ETA acusa de "confidente" y mata al policía local José Naranjo por su amistad con sus vecinos guardias civiles
El historiador Gómez Calvo nos explica a quiénes mató ETA bajo esa acusación y la investigadora Gemma Varona reflexiona sobre la Memoria

Capítulo 77 | ETA acusa de "confidente" y mata al policía local José Naranjo por su amistad con sus vecinos guardias civiles
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Vitoria-Gasteiz
El capítulo 77 de 'La ventana de la memoria' recuerda al policía local José Naranjo Martín, al que ETA mató el 27 de marzo de 1984 sobre las once y cinco de la noche, cuando se dirigía al cuartelillo de la Policía municipal de Elorrio (Bizkaia) para incorporarse al servicio. Naranjo iba desarmado. Dos terroristas de ETA se bajaron de un coche 'Chrysler 150' de color blanco y le efectuaron dos disparos en la nuca con una pistola automática, hiriéndole mortalmente y huyendo posteriormente en el vehículo.
José Naranjo tenía 50 años de edad, estaba casado y tenía siete hijos. Consolación era la pequeña. Cuando mataron a su padre ella tenía 9 años. Le recuerda como "un hombre bueno, que se fue al País Vasco a trabajar en una fábrica y luego terminó siendo policía municipal". Naranjo provenía de Moral de Calatrava (Ciudad Real) y cuando fue asesinado llevaba más de una década de policía local en Elorrio.

Foto cedida por la familia

Foto cedida por la familia
Consolación tiene un recuerdo muy bonito de su infancia en el País vasco. "Hay gente que no me comprende, pero mi infancia era muy feliz. Me dicen: ¿Cómo puedes tú querer el País Vasco? Pues lo quiero, porque sé que le hicieron daño a mi padre unos asesinos, pero no, el País Vasco".
Consolación recuerdo "todo, todo" del 27 de marzo de 1984, el último día que vio a su padre. "Su despedida, lo que cenamos, que le gasté una broma porque le quité la txapela", rememora. Ella estaba dormida, en la cama, cuando llamaron a la puerta. Le despertó el timbre. "Y perfectamente me acuerdo, cuando abrió mi madre la puerta, de quién estaba allí: el alcalde, el médico, el cura del pueblo y unos tíos míos. Mi madre cayó desplomada y ellos le dijeron que no estaba muerto, que estaba en el hospital. Pero yo, con nueve años, yo supe que no, que ya estaba muerto".
La pequeña se enteró enseguida de cómo había muerto su padre "por los comentarios de la familia, que hablaban de que le habían pegado dos tiros..." Ella ya sabía que era ETA porque años antes la banda terrorista había matado a un guardia civil amigo de su padre.

Foto cedida por la familia

Foto cedida por la familia
La familia Naranjo vivía al lado del cuartel de la Guardia civil de la localidad, así que enseguida entablaron relación y amistad con los agentes y sus familias. En la lógica de ETA, esa amistad fue la que le costó la vida a José, al que acusó de "confidente" por su relación con la Guardia civil. Consolación lo niega. "Éramos casi familia, porque, al ser españoles, como decían, nos juntábamos todos en las Navidades, yo jugaba en el patio con los niños y tenía amigas". La madre, además, "ayudaba a los guardias civiles jovencitos, porque estaban solos. ETA reivindicó que mi madre les hacía la comida y les ayudaba. Pues sí, porque éramos siete hermanos y mi madre no podía salir a la calle y dejarnos solos a los pequeños. Y, al mismo tiempo, si les hacía la comida o les cosía la ropa, era una ayuda para la casa".
Dos años después del atentado, la familia se volvió a Moral de Calatrava. Consolación ha vuelto varias veces a Elorrio, la última vez en setiembre pasado a disfrutar de las fiestas, aunque su madre falleció y tuvo que regresar a casa. Lo que vio en las fiestas "no me hizo gracia". "No voy a volver más en fiestas", asegura después de lamentar todas las fotos que tuvo que ver en la calle "de asesinos, porque son asesinos", además de carteles pidiendo la libertad para los presos de ETA.
Regresó también al País vasco a recoger uno de los cuadernos de memoria que entrega el Gobierno vasco a las familias de aquellas víctimas cuyos atentados están sin resolver judicialmente. Después de recibir toda la documentación del caso, ha decidido reabrirlo. "Consuelo Ordóñez me ha ayudado. Al principio, no quería remover, pero digo, ¿por qué no? Sé que no voy a sacar nada, pero bueno", cuenta.
Consolación se siente "tranquila", aunque reconoce que los terroristas "me cortaron las alas, me estropearon la vida".
Sospechosos en un entorno cerrado
El informe Foronda cifra en 25 los policías locales asesinados por la organización terrorista ETA. Según el historiador Javier Gómez Calvo el caso de Naranjo responde a parámetros muy similares a los que causaron el asesinato de muchos policías locales en los años 80 en el País vasco. ETA, cuenta el historiador, "establece una especie de código moral o de corpus moral muy estrecho, a partir del cual el que trascendía un poquito esas normas que ellos mismos habían impuesto y querían imponer también a la sociedad, se convertían en sospechosos". Todo esto se agravaba en el caso de una persona, como Naranjo, nacida fuera del País Vasco y que se relacionaba con miembros de las Fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado. "Eso aumentaba muchísimo las sospechas de ser confidente", cuenta Gómez Calvo, que ironiza con este hecho. "El número de confidentes supuestos de aquella época, dentro de los cánones que ETA manejaba, debería haber sido altísimo, porque era mucha la gente de la que recelaban y sospechaban".
Gómez Calvo recuerda que la policía local, como cuerpo, no estaba señalada por ETA, pero sí que había muchos miembros de la policía local de diferentes localidades que individualmente sí que estaban señalados. El historiador llama la atención sobre el hecho de que los comunicados en los que ETA reivindicaba estas acciones eran muy extensos "porque tenían que justificar ante los suyos ese crimen porque no era un cuerpo señalado expresamente como el caso de la Policía Nacional o militares o guardias civiles, que estaban en la diana".
Una Memoria "incómoda"
La reflexión final que suele cerrar cada 'La ventana de la memoria' la realiza la investigadora Gemma Varona, nueva presidenta del Consejo vasco de víctimas del terrorismo. Varona opina que "la Memoria es una forma de reparación, pero también de garantía de no repetición y, en ese sentido, tiene que venir de la mano de las víctimas". Para Varona, la Memoria es una obligación "prosocial", "no partidista", "incómoda", que "nos permita aprender" y debe ser "participativa", en el sentido de que "tiene que poder aunar toda una serie de polifonía de voces y de generaciones".

Eva Domaika
Jefa de informativos en Cadena SER Vitoria. Presenta el informativo diario ‘La ventana Euskadi’. Si...




