La otra cara del Entroido
Ruido, suciedad y una ciudad bloqueada

La calle Valle-Inclán, a la altura de de la discoteca "Desorden", estaba así el domingo a las 9:30 de la mañana

El Entroido llena Ourense de color, disfraces y música. Pero, junto a la celebración, en los últimos años emerge una realidad menos amable que sufren muchos vecinos de la ciudad: noches sin descanso, calles convertidas en vertederos improvisados y una movilidad urbana completamente colapsada.
Discotecas abiertas hasta el amanecer
Durante la madrugada del domingo de Entroido, locales como "Desorden" mantuvieron sus puertas abiertas hasta las ocho de la mañana. Un horario excepcional amparado por una providencia del alcalde, Gonzalo Jácome, pese a tratarse de un establecimiento que funciona con una licencia de 1982 y cuya apertura ha sido cuestionada en numerosas ocasiones. Cuando un gobierno amplía horarios en una zona residencial sabe exactamente lo que está haciendo: está priorizando el ruido frente al descanso. Está eligiendo qué derecho pesa más.
Para los vecinos del entorno, la consecuencia fue inmediata: horas y horas de música a alto volumen, gritos en la calle y una imposibilidad total de conciliar el sueño. “No es solo una noche de fiesta, es una noche entera sin descanso”, lamentan residentes de la zona.
Calles cubiertas de basura
A las 9:30 de la mañana del domingo, la imagen del centro distaba mucho de la postal festiva. La calle Valle Inclán, a las puertas de la Discoteca Desorden presentaba el aspecto que muestra la fotografía que acompaña esta información: vasos de plástico, botellas, restos de comida y basura esparcida por la calzada, mientras los contenedores permanecían alineados a un lado de la vía. Una escena que se repite cada fin de semana desde la polémica reapertura de esta discoteca en octubre de 2025.
Seis horas de ciudad bloqueada
A la suciedad se sumaron los problemas de movilidad. El desfile del domingo de Entroido provocó el cierre total de buena parte del centro desde las 14:30 hasta las 20:30 horas. Durante ese tiempo, decenas de familias no pudieron acceder a los garajes de sus viviendas.
La situación generó escenas de impotencia. Sobre las ocho de la tarde, un matrimonio con un bebé se quejaba ante un agente de la Policía Local tras llevar desde las tres de la tarde intentando llegar a su casa. “No podemos entrar ni salir, llevamos horas dando vueltas”, explicaban.
Tradición frente a convivencia
El Entroido es una de las celebraciones más arraigadas y queridas de la ciudad. Pero la acumulación de quejas vecinales vuelve a abrir un debate recurrente: cómo compatibilizar la fiesta con el derecho al descanso, la limpieza y la movilidad de quienes viven en la ciudad.
El modelo de ciudad
El problema no es la fiesta. Es la jerarquía de prioridades. Cuando el descanso vecinal se convierte en daño colateral, cuando la planificación de limpieza es insuficiente, cuando los cortes de tráfico no contemplan soluciones para residentes, no estamos ante un fallo puntual. Estamos ante un modelo.




