Ainara Pérez (Coordinadora de Batekin): “En Álava no conseguimos cubrir la demanda de voluntariado: la situación empieza a ser preocupante”
Las asociaciones sociales del territorio alertan del descenso de personas voluntarias pese al aumento de necesidades y llaman a recuperar el compromiso ciudadano

Las asociaciones alavesas dan la voz de alarma ante la falta de voluntarios y voluntarias
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Vitoria-Gasteiz
El voluntariado en Euskadi crece en términos generales, pero en Álava la tendencia preocupa, y es que aunque desde 2017 el porcentaje de población voluntaria ha aumentado un 17% en la comunidad autónoma, las asociaciones alavesas advierten de un desequilibrio cada vez mayor entre la ayuda que se necesita y las personas dispuestas a ofrecerla, especialmente en el ámbito social.
Desde Batekin, la agencia alavesa de voluntariado, su coordinadora, Ainara Pérez, lanza un mensaje claro: “No conseguimos cubrir la demanda de voluntariado. La situación está cambiando y empieza a ser bastante preocupante”. Según ha destacado, en el último año "se han duplicado las peticiones de ayuda por parte de asociaciones, mientras que las inscripciones de personas voluntarias se han reducido a la mitad".
Menos voluntarios, más necesidades
Este descenso se refleja también en los datos: si en Euskadi el voluntariado alcanza el 17% de la población, en Álava baja un 14%. Una cifra que, además, ha ido descendiendo en los últimos años. “En la intervención social es donde más ha bajado, en detrimento de otro tipo de actividades más lúdicas o deportivas”, ha indicado Pérez, quien además remarca que el problema es especialmente grave en colectivos vulnerables y en el ámbito rural.
La raíz del problema, coinciden las protagonistas, -Amaia González Ruiz de Apodaka, presidenta de Talur, Irati Lamarca, miembro de la Junta directiva de Gota a gota, Janeth Jaramillo, voluntaria de Itaka-Escolapios y la propia Ainara Pérez- no es falta de solidaridad, sino el cambio en la forma de implicarse. “La gente se mueve, participa en movilizaciones o acciones puntuales, pero el voluntariado requiere compromiso y permanencia, y eso está en desuso. Se ha cambiado el voluntariado social por uno más lúdico o puntual”.
Programas en riesgo
Ese cambio de mentalidad tiene consecuencias directas sobre el terreno. Asociaciones como Talur, Gota Gota o Itaka-Escolapios reconocen dificultades reales para mantener sus programas. “Si no tenemos voluntarios, hay actividades que no se pueden hacer, también es cierto que de momento las hemos ido salvando porque lo importante es dar esas actividades entre nuestros usuarios, pero llegará el momento en el que tengamos que suspender algunas sesiones por falta de persona”, ha indicado Ruiz de Apodaka.
Además, la presidenta de Talur, va más allá y pone el foco en la evolución social: “Queremos las cosas ahora y ya, y además buscamos una retribución. Parece que con pagar por una causa o participar en una carrera solidaria ya hemos cumplido, y el voluntariado no consiste en eso o al menos la palabra voluntario o voluntaria tal y como la conocemos”. A su juicio, el tiempo se percibe cada vez más como un recurso a rentabilizar, lo que dificulta asumir compromisos estables.
En su asociación, que atiende a unas 200 personas al año, apenas cuentan con una decena de voluntarios activos en programas regulares. “Nunca hay suficientes. Cuantas más manos haya, más se puede hacer”. La situación se repite en entidades más pequeñas. Irati Lamarca, de Gota Gota, ha destacado que apenas logran sostener sus clases de castellano y alfabetización: “No damos más de sí. Nos gustaría hacer más actividades, pero no llegamos”. La falta de continuidad es otro problema añadido: “Necesitamos personas fijas para generar confianza. Si cada día viene alguien distinto, es inviable”.
Llamamiento a la implicación social
Desde la experiencia personal, Janet Jaramillo, voluntaria en Itaka-Escolapios, insiste en el valor humano del voluntariado: “Es de gran satisfacción ver cómo ayudas a personas que llegan sin saber castellano y les ayudas a integrarse, a conocer... Es una labor muy bonita”. Sin embargo, coincide en el diagnóstico, y es que "hace falta mucha gente, además de compromiso y conciencia social".
Las asociaciones señalan además un desajuste entre oferta y demanda: hay personas interesadas en ayudar, pero no siempre encuentran cómo hacerlo, y las entidades no siempre logran conectar con ellas. Desde Batekin se encargan, cada año, de orientar entre 200 y 400 personas, pero reconocen que no es suficiente para cubrir las necesidades actuales.
El llamamiento es claro: hacen falta más voluntarios en el ámbito social, especialmente para acompañamiento de personas vulnerables, apoyo educativo y programas de integración. “Como sociedad no podemos olvidar que hay necesidades que no están cubiertas”, ha recordado Lamarca. “Formamos parte de un todo y tenemos la responsabilidad de colaborar”.
En un contexto de creciente demanda, las asociaciones de Álava insisten en recuperar el valor del compromiso, porque, como resume Jaramillo, “hay mucha gente que necesita ayuda y esta es una forma directa de cambiar las cosas”.

Jon Dos Santos
Redactor y editor de contenidos en el magazine Hoy por hoy Vitoria




