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Francia prohíbe las redes sociales a menores de 15 años: ¿hacia dónde camina Europa?

Lo analizamos en La Aventura de Aprender

¿Prohibición de redes sociales a menores de 15? | La aventura de aprender

¿Prohibición de redes sociales a menores de 15? | La aventura de aprender

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A Coruña

Los miércoles en Hoy por Hoy A Coruña son sinónimo de aprendizaje. Un espacio para reflexionar y entender mejor el mundo que nos rodea de la mano de Carmen Iglesias, con quien esta semana abordamos una noticia de máxima actualidad: Francia ha aprobado una ley para prohibir el acceso a las redes sociales a menores de 15 años.

Una medida que sigue la estela de otros países como Australia, donde la prohibición se sitúa en los 16 años, y que apunta claramente a una tendencia internacional: poner límites al uso de redes sociales y dispositivos móviles en la infancia y la adolescencia.

El impacto de las redes sociales en la salud mental de menores

La decisión del Gobierno francés no surge de la nada. Parte del trabajo de una comisión de investigación parlamentaria centrada en los efectos de TikTok y otras redes sociales en la salud mental, especialmente en niños y adolescentes.

Los estudios más recientes son claros:

los cerebros de niños y adolescentes están en pleno desarrollo, y la exposición temprana y prolongada a redes sociales puede afectar gravemente a su bienestar emocional, su capacidad de atención y su forma de relacionarse.

Las plataformas están diseñadas para generar adicción: cuanto más contenido consumes, más quieres ver. El resultado es que muchos menores pasan horas haciendo scroll, perdiendo oportunidades fundamentales de interacción social, juego libre y aprendizaje emocional con sus iguales.

Contenidos inadecuados y modelos irreales

Otro de los grandes riesgos es el tipo de contenidos a los que se exponen. Aunque los adultos somos conscientes de que las redes muestran vidas irreales, cuerpos perfectos y éxitos filtrados, los menores no están preparados para gestionar esa información.

Niños y adolescentes de 11, 12, 13 o 14 años comparan su vida con estándares imposibles, lo que puede derivar en:

  • Depresión
  • Trastornos de la conducta alimentaria
  • Baja autoestima
  • Ansiedad
  • Aislamiento social

Durante los debates parlamentarios en Francia, una diputada lo resumía con claridad: “No se puede pedir a un niño que gestione algo que es adictivo por definición”.

¿Por qué ponemos límites al alcohol y no a las redes?

La comparación es sencilla. Igual que no ofrecemos alcohol a un menor de 14 o 15 años, tampoco deberíamos facilitar herramientas que sabemos que pueden causar un perjuicio grave.

Es cierto que esta información es relativamente reciente y que hay generaciones que crecieron expuestas sin conocer los riesgos, pero hoy ya no se puede mirar hacia otro lado. Aun así, muchas familias no están suficientemente concienciadas del peligro que implica no solo el uso de redes sociales, sino el acceso temprano a un smartphone.

“Mi hijo tuvo móvil y no pasó nada”… ¿seguro?

Uno de los argumentos más habituales es: “Mi hijo estuvo toda su vida con el móvil y no le pasó nada”.

Pero el hecho de que no haya ocurrido en un caso concreto no significa que no esté ocurriendo en miles de adolescentes. Vivimos en un mundo distinto al de nuestra infancia, igual que nuestra realidad fue diferente a la de nuestros padres. La clave siempre ha sido adaptarse poniendo límites.

El ejemplo del tabaco es muy ilustrativo: hace menos de 20 años se fumaba en bares y restaurantes; hoy nos escandaliza verlo en un espacio cerrado. Con las redes sociales estamos en un punto similar de cambio social.

El miedo a “ser el raro que no tiene móvil”

Otro temor frecuente es que el menor se quede aislado por no tener móvil o redes sociales. Sin embargo, cada vez hay más familias concienciadas que comparten una misma visión: no lo necesitan tan pronto.

En edades de primaria y primeros años de secundaria, el ocio está supervisado, los desplazamientos son cortos y existen múltiples herramientas escolares que informan a las familias de cualquier incidencia. Para emergencias, siempre existe la opción de un teléfono básico solo para llamadas, como los que muchos adultos tuvimos.

Menos pantallas, más vida real

Basta con observar a un grupo de adolescentes para darse cuenta: cada uno con su móvil, incluso cuando están juntos. Se comunican más por pantalla que cara a cara.

Esto implica una pérdida enorme de oportunidades para desarrollar habilidades sociales, vivir experiencias reales y aprender a gestionar la frustración y la espera. La inmediatez constante —todo, ya y ahora— también deja huella en el cerebro.

Una tendencia que solo acaba de empezar

Todo apunta a que más países se sumarán a este tipo de medidas. Estamos empezando a ser conscientes del impacto real de la tecnología en la infancia y la adolescencia, y el debate ya no es si hay que poner límites, sino cómo y cuándo hacerlo.

 

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