¿Has visto la cabeza de Baco? Pronto estará en el Bibat de Vitoria
El servicio de restauración de la Diputación Foral de Álava, con casi 40 años de trayectoria, trabaja actualmente en varias decenas de obras y actúa cada año sobre hasta 300 piezas del patrimonio histórico

Servicio de restauración de la Diputación Foral de Álava
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Vitoria-Gasteiz
Conservar el pasado para entender el presente. Ese es el objetivo que guía al servicio de restauración de la Diputación Foral de Álava, un espacio especializado que, desde su creación en 1987, ha intervenido en miles de piezas del patrimonio alavés y que hoy mantiene abiertas varias líneas de trabajo con decenas de obras en proceso.
Como es el caso de la restauración de la cabeza de Baco, que avanza con paso firme en los talleres. La pieza, hallada en el yacimiento de Arkaia, se encuentra en una fase de intervención en la que los especialistas realizan un exhaustivo trabajo de documentación y análisis: fotografías macro y micro, estudios con luz ultravioleta y pruebas de solubilidad para eliminar capas añadidas. "Si se cumplen los plazos, podrá exhibirse al público a partir del mes de julio en el museo Bibat", ha indicado la directora del servicio de restauración Cristina Aransay.
Cabe recordar que la cabeza de Baco es una obra de mármol de alto valor arqueológico perteneciente al siglo II. Una pieza que mide apenas 12 centímetros, que apareció en 1976 durante las obras realizadas en una zanja para la red de saneamiento de Arkaia.
Pero esta no es la única obra destacada en proceso. En el mismo taller, un imponente capitel de grandes dimensiones —procedente también de Arkaia— ha sido ya limpiado de tierras y humedad tras ingresar con más de 300 kilos de peso. Junto a él, dos amonites del Museo de Ciencias Naturales, ya restaurados, evidencian la diversidad de materiales que pasan por estas instalaciones. Incluso fragmentos del espacio exterior, como varios meteoritos —uno de ellos de 17 kilos procedente de desierto de Arizona—, están siendo tratados por problemas de conservación.


Conciencia social para poder conservar
Este conjunto de piezas ejemplifica el día a día de un servicio que, desde su creación en 1987, se ha convertido en pieza clave para la conservación del patrimonio alavés. En la actualidad, el equipo trabaja simultáneamente en “alguna decena de obras”, aunque el volumen real es mucho mayor. “A lo largo del año hacemos actuaciones en alrededor de 200 o 300 obras de patrimonio”, ha indicado Aransay, quien recuerda que en estas casi cuatro décadas se han restaurado “miles y miles de objetos”.
Ubicado en la calle Urartea, el servicio cuenta con varias secciones especializadas —pintura, escultura, piedra, arqueología, documento gráfico y textiles— que permiten abordar todo tipo de materiales. De hecho, su labor abarca desde las colecciones de los museos forales —Bellas Artes, Armería, Bibat o Artium— hasta documentos del Archivo Histórico Provincial o patrimonio eclesiástico, gracias a convenios de colaboración.


Más allá de la restauración, el servicio impulsa la conservación preventiva y la divulgación. “Hay que trabajar en el mantenimiento antes de que las obras se deterioren”, insiste Aransay. En esa línea, también colaboran con entidades locales mediante subvenciones y realizan charlas en municipios para explicar los trabajos y fomentar el cuidado del patrimonio.
El vínculo emocional con las piezas es constante. “Encontrar la huella de alguien que vivió hace miles de años en una cerámica es muy emocionante”, ha relatado la restauradora Paloma López. Mientras, para Marisol Rojo, intervenir en obras de grandes maestros también deja huella: “Trabajar en un Cristo de José de Ribera te marca”.
De los tejidos históricos al espacio exterior
En el área de pintura, una de las intervenciones más singulares es la predela de Luzuriaga, una rara muestra de pintura sobre madera en Álava. “Es una obra muy interesante y además ha aparecido un boceto en el reverso, algo poco habitual”, señala la restauradora Marisol Rojo. En ese mismo espacio se trabaja también en el sagrario de Moscador, una pieza gravemente dañada por termitas que habían destruido gran parte de su estructura interna. La intervención ha sido clave para evitar su colapso definitivo.


En textiles, el equipo ultima la restauración de un uniforme de Húsares de Pavía, compuesto por múltiples materiales como lana, seda, algodón y elementos metálicos. Un trabajo que requiere un estudio previo minucioso. “Primero hay que identificar todos los materiales para aplicar el tratamiento correcto”, nos ha contado Aransay, donde también se diseña el soporte que garantizará su conservación futura.


Casi 40 años después de su creación, el servicio de restauración alavés sigue demostrando que cada pieza recuperada es mucho más que un objeto: es una historia que vuelve a la vida.

Jon Dos Santos
Redactor y editor de contenidos en el magazine Hoy por hoy Vitoria




