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Cómo ver el eclipse solar de forma segura: guía práctica para no dañar la vista

El eclipse del próximo 12 de agosto será visible en buena parte de España

Curiociencia: ¿Cómo ver el eclipse?

Curiociencia: ¿Cómo ver el eclipse?

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A Coruña

El próximo 12 de agosto se producirá un eclipse solar visible en buena parte de España. Para muchas personas será una experiencia única, de esas que se recuerdan toda la vida. Pero junto a la expectación conviene repetir un mensaje esencial: mirar al sol sin protección puede causar daños permanentes en la vista.

Disfrutar del eclipse es posible, pero hacerlo con seguridad es imprescindible.

El riesgo real de mirar al sol

Existe una lesión conocida como retinopatía solar, provocada por la exposición directa a la radiación solar. Durante los eclipses aumentan los casos porque el fenómeno genera una falsa sensación de seguridad: como el sol está parcialmente cubierto, parece menos intenso, pero sigue siendo igual de peligroso para la retina.

El daño no siempre se nota en el momento. De hecho, puede aparecer días después en forma de mancha en el centro de la visión, pérdida de nitidez o incluso afectación permanente en un ojo. La lesión se produce porque la radiación quema los fotorreceptores, las células responsables de que podamos ver, y esas células no se regeneran.

Por eso la norma es clara: nunca se debe mirar al sol directamente sin protección homologada, ni siquiera durante un eclipse.

Las gafas adecuadas: qué son y dónde comprarlas

La forma más sencilla y segura de observar un eclipse es mediante gafas homologadas para observación solar. Son las típicas gafas de cartón con filtros oscuros que solo permiten ver el disco solar y dejan todo lo demás completamente negro.

Es importante subrayar que esos filtros no son papel de aluminio ni un plástico cualquiera. Incorporan materiales específicos capaces de bloquear la radiación dañina. No se pueden fabricar en casa ni improvisar con materiales domésticos.

Lo recomendable es adquirirlas en ópticas o tiendas especializadas en astronomía, donde se garantice que cumplen la normativa de seguridad. Su precio suele rondar los tres o cuatro euros, una cantidad mínima si se compara con la importancia de proteger la salud visual.

Durante las aproximadamente dos horas que dura el proceso completo del eclipse, las gafas se utilizan en momentos puntuales para observar cómo la Luna va cubriendo progresivamente el Sol. No es necesario tenerlas puestas de manera continua.

El momento especial de la totalidad

En un eclipse total hay un instante muy concreto en el que el Sol queda completamente cubierto. Ese momento apenas dura un minuto o minuto y medio. Es entonces cuando pueden retirarse las gafas y contemplar la corona solar y el oscurecimiento repentino del ambiente.

Pero hay que ser muy preciso: en cuanto reaparece el primer rayo de sol, las gafas deben volver a colocarse inmediatamente. Antes y después de la totalidad, la protección es obligatoria.

El error más peligroso: prismáticos y telescopios

Uno de los fallos más graves que se pueden cometer es utilizar prismáticos, telescopios o teleobjetivos fotográficos aunque se lleven las gafas puestas.

Estos instrumentos concentran la luz solar en un punto. Es el mismo principio que permite quemar un papel con una lupa. Si se usan sin filtros profesionales específicos, pueden dañar el filtro de las gafas y provocar una lesión instantánea en el ojo, en cuestión de décimas de segundo.

Las gafas homologadas están diseñadas únicamente para visión directa a simple vista. No sirven como filtro para aparatos ópticos.

Especial atención a los niños

Los menores son especialmente vulnerables durante un eclipse. La curiosidad puede llevarles a intentar mirar directamente al sol o a experimentar con prismáticos o cámaras.

La instrucción debe ser sencilla y clara: al sol no se mira directamente porque es peligroso. Y la supervisión constante es fundamental.

Una alternativa segura y educativa es la observación indirecta mediante una cámara oscura casera, hecha con una simple caja de cartón y un folio blanco. Este sistema proyecta la imagen del sol sin necesidad de mirarlo directamente y elimina cualquier riesgo.

¿Y si está nublado?

Aunque no se vea claramente el disco solar por culpa de las nubes o la niebla, el eclipse sigue produciéndose. Puede que no se aprecie la corona, pero sí se notará el descenso de la luz ambiental, el cambio de temperatura y esa sensación extraña de atardecer en pleno día.

Muchas personas se plantean desplazarse para buscar cielos más despejados. Sin embargo, en jornadas de eclipse se producen grandes movimientos y atascos, y el tiempo nunca está completamente garantizado en ningún lugar. Conviene valorar bien si el viaje compensa.

Un espectáculo que merece la pena… con responsabilidad

Un eclipse total es uno de los fenómenos naturales más impresionantes que pueden contemplarse sin salir del planeta. La experiencia de ver cómo el día se transforma brevemente en noche es difícil de olvidar.

Pero ningún espectáculo justifica poner en riesgo la vista. Con unas gafas homologadas, evitando instrumentos ópticos sin filtro y prestando especial atención a los más pequeños, el eclipse puede disfrutarse con total seguridad.

Porque lo importante no es solo ver este eclipse, sino seguir viendo muchos más.

 

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