Alimentación infantil: cómo crear una relación saludable con la comida desde los primeros años
Claves para acompañar a los niños en la introducción de alimentos, evitar conflictos en la mesa y fomentar hábitos saludables desde la primera infancia

RUSS ROHDE

A Coruña
La alimentación infantil es uno de los temas que más preocupan a madres y padres, especialmente durante los primeros años de vida. Desde la lactancia hasta la introducción de alimentos sólidos, pasando por las temidas etapas de “mal comedor”, la relación de los niños con la comida puede generar dudas, angustia e incluso conflictos en casa.
¿Cómo fomentar hábitos saludables sin caer en la presión? ¿Es normal que rechacen ciertos alimentos? ¿Debemos prohibir los dulces por completo? Analizamos las claves para construir una relación sana con la comida en la infancia.
Lactancia y primeros meses: el inicio de la alimentación
Durante los primeros meses de vida, la alimentación se basa en la lactancia materna o fórmula, según la decisión o circunstancias de cada familia. Esta etapa puede resultar exigente por las tomas frecuentes y el cansancio acumulado, pero suele estar más guiada por las necesidades fisiológicas del bebé.
Sin embargo, es con la introducción de alimentos cuando aparecen muchas inquietudes.
Introducción de alimentos: paciencia y repetición
Uno de los momentos más delicados en la alimentación infantil es cuando el bebé comienza a probar nuevos sabores y texturas. Es habitual que surjan frases como:
- “Es mal comedor”.
- “No le gusta nada”.
- “Las comidas son una batalla”.
Pero es importante entender que cada niño tiene su propio ritmo. No todos los menores aceptan los alimentos a la primera, y eso no significa que no les gusten para siempre.
¿Cuántas veces hay que ofrecer un alimento?
Los expertos coinciden en que un niño puede necesitar probar un alimento muchas veces antes de aceptarlo. La primera reacción ante el calabacín, el brócoli o la lechuga puede ser de rechazo, pero eso no implica que debamos retirarlo definitivamente.
Eso sí, conviene hacerlo de forma progresiva:
- Introducir pequeñas cantidades.
- No llenar medio plato con un alimento nuevo.
- Presentarlo de forma atractiva y sin presión.
- La clave está en la constancia sin dramatismo.
¿Y si no le gusta una verdura?
No pasa nada. Igual que los adultos tenemos preferencias, los niños también desarrollan gustos propios. Si un niño rechaza los grelos, pero come brócoli, zanahoria, judías o calabacín, su alimentación sigue siendo equilibrada.
Lo importante es que exista variedad dentro de los grandes grupos de alimentos, no la obligatoriedad de consumir todos y cada uno de ellos.
Además, el paladar evoluciona. Muchos niños que rechazan la ensalada con dos o tres años pueden disfrutarla perfectamente en la preadolescencia. La exposición repetida y el paso del tiempo juegan a favor.
Cambios repentinos en el apetito infantil
Otra preocupación frecuente es cuando un niño que “comía fenomenal” deja de hacerlo de repente.
Antes de alarmarse, conviene tener en cuenta que:
- Los niños hacen más comidas al día que los adultos.
- Las cantidades que necesitan son menores de lo que solemos imaginar.
- Puede haber etapas de menor apetito relacionadas con el crecimiento.
Si existe una bajada drástica y mantenida del apetito, siempre es recomendable consultar con el pediatra. Pero en muchos casos se trata de fases normales del desarrollo.
¿Prohibir dulces y ultraprocesados?
Uno de los grandes debates en la alimentación infantil es si se deben prohibir totalmente los dulces y ultraprocesados.
La restricción absoluta puede generar aún más deseo. Los productos ultraprocesados están diseñados para resultar altamente apetecibles, por lo que convertirlos en algo prohibido puede aumentar su atractivo.
La recomendación más equilibrada suele ser:
- No ofrecerlos de forma habitual.
- No utilizarlos como premio por comer.
- Permitir un consumo ocasional (cumpleaños, celebraciones) sin dramatizar.
Utilizar la comida como recompensa puede generar una relación poco saludable, asociando el comer con una compensación emocional.
Somos su espejo: el ejemplo en casa
Los niños aprenden observando. Si en casa existe una mala relación con la comida, comentarios constantes sobre dietas o rechazo exagerado a ciertos alimentos, es probable que lo interioricen.
Predicar con el ejemplo implica:
- Comer en familia siempre que sea posible.
- Mostrar variedad en la dieta.
- Evitar conflictos en la mesa.
- Respetar las señales de hambre y saciedad.
Masticar es importante: más allá de la nutrición
En los últimos años, odontólogos y especialistas alertan de otro aspecto clave: la importancia de la masticación.
El exceso de alimentos blandos puede afectar al desarrollo de la musculatura facial y mandibular. Por eso, es recomendable:
- Ofrecer texturas variadas.
- Introducir alimentos que requieran masticación.
- Optar por pan tradicional frente a opciones excesivamente blandas.
La alimentación no solo influye en la nutrición, sino también en el desarrollo bucodental.
Cuando preocuparse: trastornos de la conducta alimentaria
Aunque en este artículo nos centramos en la infancia, es importante recordar que los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) pueden comenzar en edades tempranas, aunque son más frecuentes en la adolescencia.
Ante señales como rechazo extremo y persistente de alimentos, obsesión con el peso o cambios importantes en la conducta alimentaria, es fundamental consultar con profesionales sanitarios.
Conclusión: menos angustia y más acompañamiento
La alimentación en la infancia no debería convertirse en una guerra diaria. Cada niño tiene su ritmo, sus gustos y sus tiempos. La clave está en:
- Ofrecer variedad sin forzar.
- Evitar prohibiciones radicales.
- No usar la comida como premio o castigo.
- Ser ejemplo de una relación sana con la comida.
- Consultar al pediatra ante dudas reales.
Construir una relación saludable con la comida desde la infancia es una inversión en bienestar físico y emocional para toda la vida.




