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La Granja Experimental de A Coruña: el laboratorio agrícola que marcó el futuro de Galicia

La conocemos de la mano de Nuria Prieto en su Cuaderno de dibujo

Cuaderno de dibujo: La granja experimental de A Coruña

Cuaderno de dibujo: La granja experimental de A Coruña

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A Coruña

La historia urbana de A Coruña esconde proyectos pioneros que hoy han desaparecido físicamente, pero cuyo impacto sigue presente. Uno de los más desconocidos —y a la vez más influyentes— es la Granja Experimental de A Coruña, un complejo creado a finales del siglo XIX donde se investigó sobre agricultura, ganadería y arquitectura al servicio del progreso científico.

Entre 1888 y 1964, este espacio situado entre la Fuente de las Pajaritas, Monelos y Mato Grande fue clave en el desarrollo agrario gallego y el origen de instituciones que aún hoy siguen activas.

El origen europeo de las granjas experimentales

La Granja Experimental coruñesa no surge de la nada. Como explica la arquitecta Nuria Prieto, toda innovación tiene antecedentes. En este caso, uno de los referentes fundamentales fue el Huerto del Rey de Luis XIV en Francia, diseñado en el siglo XVII por Jean-Baptiste de La Quintinie.

Este espacio, nacido del capricho del monarca por consumir frutas fuera de temporada, acabó convirtiéndose en un auténtico laboratorio agrícola: muros orientados al sol, campanas de cristal, control del clima y experimentación con cultivos exóticos. Lo que comenzó como un símbolo de poder real terminó siendo una base científica para mejorar la producción de alimentos.

Estas ideas se conectan, además, con los planteamientos de Thomas Malthus, pensador que alertó sobre el crecimiento descontrolado de la población y la necesidad de optimizar los recursos alimentarios. La pregunta era clara: ¿cómo alimentar a más gente con menos recursos?

La Granja Experimental de A Coruña (1888–1964)

Siguiendo este contexto europeo, A Coruña crea en 1888 su propia Granja Experimental, con una superficie de 16 hectáreas, incluso mayor que el Huerto del Rey francés.

Un espacio adelantado a su tiempo

La granja funcionaba bajo criterios que hoy relacionaríamos con la permacultura:

  • Organización estratégica de cultivos para evitar sombras perjudiciales
  • Aprovechamiento del conocimiento rural tradicional
  • Introducción de nuevas especies vegetales
  • Protección frente a enfermedades y plagas

Todo ello con un objetivo claro: experimentar para mejorar la producción agrícola y ganadera.

Tres grandes aportaciones clave

La Granja Experimental dejó un legado fundamental que aún hoy forma parte de la vida cotidiana:

1. La creación de la vaca amarela

Mediante el cruce de distintas razas se consiguió un animal resistente, versátil y altamente productivo, capaz de ofrecer carne y leche en condiciones óptimas.

2. La introducción del lúpulo en A Coruña

En 1913 se comprobó que el lúpulo podía cultivarse con éxito en la zona, lo que permitió mejorar la producción cervecera, hasta entonces más rudimentaria y basada en otros cereales.

3. La estación de fitopatología

Se creó un centro dedicado a prevenir y estudiar enfermedades de los cultivos, especialmente aquellas favorecidas por las condiciones climáticas locales.

Arquitectura experimental en el rural gallego

Las construcciones de la granja fueron diseñadas por Julio Galán Carvajal, arquitecto municipal de A Coruña. Su propuesta fue tan innovadora como el propio proyecto: una mezcla de modernismo y arquitectura rural gallega.

Especialmente destacada era la casa del director, una combinación entre una vivienda tradicional de campo y el lenguaje modernista que Galán empleaba en edificios urbanos, como los de la Plaza de Lugo.

Hoy no se conserva ningún resto físico del complejo, pero existen fotografías que muestran una arquitectura única, experimental y adelantada a su tiempo.

¿Por qué no se conservó la Granja Experimental?

El crecimiento urbano acabó absorbiendo la finca y, además, su función se consideró prescindible. A diferencia de teatros o edificios culturales, una granja experimental no era vista como patrimonio digno de conservación.

Además, la ciencia avanzó más rápido que la arquitectura: los espacios quedaron obsoletos y en 1964 la actividad se trasladó fuera de la ciudad, dando origen al actual Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo.

Un legado invisible pero esencial

Aunque hoy no queden muros ni caminos que recuerden la Granja Experimental de A Coruña, su impacto es enorme. De allí surgieron avances que hoy asumimos con normalidad: mejoras en la ganadería, la cerveza, la producción agrícola y la investigación científica.

La historia de esta granja demuestra cómo el capricho, la ciencia y la arquitectura pueden unirse para transformar una ciudad, incluso cuando el resultado acaba siendo invisible con el paso del tiempo.

 

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