De Euskadi a los Goya: la figura de la coordinadora de intimidad gana peso en el cine
La figura de la coordinación de intimidad se consolida en la industria audiovisual para garantizar la seguridad emocional y física en escenas de contenido sexual o desnudez. La bilbaína Graciela Doniz, de la empresa Intimact, analiza en la Cadena SER cómo este rol previene abusos históricos y mejora la calidad narrativa de las producciones actuales.

Escucha la entrevista a la coordinadora de intimidad, Graciela Doniz
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El cine ha cambiado sus reglas de juego de forma definitiva. Tras décadas de rodajes donde la improvisación en escenas delicadas dejaba desprotegidos a los intérpretes, surge con fuerza la figura de la coordinación de intimidad. Graciela Doniz, especialista de la empresa Intimact, ha pasado por los micrófonos de Hoy por Hoy Irun para desgranar una labor que ya es habitual en las producciones nominadas a los Goya y que busca desterrar prácticas abusivas del pasado. Durante la charla, Doniz ha subrayado que su función principal es "trabajar alrededor de los límites de los actores" y actuar como un "puente entre dirección, actores y producción para saber exactamente qué se va a hacer y cómo".
El concepto técnico de la escena íntima
Frente a la creencia popular de que este trabajo solo supervisa el acto sexual simulado, la experta aclara que el espectro de intervención es mucho más amplio y técnico. Una escena íntima engloba toda aquella secuencia que incluya prácticas sexuales, pero también cualquier tipo de desnudez. Según detalla Doniz, "puede ser una ducha, un personaje que se está cambiando o incluso una escena de especial exposición como un parto o una visita al ginecólogo". Los protocolos que implementa Intimact intervienen también en situaciones de violencia sexual o en momentos donde existe una vulnerabilidad física clara, asegurando que el rodaje se desarrolle bajo un control absoluto de la situación. "Lo que realmente hacemos es la gestión logística y creativa en los procesos de rodaje con todo lo que tiene que ver con la intimidad", recalca la coordinadora.
Coreografía del deseo y protección física
El trabajo de coordinación comienza mucho antes de que se enciendan las cámaras, ya que casi el "80% de la labor ocurre durante la fase de preproducción". Doniz explica que pasan muchas horas analizando guiones y manteniendo reuniones individuales con el reparto para conocer sus dudas. Una vez establecidos los marcos de seguridad, se procede a realizar ensayos coreográficos donde se pactan las zonas de contacto mediante una "partitura" de movimientos. Esta metodología busca "truquillos para que parezca real en cámara, pero realmente no se esté dando un contacto genital". En este proceso son fundamentales los denominados modesty garments, unas prendas de protección que garantizan que la simulación sea cómoda. Como bien apunta Graciela, su trabajo guarda similitudes con la acción: "Igual que en un puñetazo no se golpea al actor en cada toma, nosotros buscamos que los intérpretes estén protegidos".
El fin de la improvisación y la violencia
La consolidación de esta figura busca evitar casos de desprotección flagrante como el vivido por Maria Schneider en El último tango en París. Graciela Doniz es tajante al respecto y señala que su labor sirve para que "no haya sorpresas y se entienda hasta dónde se puede llegar, sin pactos detrás a espaldas de la actriz". Aunque pueda parecer un rol enfocado únicamente en la protección femenina, la especialista asegura que es una herramienta transversal: "He trabajado a veces más con chicos que con chicas; esto tiene que ver con una manera de trabajar segura para todos". Más allá de la prevención, este rol está permitiendo explorar nuevas narrativas que se alejan de los clichés. "Se trata de facilitar preguntas y abrir el melón para ver cómo podemos contar el deseo de otra manera", concluye Doniz, apostando por una industria que refleje la diversidad de cuerpos y sensibilidades de forma ética.




