Ocho de cada diez gallegos necesitan parar: el estrés, la comida rápida y la adicción al móvil, en el punto de mira
Un estudio de la Asociación Española de Psicología Sanitaria revela que el 76% de los gallegos se siente estresado, el 84% quiere más tiempo para conciliar y el uso compulsivo del móvil agrava la desconexión y el malestar diario

Fernando Pena, presidente de la Asociación Española de Psicología Sanitaria
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A Coruña
“Tengo que parar”. Es una frase que muchos gallegos han repetido en las últimas semanas. La sensación es compartida: todo va demasiado deprisa, siempre llegamos tarde y vivimos corriendo de una tarea a otra. Esta percepción no es solo subjetiva. Un reciente estudio de la Asociación Española de Psicología Sanitaria (AEPSIS) confirma que el estrés y la falta de tiempo se han convertido en un problema estructural en nuestra sociedad.
En esta entrevista hablamos con Fernando Pena, presidente de la Asociación Española de Psicología Sanitaria, sobre los datos de este informe y cómo el ritmo de vida actual está afectando a nuestra salud física, mental y social.
El estrés en Galicia: 8 de cada 10 personas necesitan parar
El estudio, elaborado a nivel nacional, ofrece datos específicos de Galicia que resultan contundentes. Ocho de cada diez gallegos afirman que necesitan parar y vivir con más calma, mientras que el 84% desea disponer de más tiempo para conciliar. Además, el 76% reconoce que se siente estresado y que, en muchas ocasiones, come lo primero que encuentra.
Según Fernando Pena, estos resultados reflejan una realidad cada vez más extendida. El nivel de estrés es demasiado elevado y no solo afecta a la salud psicológica, sino también a la salud física.
El estrés crónico impacta en distintos ámbitos del organismo. Está demostrado que puede afectar a la piel, a la calidad del cabello y al sistema digestivo. También influye en las relaciones sociales y, según diversos estudios científicos, incluso puede estar relacionado con el acortamiento de los telómeros, estructuras vinculadas al envejecimiento celular y a la longevidad.
Cómo afecta el estrés a nuestras relaciones y salud
Vivir bajo presión constante cambia nuestra forma de relacionarnos. Situaciones cotidianas pueden volverse tensas con mayor facilidad. Aumenta la irritabilidad, se levantan más discusiones y se deterioran tanto las relaciones familiares como las laborales.
Además de los efectos emocionales, el estrés incrementa los problemas digestivos, altera el sueño y genera un estado de alerta permanente que termina pasando factura. No es solo una sensación pasajera, sino un factor de riesgo para múltiples problemas de salud.
Comer en paralelo: un hábito cada vez más frecuente
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la forma en la que nos alimentamos. Cada vez es más habitual lo que en psicología se denomina “comer en paralelo”. Se trata de ingerir alimentos mientras se responde a correos electrónicos, se revisan redes sociales o se mantiene la vista fija en la pantalla del teléfono móvil.
Este hábito afecta tanto a nivel psicológico como físico. Al no prestar atención al acto de comer, se pierde la conexión con los sabores, con el momento y con las personas que comparten la mesa. El estudio señala que especialmente entre los jóvenes menores de 25 años existe una tendencia creciente a comer con el móvil delante, desconectados del entorno.
En contraste, las personas mayores de 55 años muestran con mayor frecuencia el hábito de desayunar y comer con calma, disfrutando de ese momento del día.
Cómo debería ser una comida saludable para el bienestar mental
Los expertos recomiendan que la comida no sea improvisada, sino planificada. Una alimentación que favorezca el bienestar psicológico debe realizarse sin pantallas y con atención plena al sabor, la textura y el entorno. También es positivo compartir ese espacio con otras personas y convertirlo en un momento de pausa real dentro de la jornada.
Este enfoque conecta con el mindfulness aplicado a la alimentación, que promueve una relación más consciente con la comida y ayuda a reducir el estrés acumulado.
Adicción al móvil: una dependencia silenciosa
Otro dato revelador del estudio es que el 90% de los gallegos volvería a casa si se deja el móvil olvidado. Este comportamiento plantea una cuestión clave: cuándo el uso excesivo del teléfono se convierte en adicción.
Uno de los principales síntomas de alerta es sentir ansiedad, nerviosismo o tensión cuando no se tiene el móvil cerca. Esta reacción se asemeja al síndrome de abstinencia que aparece en otras dependencias. Si la ausencia del dispositivo genera malestar significativo, estamos ante un posible problema.
Resulta paradójico que muchas personas reconozcan que cuando pasan un día sin móvil, por ejemplo durante unas vacaciones, se sienten más libres y relajadas. Sin embargo, en el día a día la dependencia es tan fuerte que volverían a buscarlo inmediatamente.
La desconexión emocional en la era digital
Aunque estamos más conectados que nunca gracias a la tecnología, el estudio concluye que vivimos cada vez más desconectados del mundo real. Desconectados de la comida, de las relaciones personales, del descanso y, en muchos casos, de nosotros mismos.
La adicción a las pantallas aumenta progresivamente, sobre todo entre los jóvenes, y la tendencia apunta a que seguirá creciendo si no se adoptan medidas de conciencia y autocuidado.
Parar no es un lujo, es una necesidad
Los datos reflejan una sensación generalizada: vivimos demasiado deprisa. Sin embargo, el verdadero desafío está en transformar la reflexión en acción. Reservar momentos diarios sin pantallas, planificar las comidas, establecer límites al uso del móvil y priorizar el descanso son pasos fundamentales para reducir el estrés.
Parar no significa dejar de ser productivos. Significa proteger nuestra salud física y mental a largo plazo. El mensaje es claro: necesitamos reconectar con la vida, con los demás y con nosotros mismos antes de que el ritmo actual termine pasándonos una factura más alta de la que imaginamos.




