año de conflicto en Euskadi, el Gobierno vasco tuvo que organizar un ejército de voluntarios, evacuaciones masivas, la defensa de ciudades y la protección de niños en el extranjero. Según Arantza Rojo la labor realizada por aquel Gobierno Vasco fue "asombrosa. Estas personas no pudieron dormir porque no les dio tiempo. No se trataba solo de organizar un ejército, sino un gobierno y un sistema de defensa completo en un contexto de escasez de recursos”.

En ese marco, en enero de 1937 comenzó a gestarse la expedición a Asturias. La idea era enviar fuerzas vascas para mantener líneas de suministro a Oviedo, cercada por las tropas franquistas, y cumplir con un compromiso exigido por el Gobierno republicano. La operación supuso trasladar 5.200 hombres, artillería, carros de combate y personal sanitario en diez trenes, una logística sin precedentes para la época. Rojo destaca que, pese a las tensiones internas, el Lehendakari decidió enviar voluntarios dispuestos mientras otros batallones permanecieron defendiendo Euskadi, y que la selección de efectivos tuvo en cuenta tanto la disposición personal como la estrategia militar.

Una misión breve que se convirtió en tragedia

La operación debía durar solo una semana, pero se prolongó hasta marzo, con un coste humano devastador: 963 bajas, entre ellas 125 muertos, y numerosos heridos. Entre ellos estaba Cándido Saseta, hondarribitarra, militar experimentado y figura central de la defensa vasca, quien falleció al intentar cumplir con la misión junto a sus hombres. Según Rojo, hubo decisiones que "implicaron un sacrificio enorme. La expedición no tenía lógica militar estricta, pero sí obedecía a un compromiso político y moral con la democracia y la legalidad”.

Los episodios dramáticos marcaron la operación: sabotajes de pasarelas, retrasos en suministros, escasez de munición y enfrentamientos directos con el enemigo. El impacto emocional fue igualmente significativo, ya que la expedición tuvo lugar pocos meses antes del bombardeo de Guernica y Durango y de la caída de Bilbao, añadiendo presión psicológica a los gudaris, que vivieron en primera línea una de las operaciones más complejas y peligrosas de la guerra en Euskadi.

Investigación minuciosa para reconstruir la memoria

El trabajo de Rojo y Ortega se basó en fuentes originales: nóminas quincenales, partes de radio, telegramas del Lehendakari, expedientes de pensiones de guerra y documentación de archivos como la Fundación Sabino Arana, el Archivo Histórico de Bilbao y el Instituto Gogora. Rojo explica que querían "reconstruir la brigada con exactitud, conocer quiénes fueron y poner nombres a quienes participaron". La cronología que lograron día a día, hora a hora, incluso minuto a minuto en ciertos episodios, es "información valiosísima para acercar la historia a la sociedad y a las familias de los gudaris”.

El equipo elaboró un listado exhaustivo de todos los miembros de la 2ª Brigada, incluyendo nombres, batallones, compañías, bajas y cementerios, lo que permitirá reconocer individualmente a cada participante. Rojo subraya que el objetivo no es solo documentar la historia, sino recuperar la memoria de una generación cuya historia fue silenciada durante décadas, y añade que “la deuda es enorme. Generaciones enteras crecieron sin acceso a este conocimiento. Es importante reconocer y honrar a quienes defendieron la democracia con recursos limitados y circunstancias extremas”.

La investigación, lejos de ser un punto final, abre la puerta a nuevas iniciativas de difusión y transmisión de la memoria histórica vasca, con el respaldo del trabajo minucioso de Gorka Ortega, cuya labor ha sido calificada como “exhaustiva y sin precedentes”.

 

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