Mis recuerdos del 3 de marzo
Recuerdo de 1976, el funeral por los obreros asesinados, la cinta de casete que relata los hechos ocurridos, y una pequeña historia que viví en 1977, tras el funeral del primer aniversario del 3 de marzo
Botes de humo sobre la masa obrera / marzo 1977 / Antonio Guallar / Fundación Sancho El Sabio
Vitoria-Gasteiz
Miles de personas se movilizaron en 1976, para conseguir mejores condiciones laborales, y miles de personas se solidarizaron con aquel movimiento obrero. Muchas de ellas tendrán una historia que contar recordando como vivieron aquellos días, que concluyeron el 3 de marzo con el asesinato de cinco obreros por parte de la policía armada, al desalojar por la fuerza la Iglesia de San Francisco, con unas 4.000 personas en su interior.
Mis recuerdos sobre aquello, quizás no sean significativos, comparándolos con los que otras personas vivieron, pero los contaré.
Asistí al funeral de cuerpo presente por los tres primeros obreros muertos. Otros dos fallecerían posteriormente. El acto religioso fue celebrado en la Catedral Nueva, y me situé cerca del altar. La tensión en el ambiente era máxima. Había circulado un rumor, en el sentido de que desde el Obispado se había autorizado la intervención de la policía en la iglesia de San Francisco, y al aparecer el Obispo en el templo, se escucharon gritos de ¡fuera el Obispo!. Al oír aquel clamor, el Prelado asustado y con rostro desencajado, frenó en seco durante unos segundos su caminar hacía el altar. Desde el Obispado, posteriormente, sería desmentida la existencia de dicha autorización.
Quedé impresionado por el discurso del dirigente obrero Jesús Fernández Naves, pronunciado con una extraordinaria energía y coraje, propiciado seguramente por su gran dolor en el corazón por las victimas, que allí estaban presentes en sus féretros. Su intervención fue interrumpida con atronadores aplausos y dejó algunas frases, merecedoras de ser recordadas 50 años después: “A nivel nacional se está diciendo que nuestra lucha es obra de cuatro agitadores. Muchos hemos venido aquí para orar, pero también muchos hemos venido porque es el único medio que tenemos para reunirnos. Todos comprendemos el profundo dolor, que no se puede explicar, que tienen que sufrir los familiares de estos compañeros, pero también tenemos que decirles que estos son hermanos nuestros, estos muertos son nuestros, son de todo el pueblo de Vitoria. Estos compañeros han muerto por lo mismo que nosotros hemos estado y estamos luchando.
Solamente un puñado de patronos son los que se excluyen de esta unidad. Los únicos responsables de este atropello son ese puñado de patronos, con las autoridades que han cumplido ordenes de ellos mismos. Las comisiones representativas de estas luchas, pensábamos plantear al empezar este funeral, que si estaban las autoridades, saldríamos todos, porque no se puede compaginar estar llorando en el mismo lugar los asesinados y los asesinos.
Es cierto que hay autoridades a nivel provincial que están pidiendo justicia y clarificación para los responsables de estos asesinatos. Nosotros pedimos un juicio popular a los responsables de estos asesinatos.
Ya basta de tanta miseria, explotación y mentira. Pedro María, Romualdo, Francisco: vuestra sangre no será inútil, vuestros asesinos no quedarán sin castigo. Habéis caído en la lucha, que un día conducirá a nuestra liberación.
Hacemos un llamamiento a todos los trabajadores y a todo el pueblo de Vitoria: la huelga general debe continuar y nos debemos unir a la convocatoria de huelga general convocada para el lunes en todo el País Vasco.”
La Casete
Pasado un tiempo, a finales de marzo o primeros de abril de 1976, alguien editó una cinta de cassete que se puso en circulación entre la gente, que recoge grabaciones de todos los aspectos que rodearon aquel movimiento obrero y su trágico desenlace. Podemos escuchar en ella: manifestaciones de testigos de los hechos ocurridos el día 3 de marzo, entre ellas las de un cura de la parroquia de San Francisco; grabaciones efectuadas de las conversaciones de la policía a través de sus emisoras; homilía leída durante la misa; discurso del dirigente obrero Fernández Naves pronunciado en el funeral; palabras pronunciadas en la iglesia por un familiar de uno de los muertos; entrevistas con familiares de los fallecidos.
Mi amigo Juanjo, consiguió una copia de aquella cinta, y recuerdo que hicimos más de una decena de copias, pues todo el mundo quería tener una. Disponíamos cada uno de un aparato reproductor-grabador con una sola pletina. Los unimos con un cable, para grabar las copias, poniendo en marcha el “play” en uno de ellos y la opción “récord” en el otro. Los aparatos no tenían grabación rápida, así que había que pasar 74 minutos para realizar un solo duplicado de las dos caras de la cinta.
Conservo aquella cinta, cuyo contenido lo he pasado a formato mp3, facilitando nuevas copias a amigos y conocidos, para que puedan escucharla con los sistemas de reproducción actuales. Muchos nos hemos desprendido de aquellos aparatos reproductores, y los mas jóvenes nunca los han tenido.
Es deseable que las generaciones posteriores a la nuestra, conozcan lo que entonces ocurrió y la lucha protagonizada por los trabajadores. La cinta aludida puede contribuir a ese conocimiento.
El aniversario
Al año siguiente, 1977, en el mismo templo se celebró el funeral del primer aniversario. A la salida de la misa, la gran masa de asistentes fuimos recibidos por la policía con el lanzamiento de botes de humo y pelotas de goma, produciéndose una gran desbandada. Yo salí corriendo de aquel vendaval y me dirigí a la oficina donde trabajaba, situada en el primer piso de un edificio emplazado en un patio interior de la Plaza de la Provincia. La policía perseguía a la gente que se había dispersado, y desde una ventana de la oficina observé, que seis obreros habían entrado corriendo detrás de mi, por el acceso al patio, el cual tenía la forma de fondo de saco. No había otra salida. Me asomé a una ventana para preguntarles que les ocurría, y me dijeron que la policía les perseguía. Como no tenían una vía de escape, baje rápidamente, subí a los seis por la escalera a mi oficina, los cerré con llave en un archivo, y les dije que estuvieran callados. A los pocos segundos aparecieron en el patio cinco o seis policías, con sus correspondientes lanza pelotas y botes de humo. Miraron a todos los lados y se quedaron sorprendidos de no encontrar a quienes perseguían. Un compañero de la oficina, sin pensárselo dos veces, abrió una ventana y les dijo a los polis: ¿Qué cojones queréis?. Uno de ellos apuntó con su arma disuasoria a mi compañero. Pensé durante unos segundos, que recibiría un pelotazo en la cara. Sin embargo, otro policía le dijo al que apuntaba: ¡déjalo!. Los policías desaparecieron, y pasados unos minutos, abrí el archivo y los seis obreros pudieron marchar tranquilamente.
Emplazamiento de la oficina, el acceso y el patio / Geo Araba
Emplazamiento de la oficina, el acceso y el patio / Geo Araba




