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El pasabolo resiste en Karrantza: el deporte rural más espectacular de Bizkaia busca relevo generacional

Apenas queda una decena de jugadores en activo y sus impulsores quieren evitar que desaparezca una tradición centenaria

Se necesita una bola, normalmente de manzano o de castaño de entre siete y nueve kilos, una tabla, casi siempre de roble, de entre ocho y nueve metros de longitud y tres bolos que, habitualmente, están fabricados con madera en encina y que pesan algo más de 300 gramos. Se trata, no solo de derribar los bolos, sino de que estos alcancen la mayor distancia posible. Vamos, que vuelen lejos.

Por ese motivo, la cancha suele tener una distancia de seguridad de unos 50 metros, ya que después de golpear con la bola, los bolos alcanzan mucha altura y mucha velocidad. “La particularidad no es derribarlos, es conseguir levantarlos, que vuelen y alcancen la máxima distancia posible. Eso emite, además, un sonido muy particular, tanto que, los expertos, sin verlo, saben si la jugada es buena simplemente por el sonido que emiten”, apunta Juantxu Zorrilla, uno de los integrantes de un grupo de entusiastas que intentan que esta modalidad se mantenga viva.

Han desaparecido la mayoría de los carrejos

Muchos de las canchas, llamadas carrejos, han desparecido. “Por ejemplo, ahora hay cinco. Antes, solo en Sopuerta, en el municipio, había más de 35 carrejos. Los mismo en Galdames o en Karrantza. Tanto que había torneos que se jugaban dentro del propio municipio. En la zona de las Encartaciones habría, posiblemente, entre 150 y 200 carrejos, pero esto decayó mucho a partir de los años 80”, señala Zorrilla.

También existieron carrejos de pasabolo en Bilbao, concretamente Altamira, en Maiona o en Torre Urizar. Pero también los ha habido en Madrid e, incluso, “al otro lado del charco, como en Miami, en México o en la República Dominicana. Como anécdota te puedo decir que el alcalde Azkuna era muy aficionado al pasabolo”, señala Zorrilla.

Se trata del deporte rural por excelencia de las Encartaciones, aunque también cuenta con mucho seguimiento en las zonas limítrofes de Cantabria y de Burgos. Algunas teorías apuntan a que se trata de una modalidad pre céltica, aunque las primeras referencias históricas la documentan en el siglo XIX.

La mujer se ha ido incorporando en los últimos años

Existe una federación española, otra vasca y otra bizkaina, y todos los deportistas de pasabolo están federados. Hay una liga nacional y a este deporte se puede jugar por equipos de cuatro, por parejas o individual. Las mujeres se van incorporando poco a tiempo en los últimos tiempos. “Hay que tener en cuenta que es un deporte que requiere de una gran exigencia física. Ane Lavín, por ejemplo, es una gran jugadora”.

“El reto ahora mismo para la supervivencia del pasabolo aquí en Encartaciones es crear escuelas. Existe una muy buena en Sopuerta, con casi 60 chicos y chicas. Hay otra en Villaverde, pero necesitamos crear escuelas de forma urgente” recalca Zorrilla.

El pasabolo resiste en Karrantza: el deporte rural más espectacular de Bizkaia busca relevo generacional

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Un deporte único en Bizkaia que lanza bolos… a decenas de metros

A diferencia de otros juegos de bolos, aquí no gana quien más derriba, sino quien más lejos lanza los bolos.

El jugador debe lanzar una bola de entre 7 y 9 kilos por una tabla de roble —la conocida como cureña— de unos nueve metros, impactar con precisión tres bolos y hacer que salgan despedidos lo más lejos posible.

Fuerza, técnica y concentración se combinan en un gesto que convierte cada tirada en un espectáculo.

Una tradición con raíces milenarias

Según explica uno de sus impulsores, Juantxo Zorrilla, el pasabolo es “el deporte rural por excelencia de las Encartaciones”, con presencia también en Cantabria y el norte de Burgos.

Zorrilla recuerda que historiadores como Telesforo de Aranzadi situaban este juego incluso antes de los celtas, en el territorio de los antiguos autrigones.

Además, existen referencias documentadas desde el siglo XIX que confirman su práctica en la zona.

De fenómeno popular a riesgo de desaparición

Lo que durante décadas fue una práctica habitual en Karrantza y su entorno ha ido perdiendo fuerza con el paso del tiempo.

Hoy, reconocen sus impulsores, apenas queda una decena de jugadores, muy lejos de los años en los que las boleras reunían a numerosos participantes y público.

El reto: que el pasabolo no se pierda

Por eso, quienes mantienen viva esta tradición han decidido dar un paso al frente para relanzarla y acercarla a nuevas generaciones.

El objetivo es claro:

  • Dar visibilidad al pasabolo
  • Recuperar su presencia en fiestas y eventos
  • Atraer a jóvenes que aseguren su continuidad

Porque más allá del deporte, el pasabolo forma parte de la identidad de una comarca.

Un guiño a una tradición que sigue viva

En un momento en el que muchas tradiciones desaparecen en silencio, el pasabolo resiste en Karrantza como un símbolo de cultura popular.

Un juego que combina historia, esfuerzo y espectáculo… y que todavía tiene mucho que decir si encuentra quien recoja el testigo.

 

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