La Ventana de Galicia
Sociedad

Ecoansiedad: el clima extremo hace mella en nuestra salud mental

El miedo y la angustia provocados por los efectos del cambio climático son cada vez más comunes, aunque los expertos creen que pueden ser un revulsivo para tomar conciencia ante el deterioro ambiental.

La profesora de la USC Cristina Gómez en La Ventana de Galicia

Santiago de Compostela

La profesora de Psicoloxía Social de la USC Cristina Gómez explica en La Ventana de Galicia cómo afrontar la ecoansiedad. Empieza señalando que que no se trata de un trastorno mental: “No es una patología, sino una reacción adaptativa ante un problema evidente”, señala. Según Gómez, la ecoansiedad todavía no es muy común entre la población gallega, aunque cada vez más personas perciben el cambio climático como un problema serio y cercano. “Durante años se habló de él como algo distante y abstracto, pero eso ha cambiado: ya estamos experimentando sus consecuencias de forma directa”, explica.

El pasado verano, uno de los más cálidos, y la sucesión de borrascas de las últimas semanas han contribuido a que la población tome conciencia de los efectos reales de la subida de las temperaturas.

Cuando la ansiedad impulsa a actuar

Gómez subraya que, aunque niveles muy elevados de ansiedad pueden generar parálisis, un grado moderado de preocupación puede ser funcional. “Las emociones no son positivas ni negativas; son adaptativas. El miedo o la ira también cumplen funciones importantes y pueden impulsarnos a actuar”, afirma.

Así, un nivel intermedio de ecoansiedad puede servir como “revulsivo”, motivando a la ciudadanía a tomar conciencia y a adoptar medidas para frenar el deterioro ambiental. Sin embargo, advierte de que una exposición continua a mensajes alarmistas sin ofrecer alternativas de acción puede generar indefensión. “Transmitir miedo sin acompañarlo de propuestas concretas dificulta que las personas sientan que pueden hacer algo”.

El papel de las redes sociales en la percepción de amenaza

Las redes sociales se han convertido en una de las principales vías por las que, sobre todo la gente joven, recibe información sobre el cambio climático. Estos canales tienden a amplificar mensajes negativos o sensacionalistas, lo que puede intensificar la sensación de amenaza constante.

“Es necesario equilibrar la comunicación: hay que reconocer el problema, pero también explicar cómo actuar”, sostiene Gómez. Para ello, considera fundamental reforzar la percepción de eficacia individual y colectiva. “Cada persona puede introducir pequeños cambios y, si muchas personas actúan, el impacto se multiplica”.

Adaptarse y actuar: las claves para reducir la ansiedad

Gómez concluye que el discurso debe orientarse hacia soluciones accesibles y concretas. “Tenemos una amenaza, pero también herramientas para responder. Si la gente siente que puede influir, esa ansiedad se transforma en acción”.