"La guerra también se queda dentro": corresponsales y psicólogos alertan del impacto psicológico de cubrir conflictos
El periodista de la Cadena SER Pablo Morán y una de las investigadoras del estudio sobre seguridad de periodistas de guerra reflexionan sobre el trauma invisible que deja informar desde el frente

“La guerra también se queda dentro”: corresponsales y psicólogos alertan del impacto psicológico de cubrir conflictos
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Cubrir una guerra no termina cuando el periodista abandona el frente. Las imágenes, las decisiones tomadas en situaciones extremas y la presión constante dejan una huella emocional que muchas veces se arrastra durante años. Así lo explican profesionales y expertos que han analizado el impacto psicológico de informar desde zonas de conflicto.
En Hoy por Hoy Bilbao-Bizkaia, el corresponsal internacional de la Cadena SER Pablo Morán y Silvia Ubillos Landa, catedrática en psicología social de la Universidad de Burgos, una de las psicólogas que ha participado en el estudio de la Universidad del País Vasco sobre periodistas de guerra, han reflexionado sobre esa realidad que rara vez aparece en los titulares: las consecuencias emocionales del periodismo en escenarios bélicos.


"Somos quienes contamos la vida, pero de los periodistas casi nunca se habla"
Pablo Morán ha cubierto durante años conflictos internacionales y crisis geopolíticas en distintos puntos del mundo. Desde esa experiencia, reconoce que el periodista que trabaja en guerra aprende a convivir con situaciones extremas que después no desaparecen fácilmente.
“Somos quienes contamos la vida y la vida es así, pero de los periodistas pocas veces hablamos”, explicaba durante la entrevista.
El corresponsal señalaba que el trabajo en estos escenarios exige tomar decisiones constantes bajo presión y mantener la calma en situaciones límite. Esa tensión acumulada forma parte de la rutina de quienes informan desde el frente.
“Hay mucho de olfato periodístico para saber cuándo hay que estar en un lugar, pero también una gran responsabilidad para contar lo que está pasando desde allí”, apuntaba.
El impacto psicológico que deja la guerra
Silvia Ubillos subraya que el impacto emocional del periodismo de guerra es profundo y, en muchos casos, poco reconocido dentro de la profesión.
Los periodistas que trabajan en conflictos se enfrentan a escenarios de violencia extrema, decisiones rápidas y una exposición continuada a situaciones traumáticas, factores que pueden dejar una huella psicológica duradera.
Según explica, el problema no es solo lo que ocurre durante la cobertura, sino cómo se procesa después esa experiencia cuando el periodista regresa a su vida cotidiana.
El silencio sobre la salud mental en el periodismo
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es el silencio que todavía rodea a la salud mental dentro del sector.
La psicóloga explica que muchos periodistas normalizan la exposición al riesgo y al sufrimiento como parte del trabajo, lo que dificulta que se reconozca el impacto psicológico o que se pidan apoyos profesionales.
En ese contexto, el apoyo más habitual no suele venir de las empresas o de protocolos específicos, sino del entorno personal o de los propios compañeros que han vivido experiencias similares.
Informar desde la guerra, con un coste personal
Las reflexiones de Morán y de los investigadores coinciden en una idea: el periodismo de guerra sigue siendo imprescindible para contar lo que ocurre en el mundo, pero tiene un coste personal que muchas veces permanece invisible.
Quienes informan desde el frente no solo se enfrentan a riesgos físicos. También cargan con el peso emocional de lo que han visto y contado, una dimensión del oficio que empieza a analizarse con más profundidad en los últimos años.




