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Sociedad

Un año sin Kerman: la familia mantiene la lucha mientras el caso se decide en el Supremo

Los padres denuncian “una cadena de negligencias” y temen que el juicio quede limitado a homicidio imprudente tras la rebaja de cargos y la salida bajo fianza del acusado

En el aniversario de la muerte de Kerman Villate hablamos con sus padres.

Vitoria-Gasteiz

Este 23 de febrero se cumple un año de la muerte de Kerman Villate Beitia. Tenía 31 años cuando, en la madrugada del 23 de febrero de 2025, un puñetazo a la entrada de la discoteca Mítika terminó con su vida. Doce meses después, el caso se encuentra pendiente de la decisión del Tribunal Supremo sobre el recurso presentado por la familia contra la rebaja de cargos acordada por la Audiencia Provincial de Álava.

Aquella noche, pasadas las cuatro de la mañana, Kerman llegó con cuatro amigos al acceso del local, situado en la calle La Paz. El control de seguridad permitió el paso de sus amigos, pero él se quedó fuera.

Las imágenes recogen que, tras hablar con conocidos, volvió a acercarse tranquilo, sin aspavientos y sin ningún tipo de agresividad, según relataron personas que estaban en la propia puerta de la discoteca. El portero le indicó que esperara a un lado y, segundos después, le propinó un puñetazo en la cara. “Un puñetazo letal que acaba con la vida de Kerman”, sostiene la familia.

"Seguimos con fuerza porque se lo debemos a nuestro hijo"

Un año después de la muerte de Kerman, sus padres sitúan el foco en el momento judicial que atraviesa el caso. “Si tengo que decir cómo estoy, me acuerdo de un fragmento de Bernardo Atxaga sobre la última edad de la humanidad, donde predomina la injusticia y el criminal se sale con la suya”, ha afirmado Roberto Villate. “Más o menos ese es el sitio donde ahora mismo me encuentro”.

Roberto también habla de una responsabilidad que siente intacta pese al paso del tiempo. “Como padre, aunque Kerman esté muerto, siento que le tengo que proteger, y ahora mismo estoy fracasando en ese intento”.

En cuanto a la decisión de la Audiencia Provincial de Álava de rebajar los cargos y dejar en libertad bajo fianza al acusado fue, en palabras de Arantzazu Beitia, un golpe difícil de asumir. “No nos lo podíamos creer. Jurídicamente, con la ley en la mano, era muy difícil que esto sucediese. Nuestros abogados decían: ‘¿Pero qué ha pasado aquí?’”.

De hecho, Arantzazu, ha subrayado que no ha aparecido ningún elemento nuevo que justifique el cambio de criterio. “No ha habido absolutamente nada. Si hubiera habido alguna prueba diferente… pero es que no la hay, lo han hecho porque pueden, pero no entendemos el por qué”.

Ahora todo depende del Supremo. Si no admite o no estima el recurso, el juicio se celebraría bajo la calificación de homicidio imprudente. “Nos vemos abocados a un juicio recortado”, ha advertido Roberto. “El vídeo se podrá mostrar, pero no se podrá interpretar como homicidio o asesinato. Eso ya lo habría cerrado la Audiencia”.

Pese al desgaste, ambos insisten en que no abandonarán. “No vamos a cejar, se lo debemos a Kerman. Mientras tengamos un soplo de vida, defenderemos su derecho a que se le respete hasta el final y a que la verdad de lo que sucedió esa noche sea compartida por la sociedad”, ha indicado Roberto.

Arantzazu reconoce que el proceso les ha hecho perder la ingenuidad. “Yo he tenido dos momentos de ingenuidad: cuando confié ciegamente en el auto del juez instructor y cuando el Gobierno municipal nos prometió una investigación exhaustiva sobre lo que había fallado. En las dos ocasiones me equivoqué. Ahora soy mucho más cauta”.

Críticas a la gestión institucional

La familia denuncia lo que considera una minimización de la gravedad de los hechos desde el inicio. “Hemos tenido la impresión de que había intereses por rebajar la gravedad del crimen”, ha indicado Arantzazu. Aun así, cree que han logrado un avance en el terreno social: “Creo que hemos roto un muro informativo. Ahora la sociedad lo ve como lo que fue: no un accidente, sino un crimen”.

También expresan su malestar con la respuesta institucional. “Del Ayuntamiento no hemos recibido absolutamente nada, ni siquiera empatía, pero estamos viendo algunos avances”, ha lamentado Roberto. A su juicio, existían “demasiadas señales” previas como para que no se actuara con mayor contundencia. Arancha añade que se prometió una investigación interna “con luz y taquígrafos” que, en su opinión, “no fue así. Fue una traición”.

En paralelo, han defendido en el Parlamento Vasco la necesidad de reforzar la regulación sobre el control de accesos y la actuación policial en este tipo de incidentes. “Estamos de acuerdo con la modificación del decreto, pero llega tardísimo”, ha señalado Arantzazu, que reclama también cambios en los protocolos de apertura de atestados. “Dar toda la credibilidad a quienes son parte evidente nos parece gravísimo”.

La espera del Supremo se vive sin plazos claros. “En la justicia no hay tiempos”, resume Roberto. “Puede ser rápido o puede ser muy largo”. Y añade, desde lo que define como “anti-ingenuidad”: “Los plazos se pueden alargar. Confiamos en que no sea así”.

Apoyo ciudadano y memoria

Mientras tanto, el sostén principal ha sido el entorno cercano. “Salir en público no es gratuito para nosotros, nos cuesta emocional y físicamente”, ha admitido Arantzazu. “Pero el apoyo de amigos, familia y gente anónima ha sido indiscutible”.

Un año después, su determinación se mantiene intacta. “Lo único que pedimos”, ha concluido Roberto, “es que la verdad no se diluya y que las personas que participaron en la muerte de Kerman reciban el castigo que se merecen”.

Jon Dos Santos

Redactor y editor de contenidos en el magazine...