Diez años de Ongi Etorri Errefuxiatuak: de la crisis de refugiados a la lucha diaria contra el racismo y la exclusión en Bizkaia
El movimiento ciudadano cumple una década reclamando derechos básicos para personas migrantes y advierte: “Queda todo por hacer”
Diez años de Ongi Etorri Errefuxiatuak: de la crisis de refugiados a la lucha diaria contra el racismo y la exclusión en Bizkaia
Llegan a 'Hoy por Hoy Bilbao Bizkaia' con el pañuelo amarillo que es su sello de identidad. El grupo de voluntarios y voluntarias que conforman el movimiento asambleario Ongi Etorri Errefuxiatuak nació tras la convulsión internacional de una imagen. La fotografía que dio la vuelta al mundo de un niño ahogado en las playas de Turquía. Estos voluntarios siguen en las calles tras diez años trabajando desde Bizkaia. Se han convertido en un movimiento ciudadano incansable ayudando a visibilizar reivindicaciones vigentes.
Un movimiento que nació de una sacudida social
Durante la entrevista, Luis Arbide, uno de los primeros en liderar el movimiento ha dejado claro que lo óptimo sería "no tener que seguir. Han pasado diez años y seguimos peor que entonces." Desde aquella imagen, en febrero de 2016, en plena crisis de refugiados y tras la conmoción provocada por la muerte del niño Aylan Kurdi, los conflictos bélicos y migratorios no han dejado de aumentar. Desde entonces, el colectivo ha impulsado movilizaciones, campañas y redes de apoyo en barrios y municipios, convirtiéndose en una referencia del activismo social en Euskadi .
De las grandes guerras a la realidad local
Aunque el foco inicial estuvo en conflictos internacionales como Siria o, más recientemente, Gaza, el trabajo del colectivo se ha centrado también en lo cercano.
Entre sus principales líneas de acción destacan, la ayuda para el acceso al empadronamiento, la atención a personas sin hogar, la denuncia de la exclusión administrativa y la recogida de recursos básicos para personas en situación de calle. Una labor que, según relatan sus integrantes, responde a carencias estructurales en la atención institucional .
Un movimiento sin subvenciones y con relevo pendiente
Ongi Etorri Errefuxiatuak ha mantenido durante estos diez años un modelo independiente, sin financiación pública, lo que consideran clave para su libertad de acción. Bingen sí subraya que ahora cuentan con un local cedido por el Ayuntamiento de Bilbao "donde poder recibiendo a quienes lo necesitan. Hacemos horarios y turnos para todos". Sin embargo, también reconocen uno de sus grandes retos: la falta de relevo generacional, en un colectivo donde la mayoría de personas activas superan los 40 años. De las más de cien personas que llegaron a implicarse en los primeros años, la actividad actual se mantiene en torno a 40 o 50 participantes habituales, aunque el movimiento sigue movilizando a muchas más en acciones concretas.
Un trabajo que va más allá de la protesta
Reconocen que salir a la calle "es una cuestión crucial", pero relatan en esta entrevista en Radio Bilbao que su día a día busca gestionar un piso de acogida y cedido por particulares en le barrio de Irala o las acciones culturales y de sensibilización en las caravanas que este verano volverán a zonas fronterizas de conflicto. El contexto global tampoco invita al optimismo. Diez años después de su nacimiento, sus integrantes reconocen que el escenario es incluso más complejo, con más conflictos abiertos y más personas desplazadas. Tras una década de actividad, el mensaje que lanzan es directo: el objetivo no se ha cumplido. Ongi Etorri Errefuxiatuak nació para responder a una emergencia y, diez años después, esa emergencia existe.