"No es solo ser listo": la voz de los estudiantes con altas capacidades
El Gobierno Vasco y la Universidad de Deusto impulsan un congreso internacional para reforzar la atención al alumnado con altas capacidades los días 13 y 14 de mayo

El concepto altas capacidades se utiliza a modo de paraguas para englobar a aquellas personas que destacan por encima de la media en test de cociente intelectual y que, además, muestran otras particularidades. / Justin Lewis

Bilbao
Euskadi se encuentra en un momento de transformación educativa en el que la gestión del talento se ha convertido en una prioridad. Según los datos más recientes del Departamento de Educación del Gobierno Vasco, alrededor del 3% del alumnado ha sido identificado con altas capacidades intelectuales.
Esta cifra es consecuencia directa del cambio de paradigma iniciado en 2019 con el Plan de Atención Educativa para el Alumnado con Altas Capacidades, que introdujo cribados sistemáticos en las aulas para detectar un talento que hasta entonces permanecía, en muchos casos, oculto.
Para entender esta realidad desde dentro, dos estudiantes de ESO, Jon y Julia, ambos con altas capacidades, han compartido su experiencia mientras participan en un programa específico que se imparte en la Universidad de Deusto con el apoyo del Gobierno Vasco.
Jon recuerda cómo descubrió su situación fuera del sistema escolar: "Mis padres decidieron hacerme una prueba en un centro especializado y salió que tenía altas capacidades. A mí no me lo hicieron en el colegio porque nací antes de que estas pruebas se generalizaran".
Julia, en cambio, fue identificada en el aula. Pero ambos coinciden en desmontar un mito frecuente: "No es que seas más listo y ya", explica Julia. "Tienes facilidad para algunas cosas, pero también sientes todo con más intensidad", añade.
Jon añade otra dimensión: "A mí me gustan cosas que normalmente a un chaval de mi edad no le interesan. Por ejemplo, la física. Cuando algo me motiva, lo entiendo muy rápido. Pero si no me interesa, desconecto".
Necesidad de estímulos
Ambos estudiantes reconocen una experiencia común: el aburrimiento en el aula. "Muchísimas veces", responde Julia sin dudar. "Si el tema no nos interesa, dejamos de prestar atención. Necesitamos que eso nos cree curiosidad constantemente", explican.
Esta falta de estímulo puede derivar en desmotivación, uno de los principales riesgos que intenta evitar el programa en el que participan. En él, cerca de 200 alumnos trabajan en grupos reducidos desarrollando proyectos propios.
Julia, por ejemplo, está creando su propia marca: "Estoy montando una panadería-pastelería. Nos dan la teoría y la aplicamos a algo que nos guste. Otros compañeros hacen proyectos totalmente distintos, como diseño de productos". Jon, por su parte, subraya la importancia de este tipo de iniciativas: "En una clase con 20 o 30 personas hay distintos ritmos y el profesor no puede centrarse solo en ti. Este programa permite desarrollar nuestras capacidades con gente que sabe cómo ayudarnos".
El estigma y la falta de comprensión
Otro aspecto que destacan es el estigma social. "No se suele decir el coeficiente intelectual", explica Jon. "La gente lo reduce a ‘es listo’ y ya, pero no entiende todo lo que hay detrás", añade. Julia coincide, aunque reconoce que nunca lo ha vivido como un problema personal: "Para mí nunca ha sido algo negativo, pero sí es verdad que a veces parece que está mal decirlo. A mi no me ha importado nunca decir mis notas".




