Iñigo Manrique, paciente con Parkinson: "La enfermedad me ha hecho mejor persona"
Es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente tras el Alzheimer y cada año se diagnostican en Euskadi 400 nuevos casos
Iñigo Manrique, paciente con Parkinson: "La enfermedad me ha hecho mejor persona"
Bilbao
Tan solo tenía 27 años cuando le diagnosticaron la enfermedad. Iñigo Manrique acudió al médico con síntomas de cansancio. "Estaba seguro de que me iba a dar unas vitaminas y ya", ha contado en A vivir que son dos días Euskadi. Era Parkinson. "Tuve que hacer el duelo tras el diagnóstico", cuenta.
Iñigo Manrique cuenta su experiencia con el Parkinson
Quedamos con él en la Plaza del Ensanche de Irún. En un banco al sol, el concejal del Partido Popular en la ciudad fronteriza se abre para hablar de algo que tiene ya muy interiorizado, aunque no siempre fue así. En el vídeo, elaborado por el periodista Aitor Plaza, se recoge parte de la conversación. "Cuando yo soy diagnosticado en 1997, mi primer preocupación era que no se notara de puertas a fuera. He sufrido mucho, pero valió la pena. Cuando te ven enfermo y tienes 30 años, no es lo mismo que cuando te ven enfermo y tienes 57. Con 57 años yo ya he hecho muchas cosas, yo ya tengo menos cosas que demostrar", explica.
Padre de cinco hijos, Manrique no sufre temblores, uno de los síntomas más frecuentes en las personas con Parkinson, sí tiene algunos problemas de movilidad. "Cuando veo a alguien conocido o cuando me encuentro con algo que desconozco se me paralizan las piernas", detalla, "y muchas veces me caigo". Ha desarrollado una gran habilidad para caerse y no lesionarse. Llama la atención su diagnóstico a edad tan temprana y la lenta evolución. El Parkinson no le condiciona mucho la vida: conduce, se mueve en moto y juega al pádel. En el Día Mundial del Parkinson confiesa que "la enfermedad me ha hecho mejor persona".
8000 personas con Parkinson
Cada año se diagnostican en Euskadi cerca de 400 nuevos casos de esta enfermedad. Es la segunda patología neurodegenerativa más frecuente después del Alzheimer. Ahora mismo, más de 8000 personas la padecen en nuestra comunidad, con una prevalencia del 0,4% de la población total. Aumenta con la edad y es ligeramente mayor en hombres que en mujeres.
El diagnóstico de la enfermedad no se puede realizar en fases avanzadas. Al principio sus síntomas son confusos: estreñimiento, falta de olfato, cansancio. Más adelante, se presentan problemas de movimiento incontrolado del cuerpo o problemas de sueño.
Las lágrimas, la clave
Hay abiertas diversas líneas de investigación, entre ellas, la del equipo de la Catedrática de Biología Celular de la Universidad del País Vasco, Elena Vecino, investigadora principal del Grupo Interdisciplinar de Investigación de Oftalmo-Biología Experimental (GOBE). Centran su trabajo en el análisis de las lágrimas. "Hay diferencia entre las lágrimas de un paciente con Parkinson y sin la enfermedad: hay unas proteínas que aparecen sobreexpresadas", explica Vecino. El objetivo es diseñar unos dispositivos, como los que crearon durante la pandemia de la Covid-19 para poder detectar al instante la enfermedad. Para ellos, han contado con un nutrido equipo de profesionales, entre ellos oftalmólogos para garantizar que el paciente no tiene otras patologías adyacentes que pudieran enmascarar el marcador.
El próximo 20 de abril se celebra una jornada para pacientes y familiares en el Hospital Universitario Cruces sobre avances y soluciones organizada por la Unidad de Referencia en Parkinson del centro. Analizarán, entre otras cuestiones, la rehabilitación cognitiva o la nutrición en la enfermedad. Además, el día 23, habrá otra jornada sobre el Parkinson y los trastornos del movimiento.