Sharenting: los riesgos de exponer a niños y niñas en redes sociales
En La aventura de aprender, junto a la especialista Carmen Iglesias, abordamos uno de los temas que más preocupa

La aventura de aprender: Sharenting
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A Coruña
La crianza en la era digital plantea retos completamente nuevos para las familias. En La aventura de aprender, junto a la especialista Carmen Iglesias, abordamos uno de los temas que más preocupa hoy a padres, madres y profesionales de la educación: la exposición de los menores en redes sociales, una práctica conocida como sharenting.
¿Qué es el sharenting?
El término sharenting surge de la unión de share (compartir) y parenting (crianza), y hace referencia a la costumbre de publicar imágenes, vídeos e información sobre hijos e hijas en redes sociales por parte de sus progenitores.
Según UNICEF, nuestros hijos son la primera generación que ha crecido con una huella digital desde la infancia, y nosotros somos la primera generación de padres y madres que cría en un entorno dominado por redes sociales. Esto convierte la tarea educativa en un desafío complejo, lleno de dudas y aprendizajes constantes.
El desconocimiento digital y sus consecuencias
Para quienes no somos nativos digitales, resulta difícil ser plenamente conscientes del alcance real de una publicación. Una simple foto, un vídeo gracioso o una anécdota cotidiana puede acabar viralizándose sin control, llegando a miles o incluso millones de personas.
Casos aparentemente inofensivos —como vídeos de menores que se convierten en stickers o reels virales— pueden tener consecuencias emocionales importantes cuando esos niños crecen y toman conciencia de que su imagen circula sin posibilidad de retirada.
“Una vez que una imagen se hace viral, ya no hay vuelta atrás”, advierte Carmen Iglesias.
Impacto emocional en la infancia y la adolescencia
Cuando los niños son pequeños, muchas veces no son conscientes de que su imagen está en internet. El problema aparece con más fuerza en la preadolescencia y adolescencia, cuando el entorno escolar entra en juego.
No es raro que compañeros de colegio o instituto utilicen esos contenidos para burlarse, hacer comentarios inapropiados o generar situaciones de acoso. Algo que para una familia fue anecdótico puede convertirse en una fuente de malestar y vergüenza para el menor.
Incluso en el ámbito privado, muchos niños expresan claramente su incomodidad cuando se comparte información sobre su intimidad:
- “No me gustó que contaras eso”
- “No quería que lo supieran”
- “Eso es mío”
Si esto ocurre en conversaciones familiares, ¿qué impacto puede tener cuando se hace público en redes?
¿Todo vale por ser padres o madres?
Es cierto que los progenitores tienen la tutela legal de sus hijos, pero eso no implica que todo deba compartirse. Los menores son personas vulnerables, con derecho a su intimidad, privacidad y bienestar emocional.
Cada vez más personas públicas y creadores de contenido han optado por no mostrar los rostros de sus hijos, pixelarlos o fotografiarlos de espaldas. Sin embargo, existe también la otra cara: perfiles que monetizan la vida de sus hijos, exponiéndolos de forma constante sin su consentimiento.
Este punto resulta especialmente preocupante desde el punto de vista ético y educativo.
Exposición puntual vs. exposición masiva
No todo es blanco o negro. Carmen Iglesias insiste en la importancia de la coherencia y el sentido común:
- Exposición puntual: una foto en un día señalado (cumpleaños, primer día de cole, una excursión especial), con perfiles privados y medidas de seguridad.
- Exposición masiva: publicaciones constantes, relatos diarios, vídeos recurrentes y contenido viralizable sobre la vida del menor.
El verdadero riesgo está en la repetición, la falta de control y la pérdida de privacidad.
Redes sociales, inteligencia artificial y nuevos peligros
Hoy, además, las imágenes pueden ser manipuladas fácilmente mediante inteligencia artificial, abriendo la puerta a usos inadecuados, suplantaciones o contenidos dañinos. Una vez más, los menores no tienen capacidad de decisión sobre ello, y la responsabilidad recae en los adultos.
Educar hoy para proteger mañana
Al igual que ocurrió con otros hábitos sociales que hoy nos parecen impensables —como fumar en espacios cerrados—, la sociedad irá aprendiendo y regulando el uso de redes sociales con el tiempo. Mientras tanto, la clave está en informarse, reflexionar y proteger.
Hablar en familia, escuchar a los niños y niñas y preguntarse antes de publicar “¿esto le gustará cuando sea mayor?” puede marcar la diferencia.
Porque cuidar su imagen hoy es también cuidar su futuro.




