Cuando el Estrella Roja fue el rey de Europa y del mundo
Los serbios ganaron la Copa de Europa en 1991
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Vigo
Cuando Ljupko Petrovic comenzó a trabajar con una plantilla como la del Estrella Roja, se dio cuenta de que el talento con el que contaba no era demasiado habitual. Habían coincidido una hornada de jugadores espectaculares y otros que complementaban muy bien a esos talentosos con esfuerzo, trabajo y capacidad de sufrimiento. Petrovic fue el arquitecto de aquel histórico Estrella Roja campeón de Europa en el 91 y campeón del mundo en la 91-92. Su trabajo fue acelerar el proceso de maduración de Prosinecki o Savicevic, equilibrar los egos y sacarle el máximo partido a una generación que, por el conflicto de los Balcanes, ya a la temporada siguiente comenzó a fracturarse. Petrovic logró crear un grupo y que fuesen absolutamente fieles a su idea de fútbol descarado, ofensivo y atrevido. Y es que aquel Estrella Roja era así. Pero Ljupko también fue capaz de hacerles entender que, cuando no tocaba jugar de esa manera, había que hacerlo menos bonito y más feo. Fue el caso de la final de la Copa de Europa con el denominado “Pacto del Aburrimiento”. Petrovic sabía que la única forma de poder ganarle al Marsella en una final pasaba por hacer un partido largo y no dejarse sorprender en las contras que los franceses hacían a la perfección. Para neutralizar las contras, había que ser un equipo más defensivo y eso les planteo en la charla: “¿Queréis jugar al ataque y bonito y perder o jugar feo, con paciencia y ganar?”. Y la táctica dio resultado. Fue un partido feo, con muy pocas ocasiones y, en los penaltis, el Estrella Roja obró el milagro y logró la recompensa a una de las últimas generaciones yugoslavas que jugarían juntas. La guerra de los Balcanes ya se encargó de hacer el resto.
En aquel equipo destacaba un portero solvente y muy valiente como Stevan Stojanovic, el héroe en la tanda de penaltis de la final, pero también en las semifinales contra el Bayern.
La defensa tenía dos nombres que se compenetraban a la perfección: el brutal talento de Belodedici, con esa espectacular capacidad de sacar el balón jugado desde atrás y su gran colocación. A su lado, Sabanadzovic, uno de los mejores centrales que ha dado Yugoslavia en toda su historia con su espectacular capacidad para secar a los delanteros rivales. Completaban la defensa titular Marovic o Najdoski, que jugó después en el Valladolid.
El centro del campo era un auténtico escándalo, de lo mejor que había en Europa y donde estaba la sala de máquinas de aquel Estrella Roja inolvidable. Puro talento balcánico con Vladimir Jugovic jugando con una solvencia a prueba de bombas con solamente 21 años. El complemento perfecto para un Robert Prosinecki que solo las lesiones y el no cuidarse estropearon uno de los mayores talentos que ha dado el fútbol balcánico. Aquella temporada todo el mundo se sorprendió de cómo escondía el balón y de cómo nadie era capaz de quitárselo. Sinisa Mihajlovic lo tenía todo: técnica, fuerza, potencia, velocidad y un disparo absolutamente espectacular con la pierna izquierda que lució durante tantos años en Italia. Pero sobre todo era uno de los jugadores más competitivos de aquel Estrella Roja. Contagiaba al resto. En la década de los 90 no hubo nadie o casi nadie con su balón parado.
Y luego estaba Dejan Savicevic, el talento que te decidía partidos. Pocos jugadores más rápidos en la toma de decisiones. Un modernizador de la posición de mediapunta. Podía jugar en muchas posiciones y en todas hacía daño. Un centro del campo así también necesita un Stosic para meter kilómetros, aportar agresividad y mala leche. Siempre hacen falta.
Para la delantera, aunque había más variantes, Darko Pancev estaba por encima del resto. Instinto goleador puro. Cazagoles de los que se ven ahora muy pocos. Un desmarque siempre muy inteligente y una capacidad para hacer daño en la primera pelota que tocaba. Ganó la Bota de Oro ese año, pero ya no la pudo recoger por la Guerra de los Balcanes. Dragisa Binic era un auténtico atleta. Un complemento perfecto para la línea de extraordinarios pasadores que tenía aquel equipo. Savicevic, Sinisa, Prosinecki les garantizaban recibir balones en ventaja y siempre bien direccionados. Otra pieza clave.
Aquella Copa de Europa 90-91 comenzó en el Pequeño Maracaná de Belgrado, jugando el partido de ida de la primera ronda contra el Grasshopper suizo. Los suizos se adelantaron en el minuto 14 y el Estrella Roja empató con gol de Binic antes del descanso. Mal resultado para empezar y se la jugaban en Suiza. En el Hardturm de Zúrich llegó la primera exhibición del equipo de Petrovic. Ganaron por 1-4 en una auténtica exhibición. Con doblete de Pronsinecki y los goles de Pancev y Radinovic, los serbios lanzaban un mensaje a sus rivales. No iban a ser un equipo fácil como muchos pensaban. Petrovic estaba creando un monstruo.
En el partido de ida de la Segunda Ronda llegó una nueva exhibición. Enfrente al experimentado Glasgow Rangers, que no se esperaba lo que iba a tener enfrente. Con goles de Prosinecki, Pancev y Brown en propia meta, el Estrella Roja se llevaba a Escocia un 3-0 que parecía definitivo. En la vuelta, poco sufrimiento y Pancev ponía un 0-1 que ya le dio un golpe definitivo al Rangers, que apenas pudo empatar y gracias a aquel encuentro.
El Estrella Roja ya estaba en cuartos de final e iba lanzado. El que lo sufrió fue el Dynamo de Dresde. Los alemanes venían de eliminar al Malmoe y se encontraron en el Rajko Mitic de Belgrado a un auténtico huracán de fútbol. Otro 3-0 con goles de Savicevic, Prosinecki y Binic y otra exhibición de un fútbol ofensivo total. Para cortar cualquier tipo de esperanzas de remontada, en la vuelta, en el mítico Rudolf-Harbig, ya ganaba Estrella Roja a los dos minutos. Después, fútbol total y dos goles más de Prosinecki y Savicevic. Los de Petrovic se metían en semifinales habiendo marcado 15 goles a favor y solamente habiendo recibido tres goles en contra. En la otra semifinal se enfrentaban el Marsella, que había eliminado al Milan, y el Spartak de Moscú, que se había cargado al Real Madrid en cuartos, ganando 1-3 en el Bernabéu. Era el Spartak de Mostovoi, Shalimov, Popov y Radchenko.
Pero a los serbios les tocó bailar con la más fea: Bayern de Múnich El sorteo quiso además que la ida se jugara en Alemania. Complicada la papeleta en el Olympiastadion y más cuando el Bayern se pone por delante en el minuto 20. Pero aquel Estrella Roja tenía algo especial. Un gen competitivo absolutamente único y un talento bestial. Comenzó a desplegar su fútbol, a adueñarse del balón y los goles de Pancev y Savicevic le daban la victoria a los balcánicos. La posibilidad de meterse en la final pasó de ser un sueño a ser una más que posible realidad.
La presión se notó en el partido de vuelta ante un rival tan experimentado y tan potente como el Bayern. Y eso que Sinisa Mihajlovic ponía el 1-0 en el minuto 23. Todo parecía ir perfecto hasta que llegó en arreón germano en la segunda parte. Esas cosas que tienen los equipos grandes. En un abrir y cerrar de ojos, en apenas cinco minutos (del 61 al 65), le dan la vuelta al marcador y empatan la eliminatoria. Augenthaler y Thon ponían el 1-2 en Belgrado. Pero todavía faltaba la jugada que pasaría a la historia. Era el minuto 90 y el centro de Binic lo mete Augenthaler en su propia portería. Era el 2-2 y el gol de la clasificación a la final de Bari.
El Marsella se cargó al Spartak de Moscú y en el San Nicola se enfrentaron contra el Estrella Roja. Todo acabó 0-0 y se fue a los penaltis. Prosinecki, Binic, Belodedici, Mihajlovic y Pancev hacían pleno desde los once metros, mientras que Stojanovic le paraba uno a Amorós. El Estrella Roja se proclamaba campeón de Europa.
Pocos meses después iba a lograr proclamarse campeón de la Intercontinental en Tokio, venciendo 3-0 al Colo-Colo chileno, campeón de la Libertadores. Dos curiosidades de aquel partido. En ese equipo ya estaba un gran conocido de la afición del Celta: Milorad Ratkovic. Fue titular y dio la asistencia del primer gol a Jugovic. La segunda de las curiosidades que denota el talento que tenía aquel equipo, pese a la fuga de algunas de sus estrellas, es que, con 1-0, el Estrella Roja se queda con diez. Lejos de encerrarse para defender esa renta, siguió teniendo el balón, siguió mandando y acabó marcando el segundo y el tercero en inferioridad numérica. El segundo lo volvió a marcar Jugovic y el tercero, haciendo justicia poética con el macedonio, lo hizo Pancev. Aquel equipo fue único y casi irrepetible.
Esa temporada ganó la liga y ya nada pudo impedir la marcha y la huida de la mayor parte de la plantilla. La situación social era durísima: la guerra había estallado, la economía estaba rota y había un bloqueo internacional. Ya nada fue igual. Entre los que tuvieron que salir estuvo Ratkovic, que llegó al Celta por solamente 50 millones de pesetas. Aquel Estrella Roja pasará a la historia con una alineación que muchos todavía recuerdan. Y no solo en Belgrado.
Jacobo Buceta
Periodista de Radio Vigo-Cadena Ser desde 1998....Periodista de Radio Vigo-Cadena Ser desde 1998. Director de Hoy por Hoy Vigo desde 2008 y narrador de Carrusel Deportivo desde 2005. Presentador de Área de Juego en Televigo (antes Localia Vigo) desde 2005.