Sociedad

Los veterinarios, una pieza clave y desconocida de la salud pública

Desde el Colegio de Badajoz se pide mayor implicación de las administraciones en la difusión de su utilidad social

Escorxador / CVCV

Mérida

Cuando un alimento llega al plato, pocos ciudadanos se detienen a pensar todo el recorrido previo que ha seguido hasta ser seguro para el consumo. Detrás de ese proceso hay un trabajo constante y silencioso que recae, en gran medida, sobre la profesión veterinaria. Un papel esencial para la salud pública y, sin embargo, todavía muy desconocido para la sociedad y poco reconocido por las administraciones.

Con motivo del Día Mundial de la Veterinaria, el presidente del Colegio de Veterinarios de Badajoz, José Marín, ha reivindicado la importancia de un colectivo que no solo vela por la salud de los animales, sino también por la de las personas. “El 75% de las enfermedades infecciosas humanas tienen origen animal”, recuerda, una cifra que refuerza el enfoque conocido como One Health, que integra la salud animal, humana y ambiental como una única realidad inseparable.

La labor veterinaria abarca desde el control en granjas, mataderos, supermercados o restaurantes, hasta las inspecciones en actividades cinegéticas, especialmente relevantes en Extremadura. Enfermedades como la triquinosis o la tuberculosis animal se previenen gracias a una vigilancia que evita riesgos para el consumo humano. A ello se suma el diagnóstico precoz de zoonosis en la clínica veterinaria, considerada la primera barrera frente a la transmisión de enfermedades.

A pesar de esta función preventiva, el colectivo denuncia que su trabajo pasa desapercibido y no recibe el respaldo institucional necesario. Un ejemplo es la falta de coordinación entre los ministerios de Agricultura y Sanidad, a pesar de que la veterinaria es legalmente una profesión sanitaria. “Del campo a la mesa hay supervisión veterinaria continua, pero esa cadena se rompe a nivel administrativo”, lamenta el presidente colegial.

Otro de los frentes abiertos es el marco normativo. El Real Decreto 666, aprobado en 2023, provocó un rechazo unánime por limitar la capacidad clínica de los veterinarios y aumentar la carga burocrática. Aunque algunas de estas medidas han sido corregidas recientemente, el malestar persiste. A ello se suma el IVA del 21% que grava los servicios veterinarios desde 2008, una carga que el sector considera incoherente con su función sanitaria.

Condiciones laborales muy duras

En Extremadura, la profesión afronta además retos estructurales, como la falta de relevo en la veterinaria rural y la dureza de las condiciones laborales en el medio agrario, donde la atención es continua y los medios, a menudo, escasos.

Desde el Colegio de Veterinarios de Badajoz insisten en la necesidad de campañas de sensibilización y mayor apoyo institucional para dar visibilidad a una profesión imprescindible. “Debilitar a los veterinarios es debilitar la salud pública”, advierte José Marín. Un mensaje claro en un contexto marcado por el aumento de enfermedades animales y el riesgo de nuevas crisis sanitarias.