Mari Carmen Díaz de Lezana, pionera del ciclismo femenino: “No fui al Mundial porque no era estético que una mujer compitiera en bicicleta”
La ciclista de Orduña, de 83 años, revive en la SER cómo le impidieron correr en los años 60 y cómo sigue pedaleando en vísperas del 8 de marzo

Tiene 83 años, una prótesis de rodilla reciente y una bicicleta con asistencia eléctrica para las cuestas. Pero la esencia sigue intacta. Mari Carmen Díaz de Lezana, vecina de Orduña y pionera del ciclismo femenino en Euskadi, ha recordado esta mañana en Hoy por Hoy cómo estuvo a punto de competir en un Campeonato del Mundo en los años 60 y cómo se lo impidieron porque “no era estético que una mujer compitiera en bicicleta”.
Su testimonio, compartido en la sección Miss Experiencia, llega en la semana del 8 de marzo como una lección viva de igualdad, resistencia y memoria.
Criada entre bicicletas en Orduña
Mari Carmen creció en el taller de bicicletas de su padre. “Yo no nací con un pan debajo del brazo, nací con una rueda”, ha contado entre risas. Su aita tenía un pequeño garaje donde alquilaban y reparaban bicis, y allí pasó su infancia, entre parches, cámaras y sillines duros.
Iba y volvía de la escuela al taller, ayudaba a recoger bicicletas en fiestas y procesiones y aprendió a pedalear casi sin darse cuenta. “He andado siempre”, resume. En aquellos años no había bicicletas adaptadas a la talla femenina ni equipaciones cómodas. Las bicis eran grandes, pesadas y los sillines, estrechos y duros. Pero nada de eso la frenó.
El Mundial que se quedó en puerta
En la década de los 60 su nombre empezó a sonar con fuerza. Periodistas y aficionados impulsaron su candidatura para acudir al Campeonato del Mundo en Bélgica. Salió en periódicos nacionales, tenía seguimiento mediático e incluso masajista. Pero no fue.
La sección femenina de la época no autorizó su participación. No estaba bien visto que una mujer compitiera en bicicleta. Ella llevaba pantalones anchos y, cuando llegaba a un pueblo, se ponía una falda por encima. No bastó.
“La ilusión se hizo enorme y luego se desinfló”, ha recordado. Aun así, no dejó de pedalear.
Una pausa, tres hijos y la vuelta
Aparcó la bici durante los años en los que se casó y crió a sus tres hijos. “Yo quería una bicicleta, no hijos”, ha dicho con ironía. La vida cambió el ritmo, pero no la pasión.
Volvió cuando su hijo empezó a competir y desde entonces no se ha bajado. Hace cuatro años, con casi 80, recorrió en bicicleta el trayecto hasta Roma junto a dos compañeros. Tres semanas, más de cien kilómetros algunos días. “Una felicidad. Yo no quería volver”, ha contado.
Sigue pedaleando a los 83
Hoy sale casi todos los días por el llano de Orduña. Usa una bicicleta con motor de apoyo para las subidas, pero insiste en que hay que pedalear igual. Se recupera de una operación de rodilla, pero no contempla dejarlo.
Su bicicleta más especial descansa ahora en el Museo de Orduña, junto a recortes de prensa y recuerdos de aquella época en la que fue pionera casi sin proponérselo.
En vísperas del 8 de marzo, la historia de Mari Carmen Díaz de Lezama recuerda que hubo mujeres que se subieron a la bici cuando no había carreras para ellas, cuando no había permiso y cuando ni siquiera estaba bien visto.
Ella lo hizo igual. Y sigue haciéndolo.
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