¿Por qué produce tanta ternura el monito Punch? La respuesta está en tu estilo de apego
La psicología explica por qué en un momento en el que vemos guerras retransmitidas en directo podemos llegar a empatizar incluso más con un pequeño animal que con las víctimas
¿Por qué produce tanta ternura el monito Punch? La respuesta está en tu estilo de apego
Lugo
Pocos no se han enternecido con la historia del monito Punch, que fue rechazado por su madre y por el resto de la manada y ha encontrado su figura de apego más importante en un peluche que el regalaron los cuidadores del zoo japonés en el que nació. En parte, porque hay una parte importante de identificación con la historia: todos hemos tenido un peluche favorito en la infancia.
"Realmente un peluche puede cumplir varias funciones", explica la psicóloga Jennifer Souto. Por un lado, "proporciona seguridad porque es estable y está siempre disponible", y por otro, "nos ayuda a regular las emociones, tocamos algo suave y blando y ahí se reduce mucho nuestra activación fisiológica". Incluso se usan como herramienta terapéutica en casos de Asperger, por ejemplo.
Un peluche también "representa vínculos afectivos", porque "a veces simboliza una persona importante, como la que nos lo ha regalado o alguien que no está". En momentos de incertidumbre o soledad es "algo a lo que recurrir" porque "permanece", y además "nos retrotrae a una época por la que sentimos cariño como es la infancia".
Por estos motivos, en un momento en el que vemos en los telediarios imágenes de guerras como la de Irán o el genocidio en Palestina, podemos llegar a empatizar incluso más con un pequeño mono que con las víctimas humanas. "Punch en este caso es un personaje que evoca una mezcla muy particular de ternura, humor y caos", apunta Souto. Esta combinación "activa en nosotros respuestas emocionales muy básicas, del tipo de querer cuidarlo, protegerlo e incluso a veces nos suscita un poco la risa".
No solo eso, sino que se trata de un personaje en el que podemos proyectar partes nuestras que no mostramos, como "la torpeza o la impulsividad", pero también "la falta de afecto o el miedo a equivocarnos".
Los tres tipos de apegos
"El estilo de apego funciona como un mapa emocional que se forma en la infancia y que sin darnos cuenta vamos usando en nuestras relaciones adultas", explica la psicóloga. Hay varios tipos: el apego ansioso, que es el que identificamos en Punch, el evitativo, y el desorganizado.
El apego ansioso "es el de la persona que teme ser abandonada", que tiene la necesidad de buscar constantemente "señales de seguridad". Necesita "mensajes que pueden ser incluso insistentes" e incluso "reacciones intensas ante detalles menores".
Por otra parte, el apego evitativo es el que "desarrolla una sensación de que depender de los demás es arriesgado", por lo que esa persona "se protege mediante la distancia emocional". "Y después esta el apego desorganizado", concluye Jennifer Souto, "que es como si la persona quisiera conexión, pero no supiese sostenerla sin sentir peligro".
En todo caso, "no son defectos", sino "estrategias que vamos aprendiendo para sobrevivir emocionalmente", recuerda, y "no son rasgos fijos, sino que son patrones que se pueden transformar con experiencias nuevas".
Para tratar de manejar nuestras emociones y relaciones lo mejor posible es necesario, en primer lugar, tener "conciencia emocional", es decir, "identificar qué es lo que activa nuestras emociones y qué necesidades hay detrás de ellas". Además, hay que ser capaz de "regularse", lo que implica "tener la capacidad de calmarnos antes de actuar". El tercer pilar es la relación en sí: "Vincularnos con personas que nos ofrezcan una estabilidad y una coherencia, y que nos permiten recibir ese cuidado".