Por qué una tragedia lejana como la de Adamuz duele como propia: la explicación psicológica tras el shock colectivo
Una psicóloga analiza por qué sucesos como el accidente ferroviario de Córdoba generan una respuesta emocional masiva

Vista aérea del accidente de trenes cerca de Adamuz (Córdoba) este lunes. / Guardia Civil (EFE)

Lugo
Una nueva tragedia ferroviaria vuelve a sacudir a la sociedad española. El accidente ocurrido en Adamuz, en la provincia de Córdoba, con, al menos, 40 personas fallecidas y más de 150 heridas tras la colisión de dos trenes de alta velocidad, ha generado un profundo impacto emocional en todo el país, incluso a cientos de kilómetros del lugar de los hechos. Pero ¿por qué un suceso que no vivimos en primera persona nos afecta de forma tan intensa?
La psicóloga lucense Jennifer Souto explicó en Hoy por Hoy Lugo que esta reacción es completamente normal y tiene una base biológica y social. "Nuestro sistema emocional se activa de forma automática ante el dolor ajeno. Las neuronas espejo nos permiten sentir una parte del sufrimiento que observamos", señaló. Se trata, explica, de un mecanismo evolutivo que favorece la empatía, la cooperación y la supervivencia como especie.
La identificación juega un papel clave cuando la tragedia ocurre en contextos cotidianos como un tren o una carretera. "No solo pensamos ‘podría haber sido yo’, sino también ‘podría haber sido mi hijo, mi pareja o un amigo’”, apuntó Souto. Esa posibilidad imaginada despierta una sensación de vulnerabilidad que se extiende rápidamente y convierte el shock en un fenómeno colectivo.
A pesar de vivir en una sociedad cada vez más individualista, estos acontecimientos refuerzan el sentimiento de pertenencia. "Cuando algo amenaza a la comunidad, el cerebro interpreta que el peligro es compartido, y surge la necesidad de unirnos y protegernos", explicó la psicóloga. De ahí también el impulso casi inmediato de ayudar, donar o colaborar de alguna forma. Ese altruismo espontáneo, añade, ayuda a recuperar la sensación de control y actúa como una vía de autorregulación emocional gracias a la liberación de oxitocina, que reduce la ansiedad y fortalece los vínculos sociales.
Sin embargo, Souto advierte sobre de las redes sociales y su papel como arma de doble filo. Aunque amplifican la solidaridad, también pueden convertirse en una fuente de sobreexposición al dolor. "Ver imágenes traumáticas de forma repetida activa en nuestro cuerpo la misma respuesta fisiológica que si estuviéramos allí", explicó. A largo plazo, esto puede provocar ansiedad, irritabilidad, insomnio o incluso insensibilización emocional.
Por ello, la experta recomienda practicar una "higiene emocional responsable": limitar el consumo de noticias, elegir fuentes fiables, evitar imágenes especialmente duras y establecer momentos concretos para informarse. "Cuidar lo que vemos también es cuidar nuestra salud mental", subrayó.
Para quienes se sienten desbordados, el mensaje es claro: validar las emociones, hablar con alguien de confianza, dosificar la información y realizar pequeños gestos de solidaridad sin sobrecargarse. Y si la angustia persiste, pedir ayuda profesional. "No es un signo de debilidad, sino de autocuidado", concluyó Jennifer Souto.
Sara Meijide
Redactora de Radio Lugo




