A Coruña Opina: Vivir en el rural gallego, oportunidades reales frente al reto demográfico y la falta de servicios
¿Es el rural gallego una alternativa real frente a la ciudad saturada?

A Coruña Opina: Vivir en el rural
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A Coruña
En los últimos años, y especialmente desde la pandemia, las administraciones públicas han insistido en la necesidad de apostar por el rural como alternativa a unas ciudades cada vez más saturadas, con precios de la vivienda disparados y problemas crecientes de masificación. La imagen que se proyecta es atractiva: tranquilidad, naturaleza, calidad de vida y nuevas oportunidades gracias al teletrabajo. Pero ¿hasta qué punto esa visión se corresponde con la realidad del rural gallego?
El debate volvió a ponerse sobre la mesa en A Coruña opina, en Hoy por Hoy, a partir de un dato tan contundente como preocupante: en 300 parroquias de Galicia ya no hay niños, según cifras del Instituto Galego de Estatística.
300 parroquias sin infancia: el síntoma del declive demográfico
El descenso de la natalidad afecta a toda Galicia, pero el impacto es especialmente acusado en aldeas y pequeñas poblaciones. Mientras tanto, más de la mitad de la población gallega vive hoy en las siete ciudades o en municipios de más de 10.000 habitantes. La pregunta es inevitable: ¿sigue siendo Galicia un territorio rural?
La respuesta no es simple. En realidad, existen muchos “rurales” distintos, con realidades muy diversas. Algunos territorios cercanos a áreas urbanas logran mantener actividad y población, mientras otros afrontan una pérdida constante de vecinos y servicios.
Servicios básicos: vivir en el rural no puede significar tener menos derechos
Uno de los principales retos del rural gallego es garantizar los servicios básicos en igualdad de condiciones. Alcaldes y responsables locales coinciden en que no se puede vivir con menos derechos por residir fuera de la ciudad.
Educación, servicios sociales, transporte o atención sanitaria son pilares fundamentales para fijar población. Sin embargo, los pequeños concellos denuncian que muchas veces asumen competencias impropias sin la correspondiente financiación. Con presupuestos limitados, deben cubrir necesidades que en las ciudades cuentan con mayor respaldo económico.
Conectividad e infraestructuras: las nuevas “autopistas” del siglo XXI
Cuando se habla de comunicaciones, no solo se trata de carreteras. Hoy la conexión digital de alta velocidad es esencial para atraer empresas y facilitar el teletrabajo. De hecho, muchos expertos consideran que internet es ya una infraestructura tan básica como una vía de comunicación física.
Sin conectividad adecuada es difícil consolidar proyectos empresariales o atraer nuevos residentes. El rural tecnológicamente desconectado no puede competir en igualdad de condiciones.
Vivienda en el rural: muchas casas vacías, pocas disponibles
Desde las ciudades suele pensarse que en el rural “sobran viviendas”. La realidad es más compleja. Existe vivienda vacía, sí, pero en muchos casos no está en condiciones de habitabilidad. Además, hay dificultades en la transmisión de la propiedad, escasa oferta de alquiler y una burocracia que complica la rehabilitación.
Sin vivienda disponible y accesible, atraer población resulta complicado. El problema no es solo de oferta, sino también de trámites administrativos que encarecen y retrasan cualquier iniciativa.
Falta de mano de obra y problemas de movilidad
Las pequeñas empresas rurales, especialmente las vinculadas al sector agroalimentario o a servicios de proximidad, tienen dificultades para encontrar trabajadores. La falta de transporte público, las largas distancias y la imposibilidad de ofrecer jornadas completas en algunos casos hacen menos atractivas estas oportunidades laborales.
A ello se suma la escasez de vivienda para quienes desearían trasladarse al entorno rural por motivos de trabajo.
Educación rural: una alternativa de calidad poco conocida
En medio de las dificultades, surgen también ejemplos esperanzadores. Los Colegios Rurales Agrupados (CRA), herederos de las antiguas escuelas unitarias, ofrecen un modelo educativo basado en grupos reducidos, atención personalizada y contacto directo con la naturaleza.
Muchas familias desconocen que estos centros públicos siguen existiendo. Sin embargo, quienes los descubren valoran positivamente la riqueza de la convivencia entre distintas edades y la integración con el entorno.
Iniciativas como las casas niño o las casas do maior también demuestran que es posible generar empleo y prestar servicios esenciales en parroquias pequeñas, fortaleciendo la vida comunitaria.
Emprender en el rural: sectores estratégicos y nuevas oportunidades
El rural gallego no es sinónimo de atraso. Galicia es potencia en sectores como el lácteo y cuenta con productos agroalimentarios de gran calidad. En comarcas como Betanzos, por ejemplo, el vino ha pasado de estar infravalorado a convertirse en un referente.
Existen programas de apoyo a emprendedores que evidencian que sí es posible crear proyectos viables y competitivos desde el territorio. Iniciativas impulsadas por gente joven, que recuperan tierras abandonadas y desarrollan productos innovadores con proyección internacional, muestran que el rural puede ser también sinónimo de modernidad y sostenibilidad.
Cambiar el relato: del rural resignado al rural con autoestima
Durante años, el discurso dominante presentó el rural como un espacio de carencias. Hoy ese relato empieza a transformarse. Sin negar los problemas estructurales, cada vez se habla más de oportunidades, de emprendimiento y de calidad de vida.
El reto pasa por simplificar la burocracia, coordinar mejor las administraciones y diseñar políticas adaptadas a cada territorio. También por reforzar la autoestima colectiva y poner en valor los recursos propios.
¿Ciudad o rural? Un debate sobre equilibrio territorial
No todas las personas desean abandonar la ciudad. Hay quien valora la cercanía a la oferta cultural, los servicios y el dinamismo urbano. Y esa opción es tan legítima como la de quienes apuestan por el rural.
El debate no debería plantearse como una confrontación entre ciudad y campo, sino como una cuestión de equilibrio territorial. El futuro de las ciudades también depende de un rural vivo que garantice producción alimentaria, gestión sostenible del territorio y cohesión social.
El rural gallego afronta desafíos importantes, empezando por la pérdida de población infantil en cientos de parroquias. Pero también dispone de activos, talento y potencial. Con inversión, compromiso institucional y escucha activa a quienes viven y trabajan en él, puede consolidarse como una alternativa real de bienestar y desarrollo.
Porque el rural no es solo pasado. Puede ser, si se hacen las cosas bien, una parte esencial del futuro de Galicia.




